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Que el buen ejemplo siga

Miércoles, 13 de Enero de 2016
La reciente elección del Concejo de Cúcuta no representó una verdadera renovación política.

Sin embargo, los últimos debates que se han dado allí, permiten contemplar la posibilidad de contar con un concejo que por primera vez en años, empieza a apartarse de las prácticas de sus antecesores.

La reciente elección del Concejo de Cúcuta no representó una verdadera renovación política. Buena parte de los miembros que llegaron a ocupar una curul ya habían tenido historia en esa corporación, marcada por una imagen desfavorable creciente y por una desconfianza notoria de la ciudadanía.

A pesar de las buenas intenciones de algunos nuevos concejales, las expectativas no eran altas respecto a la labor que adelantarían en favor de los asuntos estratégicos de los cucuteños.

Sin embargo, los últimos debates que se han dado allí, permiten contemplar la posibilidad de contar con un concejo que por primera vez en años, empieza a apartarse de las prácticas de sus antecesores. En el polémico asunto de la elección de Contralor y Personero, oscurecido por las denuncias de favorecimientos y de concursos dirigidos, sorpresivamente el Concejo actuó de la manera más correcta posible, al declarar desiertos los procesos de elección para estos dos cargos.

El concurso de méritos que se abrió para elegir a los finalistas para aspirar a estos importantes cargos empezó con pie izquierdo cuando el Concejo anterior revirtió la decisión tomada por la plenaria y facultó a la junta directiva para ello, quienes decidieron cambiar las reglas sugeridas, escogiendo a la Corporación Unificada Nacional de Educación Superior –Cun–, una entidad que no cuenta con facultad de derecho, para elegir a quienes finalmente aspirarían al cargo. Además de la duda que generó la capacidad de una universidad sin expertos en derecho para elegir a un buen abogado para convertirse en personero, las dudas se acrecentaron cuando se conocieron los vínculos que tiene la Cun con el empresario Victor Carrillo, principal financiador de la campaña del excandidato Jorge Acevedo a la alcaldía de Cúcuta.

Que la esposa de Acevedo y su mejor amiga, a la vez compañera de tesis, ambas ingenieras de producción agrícola, hubieran quedado como finalistas del concurso realizado por la Cun para el cargo de contralor, dejaba muchas sospechas en el aire. A esto se suma el hecho, por decir lo menos, curioso, de que el exjefe de debate de la campaña de Acevedo fue quien, según dicha entidad, obtuvo el mejor puntaje para el cargo de personero.

Ante todos estos indicios, el Concejo escogió el camino más sabio. Declaró desierto el proceso y decidió tomarse un tiempo para abrir una convocatoria para estos cargos, que será analizada por la misma corporación.

Este nuevo proceso que está a punto de iniciar, debe manejarse de forma transparente; el paso en firme que ya dio un grupo de concejales, no puede empañarse ahora con una elección sin méritos. La labor de veeduría que realizarán el contralor y el personero son trascendentales para controlar lo público, y elegir a los candidatos con las mejores facultades es ahora responsabilidad de Concejo.

Como dicen popularmente, que no borren con el codo lo que han hecho con la mano. De la actuación que tengan en esta evaluación para elegir contralor y personero, dependerá en buena medida que la confianza de la ciudadanía regrese y que el Concejo empiece a recuperar el buen nombre y la credibilidad que perdió hace ya un buen tiempo.

Si su objetivo es convertirse en una entidad que no comulga con las prácticas clientelistas y que combate la corrupción, va por buen camino. Ojalá que su actuar sea firme y consecuente con una ciudad que hoy, más que nunca, necesita de su veeduría, de su rectitud y de su trabajo comprometido.