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Pésimo mensaje

Martes, 20 de Agosto de 2019
Un llamado también a quienes aspiran a cargos de elección popular para que sean concordantes con lo que dicen, piensan y actúan.

¿Si así es de candidato cómo será si sale elegido?, es la primera lectura que los habitantes de Cúcuta le dan al caso de la valla política arboricida que había sido instalada en el sector de El Mirador, en la subida a la ciudadela Juan Atalaya, que para hacer visible al candidato al Concejo que promocionaba, eliminó del paisaje dos frondosos árboles, que cumplían una mejor misión que la contaminante propaganda electoral. 

Entre líneas, lo que allí se le envía al ciudadano es el pésimo mensaje de que todo vale a cambio de buscar el objetivo final. Nadie es dueño de la ciudad, pues este terruño pertenece a todos, luego así sean apadrinados por los más poderosos barones electorales y sus maquinarias, esto no les da “patente de corso” para actuar como si Cúcuta fuera su hacienda. Están equivocados tanto ellos como quienes así piensen y actúen.

Ya por ahí se expuso la excusa de que los árboles fueron talados porque los vientos los habían debilitado y podrían caer en la vía. En atención a ese planteamiento vale también la siguiente consideración: ¿en qué cabeza cabe poner unas estructuras metálicas, una lona y un letrero político para reemplazar a dos especies vegetales?.

Aquella valla no produce frutos ni sombra ni raíces ni ayuda a combatir el dióxido de carbono. Si hubiera sido una valla, pues vaya y venga, pero no es posible que un elemento publicitario de carácter electorero resulte siendo más importante, motivador y gratificante que un árbol. Sin duda que tanto el aspirante de marras, la colectividad de la que hace parte, como sus patrocinadores y el jefe político que lo quiere poner en una de las bancas del Concejo de Cúcuta, deberían estudiar, analizar y evaluar la literatura científica sobre el cambio climático.

¿O será que no creen en eso? y todo lo atribuyen a teorías conspirativas… Pues, así sea lo uno o lo otro, el mal mensaje ya fue enviado y no se sabe qué respuesta tendrá quien actuó de esa manera, por parte de sus electores. Podríamos anticipar que no ocurrirá nada y que saldrán a votar por él, ya que tendrá los argumentos prefabricados para argumentar que todo se trata de ataques de la oposición.

Pero las que sí deben actuar sin contemplación de ninguna naturaleza son las autoridades municipales y ambientales, para que en esta temporada electoral que se encuentra en pleno furor, los partidos, los candidatos y los promotores respeten las normas sobre la publicidad política callejera para que no se convierta en elemento contaminador visual y auditivo.

Se debe evitar, a toda costa,  la desbordada localización de vallas, murales, pendones, pasacalles, afiches y carteles, que como si fuera una competencia, de la noche a la mañana comienzan a aparecer en todos los rincones de municipios y veredas, llenos de promesas, de números, de fotos y de nombres, en una real mezcolanza electorera.

Un llamado también a quienes aspiran a cargos de elección popular para que sean concordantes con lo que dicen, piensan y actúan. No hacerlo es ya una práctica antidemocrática. Y, ojo, recuerden, los árboles son vida, las vallas son desperdicio. Voten por la vida.