Escuchar este artículo

Ni un paso atrás

Viernes, 18 de Enero de 2019
Ningún colombiano puede permitir que el silencio de muchos fusiles sea reemplazado por el estruendo de la guerra. Y este atentado llega en un momento crucial. 

Sin miedo,con toda la determinación, con el Gobierno al frente o no, todos los colombianos estamos moralmente llamados a no ceder un milímetro ni en torno del proceso de paz ni en relación con el terror con el que se pretende impedir que nos reconstruyamos.

Desde luego, estamos lejos de sentir el dolor de las familias de los muertos y los heridos, pero nos solidarizamos con ellas y con el país entero, y rechazamos con toda energía el afán terrorista por imponer sus criterios con el terror, pero debemos declarar que sentimos muy de cerca el palpitar de corazones temerosos de que los viejos días de la muerte vuelvan a Colombia.

El atentado en la Escuela General Santander es una amenaza clara contra un proceso de paz que tiene tantos enemigos, que se intenta consolidar pese a las acciones opositoras de sectores importantes que pretenden el regreso a los gritos de dolor y de rabia de la guerra.

A este clima de depreciación de la paz contribuye la preocupación oficial por la realidad interna de otros países, por organizar foros internacionales innecesarios e inocuos, solo porque a veces se confunde el interés personal con el general de la Nación, antes que por mirar de manera detenida, serena y reflexiva, lo que ocurre en nuestra casa...

Da la impresión de que, después de seis meses, el Gobierno aún no hubiera asumido el control total del país, y en ello caben realidades como la del Catatumbo, donde hay 15.000 soldados desplegados, y allí los grupos subversivos derribaron un helicóptero que luego quemaron, secuestraron a tres tripulantes (cuya autoría se adjudicó el Eln), a la vez que se robaron una enorme suma de dinero que trasportaban.

Ningún colombiano puede permitir que lo ganado disminuya un ápice, que el silencio de muchos fusiles sea reemplazado por el estruendo de la guerra. Y este atentado llega en un momento crucial en el que está en juego la reanudación o no de los diálogos con el Eln.

Después de medio siglo de violencia, la experiencia con las Farc demostró que la negociación fue el único camino posible para que dejaran las armas y se acabaran los secuestros, asesinatos, atentados y demás hechos violentos que acabaron con la vida de miles de colombianos inocentes.

Pero es imposible pretender que el gobierno siga buscando negociar con un grupo que no ha demostrado, en ningún sentido -estando incluso abierta la puerta del diálogo- u voluntad de apartarse de la violencia: ante cada oportunidad de diálogo, responde con un secuestro o con un atentado, como quien quiere dar una bofetada.

En Colombia ya se demostró que sí es posible una salida a la violencia y al terror por la vía de la negociación política, el diálogo, los acuerdos bilaterales. Pero mientras la contraparte no esté dispuesta a claudicar con el secuestro, los atentados a la infraestructura y la extorsión, lo único que puede esperarse es la contundencia de la ley sobre sus miembros.

A los violentos, quienes intentan aplicar la reversa a nuestra realidad social y devolvernos a épocas caracterizadas por la supervivencia, por razón del terror y la violencia, hoy les decimos que no nos amedrentamos y que no permitiremos ni dudas ni vacilaciones en relación con la consolidación de la paz.