Parques con rejas

Miércoles, 24 de Febrero de 2021
Se supone entonces que no tendría por qué haber preocupación de que los ladrones o los vendedores de droga se hayan trasteado tranquilamente para un lugar vecino a continuar haciendo de las suyas.

Debemos recordar que antaño, en 1890 por orden del Concejo de Cúcuta se hizo  el encerramiento del parque Santander con una verja importada de Alemania que tenía ocho puertas.

El propósito era “resguardarlo contra la invasión de elementos indeseables, especialmente las bestias de monta y sus respectivos jinetes, que en años anteriores solían allí aparcarse”, como lo recuerdan los historiadores.

Ese es un antecedente que sirve para mostrar como en los distintos tiempos, la famosa invasión del espacio público ha existido y los problemas de diferente índole en estas plazas  de la ciudad han abundado de diferentes maneras.

Y dicho contexto nos conduce a la más reciente determinación gubernamental del cerco montado con vallas de la Policía en los parques Mercedes Ábrego, Lineal y Antonia Santos para sacar de allí a la delincuencia en sus diversas modalidades, el microtráfico, el consumo de sustancias psicoactivas y la prostitución.

Es lógico que surjan toda suerte de inquietudes y de evaluaciones a este procedimiento: Que esos males se van a propagar hacia otros lugares. Que era importante hacerlo. Que la libertad de movimiento no se puede coartar, etcétera, etcétera, son las discusiones en torno a la medida.

Se supone que el encerramiento temporal de estos tres sitios neurálgicos del centro de Cúcuta hace parte de un todo, es decir, de una gran estrategia  que a su vez es un componente de la tan anhelada política pública de seguridad ciudadana, tanto desde el punto de vista de la operatividad  policiaca como en la ejecutoria de acciones de convivencia, educación, inversión social y mejoramiento de los entornos por parte de la Alcaldía.

Se supone entonces que no tendría por qué haber preocupación de que los ladrones o los vendedores de droga se hayan trasteado tranquilamente para un lugar vecino a continuar haciendo de las suyas.

Es decir, la Policía y la Fiscalía deben estar desarrollando las acciones de vigilancia, registro, control, investigación y captura  en los lugares cercanos y en los puntos hacia los que estas personas pudieron haber huido y así tratar de impedir que todo el esfuerzo se pierda, porque la ‘enfermedad’ simplemente saltó para concentrarse en otra parte.

Como en dichos parques había prostitutas que al ver cerrado su lugar para el contacto con los clientes, lógicamente debieron irse a otra parte, ahí es donde debe de aparecer la institucionalidad municipal, departamental y nacional con sus planes para conjurar el problema.

La resocialización de estas personas, apoyarlas con emprendimientos, vincularlas a planes del Banco del Progreso y de Familias en Acción, garantizarles el bienestar y la educación gratuita de sus hijos,  permitirles el acceso al Sena y a la posibilidad de formarse para el trabajo, es una alternativa, para sacarlas del mundo de la explotación sexual.

Y como este mundo urbanizado ha ido perdiendo lugares para el descanso y esparcimiento, es el momento para que el teatro, la danza, el deporte, la lúdica, la pintura y la lectura se vayan a vivir a los parques Mercedes Ábrego, Antonia Santos y Lineal, sirviendo así de una especie de plan piloto dentro de la construcción de ese cucuteño cívico y comprometido con su ciudad y a quien le duele lo que ocurre más allá de la puerta de su casa.