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Otra vez colapsados

Miércoles, 16 de Junio de 2021
Lo urgente es que las autoridades de salud refuercen la acción preventiva para que las personas que usan el transporte urbano, que van por la calle y que entran a establecimientos recuerden la obligación de utilizar el tapabocas.

Transcurridos quince meses de la pandemia del coronavirus, de nuevo en Norte de Santander y en la mayoría del país ocurren angustiosas situaciones como consecuencia del desbordamiento en la ocupación de las unidades de cuidados intensivos para atender a los pacientes con coronavirus.

Llegar al 95 % de las camas UCI con pacientes, es un desalentador indicador para una región como la nuestra en donde la mayoría de actividades se reabrieron, pero en la que la tercera ola de contagios parece incontenible.

El último dato del Instituto Nacional de Salud reseña en territorio nortesantandereano la cantidad de 323 casos positivos y de 20 fallecidos en un solo día, que demuestra cómo estamos cruzando de nuevo por un periodo de alto riesgo, con un sistema hospitalario que ya no da más.

Hemos visto en las últimas semanas como la situación sanitaria se ha vuelto crítica en Chinácota, municipio al que llegan cientos de cucuteños los fines de semana y puentes festivos, donde otra vez  podría llegarse a un cierre  de sus accesos para tratar de contener la propagación del virus que no tiene señas de querer irse.

Los municipios de la provincia de Pamplona al igual que Ocaña hacen parte de otros territorios  muy golpeados por la COVID-19 y que necesitan la urgente ayuda del Gobierno Nacional para la ampliación de la capacidad de atención a los pacientes que registran graves síntomas.

Y ahora Cúcuta entró a ese abanico al solo restar apenas un cinco por ciento de la capacidad instalada de atención en las UCI del departamento, lo cual significa en la práctica que de continuar la aceleración de los contagios, lamentablemente los casos de fallecimientos van a seguir creciendo porque no habría alternativa de intentar una atención adecuada para los infectados.

Lo que está sucediendo en esta parte del país se enmarca dentro de la grave crisis advertida por la llamada Alianza por la Salud y la Vida, que integran más de 150 organizaciones médicas  y científicas en Colombia, sintetizada en dos lamentables hechos:

-Colombia se mantiene entre las 10 naciones más afectadas del mundo mostrando una tendencia que crece, pero que no mide el dolor y sufrimiento de las familias que han perdido sus seres queridos.

-Continúa la sobreocupación invariable y sin solución  de las unidades de urgencia en el país, limitando la capacidad de respuesta ante un evento de múltiples víctimas, mientras en el talento humano se aumenta el agotamiento, la ansiedad, la depresión y el estrés físico, emocional y mental.

Y lo triste es que el panorama no tiende a mejorar pues todavía faltan por verse los efectos reales de las concentraciones del paro nacional (cuyo comité por fortuna –aunque tardíamente- le puso pausa a las movilizaciones) y ahora las congestiones y aglomeraciones descontroladas que alimentan la enfermedad.

Al ritmo que vamos, con una semana en que se presentaron 2.900 casos nuevos, lo urgente es que las autoridades de salud con el apoyo de la Policía, por ejemplo, refuercen la acción preventiva para que las personas que usan el transporte urbano, que van por la calle y que entran a establecimientos comerciales y bancarios, recuerden la obligación de utilizar el tapabocas.

También que se insista en el distanciamiento físico, el respeto de aforos, el lavado de manos y, de ser necesario, quede descartada por el momento la alternancia en los colegios y escuelas oficiales porque estamos en pico de alto contagio que podría verse disparado en el evento que esta  medida se ponga en marcha.
 

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