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¿Por fin, la hora del agua?

Sábado, 11 de Noviembre de 2017
En verdad, ni siquiera el derrame de 2007 debió ocurrir. 

No se sabe con exactitud cuántos barriles de petróleo crudo se ha bebido el río Pamplonita. 

Dos derrames, en junio de 2007 y en diciembre de 2011, son cuota increíble de pago de la naturaleza y de los cucuteños al progreso sin controles.

En verdad, ni siquiera el derrame de 2007 debió ocurrir. 

Pero, acostumbrados como estamos a hacer las cosas en medio de gran irresponsabilidad, instalamos el tubo del oleoducto donde y como nos parece, no donde y como debe ser.

Pero, el asunto de hoy es parte de las consecuencias de esa ligereza nuestra para avanzar: el elusivo e incierto Acueducto Metropolitano, que por fin parece tener luz verde, luego de los recientes compromisos de Ecopetrol, la Gobernación de Norte de Santander y el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, para garantizar que hay, que realmente están listos, que no se perderán los 401.900 millones de pesos que se necesitan para darles agua potable a los habitantes de Cúcuta, Los Patios y Villa del Rosario por un buen tiempo.

Pero, ¿por qué hasta ahora parece hacerse realidad el proyecto? 

Porque, en nuestra región, el agua potable no tiene el interés prioritario que tienen los intereses partidistas; ese objetivo de la política de garantizar la felicidad de la gente, nunca ha salido de las letras de molde de los enunciados teóricos.

Además, eternos debates en relación con si debiera ser un acueducto para los tres municipios o solo para Cúcuta; sobre si el agua llegará a los hogares por acción de la gravedad o mediante costoso bombeo; en torno de si el caudal de los ríos será siempre suficiente o no, e incluso sobre si no es mejor la represa Cínera que el proyecto de Ecopetrol, vienen dilatando el comienzo de las obras.

El compromiso financiero no despeja, sin embargo, grandes dudas que tiene la comunidad en torno de las tarifas. 

Porque unas son las derivadas del agua que llega por gravedad, y otras, mucho más altas, las generadas por el consumo eléctrico para bombearla. 

Hay dudas también en torno de si lo que se materializará será un sistema de mitigación ocasional y no un acueducto con todas las de la ley.

Un poco de claridad sobre estos y otros aspectos no sobra. 

Por el contrario, hace mucha falta, para una comunidad que merece estar enterada en detalles de la manera como le van a solucionar el problema del agua potable, algo que se creyó sería compensación de Ecopetrol por los daños al ecosistema, pero que en realidad es un proyecto financiado por todos los nortesantandereanos.

El hecho concreto es que ya está el dinero. 

La experiencia y la lógica indican que, si se deja pasar el tiempo, los sobrecostos comenzarán a crecer, y no faltará entonces quien se frote las manos de regusto.

Resta decir, como algunos manifestantes: “queremos agua potable ya”. 

Es la hora. Pero, insistimos, es oportuno, es necesario, es imperativo que hasta al último habitante le expliquen, con claridad meridiana, qué se va a construir, cómo y, muy especialmente, durante cuánto tiempo.

Es que, como reza el tango: “Se dicen tantas cosas…”

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