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¿Nuevo mal?

Martes, 15 de Septiembre de 2020
Contrabandear el combustible subsidiado que llega a Norte de Santander acarrearía escasez o el riesgo de que se elimine ese alivio.

“La gasolina colombiana es una salvación, de no ser por eso aquí nadie rodaría”, se leyó en un despacho enviado por la agencia AFP desde Venezuela. Detrás de la expresión de alivio expuesta por el ciudadano consultado, podría estar encerrado un problema que de crecer, podría ser contraproducente para la frontera.

Lógico. Contrabandear el combustible subsidiado que llega a departamentos como Norte de Santander, La Guajira y Arauca, acarrearía escasez o hasta el riesgo de que el Gobierno Nacional elimine ese alivio o que a fuerza de terminarse con anticipación el cupo los usuarios tengan que tanquear más caro.

Pero las colas y la espera para conseguir el hidrocarburo podrían surgir en la región, en la eventualidad de una desbocada salida de nuestra gasolina por las mismas trochas que en el pasado servían para traer desde el otro lado del Táchira las pimpinas con combustible venezolano para ser vendida en las calles de diversos municipios de Norte de Santander.

Y quienes antes se llevaban la gasolina más barata del mundo en caravanas clandestinas, como Marco, nombre ficticio para proteger la identidad, ahora hacen el recorrido al revés. “Los militares y policías nos informan el día que pueden dejarnos pasar”, relata este hombre que traficó con gasolina venezolana durante 10 años.

A esta situación debe de ponerle atención la Policía Fiscal y Aduanera y ser objeto de análisis por parte de las autoridades municipales y departamentales junto con los empresarios del sector, porque el cupo asignado por el Ministerio de Minas, equivalente a 10,5 millones de galones mensuales, debe de ser cuidado y evitar en lo posible que se fugue hacia el vecino país.

Lo mismo que ocurría de este lado, se dibuja en muchas localidades venezolanas: recipientes plásticos llenos de gasolina inundan las calles, pero allá en cartones escriben un número que indica el precio del “punto”, como se llaman los pimpineros venezolanos el equivalente a 20 litros de gasolina: 25, 28 o 30 dólares, dependiendo de la oferta y la demanda diarias.

La prevención en estos casos es la opción correcta para evitar que de un momento a otro se crezca y haga inmanejable un nuevo mal ocasionado por los graves problemas de abastecimiento de hidrocarburos que registra la vecina nación que otrora se jactara de ser la ‘Venezuela saudita’. Su producción ha pasado de 3,2 millones de barriles que producía diariamente hace dos años a 400.000 barriles en julio.

Incesantes son las noticias provenientes del vecino estado Táchira sobre los inconvenientes para conseguir gasolina en las estaciones de servicio, bien sea subsidiada o a precio internacional.

En definitiva, el complicado panorama económico, social y político venezolano al que se le suman las sanciones internacionales, viene llevando a una situación insostenible que en el caso de la industria petrolera muestra a sus grandes refinerías -con una capacidad para producir 1,3 millones de barriles de combustible por día- como gigantes decadentes.

El remate lo tiene un maracucho : “No pensé que nuestro país tendría que llegar a comprar gasolina colombiana de contrabando o importarla… Jamás pensé que caeríamos tan bajo”.