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Palos en la rueda

Jueves, 14 de Junio de 2018
Norte de Santander siempre se ha quejado del centralismo y en este asunto de la Universidad del Catatumbo, se está copiando al pie de la letra.

Tan bien que parecía ir el proyecto de la Universidad del Catatumbo, con los sectores sociales coincidentes en que El Tarra fuera su sede, y hace dos días cayó agua fría cuando se dijo que casi está decidido que sea Convención. En verdad, se habían tardado en atravesarle palos a la rueda… 

Es el espíritu centralista que sigue saliendo por los poros de los burócratas y de quienes administran el poder conferido por el pueblo que, en últimas, es el que decide. Y en este caso también debe decidir.

El Tarra es el lugar ideal, por cuanto es el corazón del Catatumbo, el lugar más equidistante de todos, y donde una universidad como la proyectada jalonará todo el progreso que le ha faltado a la región en toda su historia.

Llevar la universidad a Convención, no porque no lo merezca, es darle al que tiene, y continuar llevando a la práctica esa política que se quiere erradicar, de marginar al que nada tiene, para que siga teniendo menos.

¿Que en Convención hay alguna sede educativa vacía? Pues que la ocupen, pero que le den a El Tarra, Hacarí, San Calixto, Tibú y tantas comunidades abandonadas, la oportunidad de tener cerca una universidad y ser foco de progreso.

La zona de Convención-Ocaña está más que servida, con al menos cinco universidades y otros centros de educación superior. ¿Por qué darle más, cuando en el Catatumbo profundo, donde se necesita de todo, hay decenas de miles de personas que van a seguir marginadas de la posibilidad de estudiar?

¿Qué El Tarra nada tiene para ofrecer? Pues, precisamente, esa es la razón para insistir en que la universidad esté allí, porque obligaría a todos los organismos comprometidos en el proyecto, comenzando por la Gobernación, a darle a la región lo que necesita. Estamos seguros de que los tarrenses harán lo que sea, para estar a la altura del compromiso.

Norte de Santander siempre se ha quejado del centralismo de Bogotá, y en este asunto de la Universidad del Catatumbo, se está copiando, al pie de la letra, ese método repudiable, con decisiones que no se compadecen con la realidad.

Si al que nada tiene se le impide tener, cada vez estará más lejos de los demás, y en el caso de El Tarra, hay que permitirle salir del atraso secular a toda la zona de su influencia, que es, en realidad, la más necesitada del Catatumbo y, por lo mismo, del departamento.

Las gentes se han inclinado por El Tarra, incluido el gobernador William Villamizar, cuando anunció la universidad, y las gentes se ilusionaron. En esta oportunidad, de él más que nadie se espera que honre su palabra.

El pueblo es el que decide, aunque contradiga el querer de los burócratas, acostumbrados a satisfacer primero su interés particular, su comodidad, su confort, antes que permitirles a los marginados un poco de lo que se les ha negado. Y al corazón del Catatumbo se le ha negado todo, y, si todo sigue como parece, se le seguirá negando.

Se habla de la comodidad de los docentes y administrativos, y si esa es razón, lo mejor es que comiencen a pensar en otro tipo de personas, más comprometidas con lo que se deben comprometer: el servicio para quienes nunca han podido disfrutar de la presencia del Estado, y que en el Catatumbo se pretende, desde la academia, que siga siendo letra muerta.

Por ahí no es la cosa, no señores.