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Niños sin futuro

Martes, 8 de Marzo de 2022
Este es quizás uno de los síntomas más feroces del subdesarrollo.

El crecimiento de la pobreza en Cúcuta y su área metropolitana, sumado a la constante llegada de familias migrantes que buscan sobrevivir en este lado de la frontera, son dos factores que se consolidan como trasfondo de una problemática que, si bien no es nueva, viene en aumento: el trabajo infantil.

Este es quizás uno de los síntomas más feroces del subdesarrollo. Sus orígenes dejan al descubierto la cara más ruda de la desigualdad y de la pobreza que padecen millones de familias que no tienen otra alternativa que empujar a sus hijos e hijas al rebusque.

Un hecho sin precedentes en el mundo, desafortunadamente, llegó para sumarse a este problema que compromete a la sociedad del futuro: el cierre de los centros educativos por cuenta de la pandemia del coronavirus.

En lo corrido de este año, el Departamento Administrativo de Bienestar Social de Cúcuta, ha focalizado al menos a 150 niños  trabajando en la ciudad.

Zonas comerciales, plazas de mercado, semáforos, la  Terminal de Transporte y algunos sectores que concentran locales comerciales y gastronómicos como Caobos y El Malecón son los lugares en los cuales se ha detectado el mayor porcentaje de trabajo infantil en la ciudad.

Cuando un niño es encontrado ejerciendo el trabajo infantil, con el acompañamiento del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), se trabaja para reestablecer los derechos de los menores, se tratan de vincular al sistema educativo y de salud, y en algunos casos, se vincula a la familia del menor en programas y proyectos para generar empleo junto con otras entidades.

Pero ante la dimensión del problema, las capacidades de las instituciones son limitadas para atender a la cantidad de niños que hoy se dedican a trabar a temprana edad, en una zona de frontera donde los indicadores de empleo han sido siempre deficientes y donde la informalidad concentra casi el 70% de las opciones para emplearse, dejando a muchas familias en una situación de vulnerabilidad extrema.

Y es justamente allí, en el origen del problema -la pobreza-, en donde se deben concentrar las intervenciones del Estado y los esfuerzos de todos los sectores que, de una u otra manera, han tolerado y hasta se han beneficiado de la mano de obra de niños, niñas y adolescentes.

Según el informe Trabajo infantil: estimaciones mundiales 2020, tendencias y el camino a seguir, de Unicef, los avances para erradicar el trabajo infantil se han estancado por primera vez desde hace 20 años, y se ha invertido la tendencia a la baja que existía antes de la pandemia.

De acuerdo con los cálculos realizados en este informe, en el escenario poscovid, nueve millones de niños más corren el riesgo de verse abocados a la realización de trabajo infantil como consecuencia de la pandemia para finales de 2022.

Un modelo de simulación ha evidenciado que esa cifra podría aumentar a 46 millones en el caso de que no dispongan de cobertura de protección social esencial.

Así las cosas, la nueva realidad de los países subdesarrollados podría conllevar a que los niños trabajen en peores condiciones, al tiempo que muchos otros podrían verse obligados a realizar las peores formas de trabajo infantil debido a la necesidad de generar ingresos para sus familias.

Una sociedad que no es capaz de proteger a sus niños está condenada al fracaso. Y esto, llevado a zonas con múltiples crisis como la nuestra, impone unos retos mayores que requieren de toda la concentración del aparato social y del apoyo de organismos internacionales que tienen recursos y experiencia, para garantizar a nuestros niños un mejor futuro.

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