Escuchar este artículo

Perro que ladra...

Jueves, 12 de Julio de 2018
¿Estará el gobierno de Caracas seguro de que el pueblo se lanzará a una guerra del tipo que Colombia ha soportado durante 60 años?

El diputado venezolano Pedro Carreño quizás no ha dormido en las últimas noches. Debe estar emocionado del tremendo susto que nos dio a los 50 millones de colombianos cuando nos amenazó con todo el aparato militar venezolano.

Sería una acción demoledora. Con sus 23 aviones Sukhoi (SU-30MK2) rusos, las tropas venezolanas borrarán en cuestión de segundos los siete puentes que cruzan el río Magdalena y sin los cuales Colombia quedaría partida en dos. Fue lo que dijo el diputado bolivariano y revolucionario a la televisión de su país.

Después de bombardear los puentes, el frente de guerra quedaría establecido en territorio colombiano, donde Venezuela desataría la devastadora guerra popular prolongada que prepara desde hace varios años para borrar a Colombia el mapa.

Todo lo que dijo sería una especie de apocalipsis, nuestro apocalipsis, si no fuera porque el diputado anda con el plan de guerra escrito en un papel doblado que lleva en el bolsillo de la chaqueta.

Estaba el diputado tan convencido de lo que decía, que el entrevistador, muy conocido por divulgar con frecuencia supuestos planes secretos similares y acusar a Colombia de pretender anexarse a Venezuela, lo miraba atónito e incrédulo.

Además de la acción aérea, el secretísimo plan venezolano incluye acciones masivas arrasadoras con cuanto fierro bélico les han dado rusos, chinos y otros, a cambio de su mar de petróleo.

Desde luego, todo ese infierno nos caerá a los colombianos si Donald Trump se decide, en un momento de locura extrema, a invadir militarmente a Venezuela. De esa única condición depende nuestra supervivencia como Estado y como Nación.

En cambio, para dar un paso militar, Venezuela tendrá que llenar muchos requisitos, imposibles por ahora en sus condiciones sociales, políticas y económicas.

Los ejércitos podrán estar magníficamente dotados de equipos, pero, hasta hoy, ningún ejército ha podido superar su necesidad de combatientes. Y Venezuela no los tiene. Quizás tenga en sus filas gente uniformada, pero es gente a la que, por razones de seguridad básica, el gobierno de Nicolás Maduro no les da municiones, porque, instintivo, teme que sea como poner el cuello en la guillotina.

Sonriente, quizás porque no comprende el concepto, el político explicaba ante las cámaras que la invasión venezolana a Colombia derivará en una guerra popular prolongada. Significa esto que todo el pueblo venezolano se enfrascará en asumir durante largo tiempo todas las formas de lucha, armada y no armada, hasta acabar con Colombia.

En teoría, todo es posible. Pero, en la práctica, ¿estará el gobierno de Caracas seguro de que el pueblo se lanzará a una guerra del tipo que Colombia ha soportado durante 60 años?

Quizás confía en el pueblo. Pero, ¿en cuáles venezolanos? ¿Los que están en Chile, en Perú, en Ecuador, en Colombia, huyendo de Venezuela y de su gobierno?

El caso de ese diputado hace recordar las palabras de una abuela ante los delirios de su nieto: hijo, ve a comer, porque estás hablando de hambres atrasadas. Y en el caso del político y de muchos venezolanos, eso es literalmente cierto.

Definitivamente el hambre hace decir muchas tonterías…