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¿Peor que la enfermedad?

Martes, 24 de Mayo de 2022
Eso deberá aclararlo muy bien la Secretaría de Tránsito Municipal que no ha hecho lo suficiente para impedir que espaciosos andenes terminen convertidos en parqueaderos de carros y motocicletas, en varios puntos de Cúcuta.

Vimos una fotografía en estos días que mostraba una gran franja pintada de amarillo en la glorieta de Los Panches, en cuya leyenda se explicaba que ese espacio se ha dejado reservado para la futura ampliación del andén.

La misma gráfica mostraba, a un lado varias motocicletas estacionadas sobre el pequeño sendero peatonal que hay allí. Y entonces el ciudadano pregunta: ¿la anunciada ampliación no la disfrutará el transeúnte sino los dueños de motos que contarán con más espacio para estacionarlas?

Eso deberá aclararlo muy bien la Secretaría de Tránsito Municipal que no ha hecho lo suficiente para impedir que espaciosos andenes terminen convertidos en parqueaderos de carros y motocicletas, en varios puntos de la ciudad.

Aquí -como se comprueba con un simple recorrido por esos lugares- se está cayendo en una evidente contradicción dentro de este plan mediante el cual se buscaría favorecer a los peatones. 

Y siguiendo con la misma fotografía, ahí se nota que se habilitó la ciclorruta permanente, recortando en prácticamente dos carriles el espacio para la movilidad de los vehículos (llámase busetas, taxis, automóviles y motocicletas).

Si no más ahí, que es un lugar donde llega el tráfico proveniente de El Malecón y que va con rumbo a la Silla Coja y hacia la avenida Demetrio Mendoza, la pregunta no respondida por los expertos que han diseñado  esta estrategia de la pirámide invertida de movilidad es: ¿cómo romperán el cuello de botella en el tráfico automotor que se empezó a formar en ese lugar, con inmensas congestiones y dificultades para la movilidad?

Y de ahí se deriva un inmenso interrogante para el cual no se necesita ser especialista, sino que surge de la mera experiencia diaria que nos muestra una ciudad que se tranca a cualquier hora, como consecuencia del indudable crecimiento del parque automotor.

La sola mancha amarilla, o sea los taxis, nos tienen ahí más de 8.000 vehículos, aparte de los miles de vehículos particulares y de las también miles de motocicletas, que  aumentan cada vez más.

Entonces, ¿qué van a hacer con toda esa inmensa cantidad de automotores que ya no caben en una de por sí deteriorada malla vial que se ha quedado pequeña para garantizarles a los habitantes de Cúcuta una adecuado tránsito?

No se conoce, al menos públicamente, un plan de  carácter urbano  en ese sentido pues  tampoco ni desde Planeación Municipal o el Área Metropolitana, que manejan esas acciones, se ha dicho nada al respecto de darle a la capital nortesantandereana una extensión o la apertura de nuevas rutas conectoras o que ayuden a descongestionar las actuales.

Ya que están quitándole carriles a las calles existentes,  debería también algún grupo de pensadores y estrategas de ciudad sentarse a  definir ese plan de ampliación de la malla utilizando las herramientas  de planeación urbanística requeridas para ello. Además, existen inquietudes no aclaradas sobre la razón real para transformar las cebras en unos caminos con bloques de arcilla que hoy empiezan a mostrar problemas y qué decir de esos reductores de velocidad pequeños en concreto que ni se ven o de los cruces tan complicados como el de la avenida cuarta con novena en el parque Nacional, producto de la pirámide invertida de movilidad.

¿Peor que la enfermedad? Esa es una duda razonable que cada día inquieta más tanto a los transeúntes que dizque son los potenciales favorecidos con este plan  y a los conductores de carros y motos que están viendo una mayúscula complicación para recorrer la ciudad no solo en el centro sino por  las rutas que los llevan a sus hogares, sitios de estudio y al trabajo.

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