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Editorial
¿Qué pasa en la Cámara?
La Cámara de Comercio anda dividida entre los que defienden a Héctor Santaella como presidente ejecutivo y quienes no.
Jueves, 27 de Agosto de 2020

Estar al frente del desafío de rescatar la economía, salvar el empleo, enfrentar la desigualdad social y trabajar por un plan de recuperación de Cúcuta y Norte de Santander debería ser la misión en que tendría que  estar enfocada la Cámara de Comercio en este momento. Pero no. Los mezquinos intereses la han puesto a la entidad de espaldas a la pandémica realidad que atraviesa la ciudad.

Afuera, miles de empresarios y comerciantes luchan por sobrevivir en medio del arrasamiento provocado por la crisis del coronavirus. Adentro, la junta directiva del organismo cameral anda enfrascada en una lucha intestina, donde lo que menos importa es la suerte de la ciudad.

Y mientras miles de personas que perdieron el empleo  entraron a engrosar las ya de por sí grandes filas de desocupados, la Cámara anda dividida entre los que defienden la permanencia de Héctor Santaella Pérez como presidente ejecutivo y aquellos que insisten en que ya perdió esa condición y por lo tanto no tiene derecho al supersueldazo.

En momentos que en los alrededores del edificio de la entidad empiezan a pulular  locales cerrados con el letrero de ‘se arrienda’ porque no hubo como salvar esos negocios, en la Cámara de Comercio, que se supone los representa, todo gira alrededor de lo que pasará con la presidencia ejecutiva.

Cuando en la capital de Norte de Santander hay un clamor empresarial y ciudadano porque se defina un rumbo para salir del temporal, la tormenta interna en el organismo cameral arreció.

A raíz del caso de los salarios exorbitantes llegó una suspensión, después la  destitución, ahora el levantamiento de una medida de la Procuraduría que favoreció a varios directivos y a Santaella y, finalmente,   el retorno de él a su cargo, en medio de  argumentos y precisiones -por ejemplo de la Superintendencia de Industria y Comercio- que dejan ver que ya no tiene ese derecho.

La desarticulación es tal, que la entidad camaral nacida en 1915, hoy se da el lujo de tener dos sindicatos, al igual que unas directiva absolutamente en pleno choque interno, que va en contravía del propósito superior expuesto en su filosofía corporativa: “Nuestro propósito es maximizar la generación de valor como agentes de cambio, aliados del tejido empresarial, con innovación, transparencia y compromiso social”.

¿Será que en este pandémico 2020, cuando la Cámara de Comercio de Cúcuta cumple 105 años, habrá necesidad de someterla a reingeniería? Discusiones como esas hay que darlas, porque la capital nortesantandereana la necesita como una verdadera y leal aliada para momentos tan críticos como el que vivimos, puesto que la imagen que está ofreciendo hoy es la de una entidad desprestigiada, que no sale de un escándalo para caer en otro.

El municipio ya tiene suficientes y graves problemas como para tener que sobrellevar uno más en la institución que muchos pensarían debiera ser el motor de lo que pudiera llamarse la gran estrategia por el rescate de Cúcuta, pero que lamentablemente ha pasado a convertirse en un organismo más, con muy escasa empatía entre los habitantes de la ciudad, al que solo relacionan con el registro mercantil.

La pandemia ha dejado como enseñanza que en muchos aspectos es necesario reinventarnos. Sería una labor interesante que ese término -que tanta acción requiere- se pusiera en una de las líneas de trabajo de la institución, porque por lo visto, sí requiere que muchas cosas cambien y con urgencia.     

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