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No más disculpas

Sábado, 15 de Junio de 2019
Porque mientras haya narcotráfico, nada mejorará, y todo estará llamado a empeorar.

El procurador general, Fernando Carrillo, puso los puntos sobre las íes de la realidad del Catatumbo, al señalar que esta martirizada región “no admite más disculpas” en torno de la vorágine de violencia que silencia y devora a los líderes sociales. “El Estado ha sido insuficiente”, dijo con vehemencia.

Fue la respuesta de un alto funcionario realmente preocupado con la infame matanza de voceros de la comunidad, luego de que ellos le plantearon en Ocaña al presidente Iván Duque poner la mano en la región, pues “nos están matando sin razón”.

Duque estuvo en visita relámpago en Norte de Santander, pero alcanzó a decir que 56 por ciento de los crímenes contra defensores de derechos humanos y líderes sociales ocurridos en los últimos años está esclarecido, gracias al trabajo hecho por la fiscalía, y a rechazar la estigmatización a la que sectores de la sociedad someten a quienes asumen la defensa de los ciudadanos.

El Defensor del Pueblo, Carlos Negret, también reclamó del Estado que actúe para frenar la violencia, pues, al menos en el Catatumbo, a pesar de arbitrariedades que no señaló, los habitantes “no han perdido los sueños y esperan mejorar todas las condiciones de vida”.

El acto de Ocaña congregó a las dependencias del Estado que tienen que ver con la protección integral de las personas que asumen la vocería y la representación de sus comunidades, y de las que defienden el respeto por los derechos humanos, los derechos básicos de todas las personas, y que son objeto de persecución desde hace varios meses, por parte del crimen organizado, principalmente.

La muy grave polarización del país, por razón de las divergencias políticas, y el aprovechamiento de la situación por parte de algunos colectivos partidistas, para su beneficio, ha llevado a que en Colombia unos muertos sean más más importantes que otros, y que unos crímenes sean menos rechazados que los demás, y esta es, ni más ni menos, una de las peores aberraciones de una sociedad. Cuando el mismo crimen es visto con ojos diferentes, la sociedad está al borde de la hecatombe final.

A veces, esas diferencias se estimulan desde el mismo Estado, cuando altos funcionarios se refieren con términos desabridos a algunas personas que se oponen al pensamiento oficial, y se deshacen en elogios para quienes están de acuerdo. Esa manera de actuar crea matrices de opinión muy nocivas, para las que hay personas de primera y de segunda, y hasta de tercera clase, y de esa manera los tratan las organizaciones criminales.

El presidente Duque dijo también que el trabajo de proteger a los dirigentes de la comunidad implica también un compromiso de los gobiernos locales, pero no pareció tener en cuenta que muchos de esos líderes están, precisamente, en pueblos atrasados, sin recurso alguno, en donde no se tiene cómo solucionar necesidades fundamentales, como comida, salud y educación para los más necesitados de esos pobres, mucho menos para disponer de esquemas de seguridad para los líderes.

Y tampoco tuvo en cuenta que la mayoría de esos crímenes y la situación de violencia creciente tienen una fuente peligrosa: el narcotráfico, que le corresponde al Estado central enfrentar y derrotar.

Porque mientras haya narcotráfico, nada mejorará, y todo estará llamado a empeorar.

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