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¿País de inmigrantes?

Domingo, 25 de Marzo de 2018
Cúcuta, Bucaramanga, Bogotá y Cali, reciben cada día en algunos casos miles de venezolanos. 

La mayoría de los países ha tenido alguna vez en su historia, cuando no ha sido permanente, la vocación de abrir sus puertas a los extranjeros. Colombia, por su parte, ha sido, al menos en esta parte del mundo, uno de los pocos que, además de no ser atractivo para los inmigrantes, ha mantenido sus puertas bajo tres llaves.

O las había tenido así, con recelo, con el viejo temor por lo nuevo y por todo lo diferente, con la equivocada percepción de que lo foráneo nos puede afectar… Y, en realidad, la inmigración impacta: vienen nuevas formas de pensar, de actuar, de vivir la vida; nuevas culturas, nuevos conocimientos, en síntesis, nueva gente que, se quiera o no, genera cambios, a veces muy profundos, en el país que recibe.

Esta es una causa de esa cierta aversión a que vengan fuereños a convivir con nosotros…

Pero, por varias razones y sin que se trate, como en otras partes, de una política de Estado orientada a traer extranjeros, este es ahora un país atractivo para estadounidenses y europeos viejos y jubilados, y obligado para venezolanos de todas las condiciones, y un Estado allanado a que todos vengan y se integren.

Al decir antioqueño, por las condiciones tanto climáticas como de bienestar que ofrecen Medellín y sus alrededores, esa zona ‘se está llenando’ de extranjeros, en su mayoría retirados de Estados Unidos y Canadá, que llegan con el ánimo de quedarse a vivir sus últimos años.

El Triángulo del Café es preferido por europeos, atraídos por el grano y toda la cultura en torno suyo, por el clima benigno, las facilidades de comunicación y el espíritu emprendedor de sus gentes. Y Santa Marta recibe a norteamericanos y europeos fascinados por vivir en un lugar donde las nieves perpetuas gotean sobre las playas quemantes del Caribe.

Y Cúcuta, Bucaramanga, Bogotá y Cali, reciben cada día en algunos casos miles de venezolanos que vienen porque no tienen a dónde más ir para alejarse de la agobiadora realidad de su país. Llegan solo con la ropa que tienen puesta y con sus costumbres y ni siquiera se les recibe: simplemente llegan y se acomodan como y donde pueden.

En el caso de los venezolanos, ya hay un impacto inicial, no muy positivo, desde luego, pero notorio: su presencia, que en tiempos de normalidad pasaba por lo menos desapercibida, hoy es incluso factor de inquietud social.

Pero, a despecho de quienes consideran que algunos problemas nuevos son la consecuencia de admitir a los venezolanos, la realidad es que seguirán llegando e impactando en todos los campos sociales. 

Es la consecuencia natural de procesos como este en los que las culturas de intercambian elementos hasta hacerse una.

Desde luego, el proceso de paz con las Farc ha estimulado la inmigración, y también el hecho de tener una economía estable, siempre en ascenso, algo que, a su vez, garantiza desarrollo y bienestar.

No se puede decir que, al paso que va, Colombia será, en un futuro mediato, un país de inmigrantes. Pero sí es posible afirmar que cada día hay más extranjeros que deciden establecerse entre nosotros. Y esa situación novedosa es positiva. Sin duda.