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¿A quién engañan?

Lunes, 11 de Septiembre de 2017
Lo que es definitivo es que las Farc deben dejar atrás su práctica del engaño como parte de su actividad.

Un movimiento como las Farc no puede ser tachado de ingenuo. Hacer una guerra de 60 años y negociar un acuerdo de paz en los términos en que lo hizo no son, precisamente, actos de ingenuos o ligerezas producto de algún apuro...

Pero, si no es ingenuidad, entonces se trata de mala fe eso de incluir como guerrilleros a narcotraficantes y a peligrosos delincuentes comunes de los llamados purasangre, a fin de que reciban el mismo tratamiento preferencial de los combatientes de la guerrilla en la Justicia Especial para la Paz (JEP).

Ya, por lo menos un siniestro delincuente se coló y se perdió. Se trata de Alexánder Romero Sepúlveda, un terrorífico jefe de sicarios de Bogotá condenado por un crimen fallido durante la guerra esmeraldera. Las Farc lo postularon a los beneficios de la JEP a sabiendas de que tenía una pandilla de sicarios que alquilaba, y el Gobierno aceptó incluirlo en la lista de gestores de paz.

El gobierno anunció que le retirará el estatus, pero hay un problema: las autoridades no tienen la menor idea del lugar donde se encuentra. Y, como él, por lo menos otros 25 capos narcotraficantes esperaban pasar agachados en la lista de guerrilleros.

Algunos de ellos le están escurriendo el bulto incluso a la extradición hacia Estados Unidos, aunque voceros del Gobierno señalaron de manera específica que no ha acreditado a ninguna de esas personas como guerrillera. Por fortuna… Se trata de delincuentes comunes que, respaldados por el dinero de las drogas (hay versiones de que algunos pagaron hasta 5 mil millones de pesos), buscan lavar su pasado colados en las listas de guerrilleros…

De estos episodios queda un sabor bastante desagradable. Porque una cosa es pecar por ingenuidad, y otra, diferente y bien grave, pecar con todo el conocimiento y la decisión de hacerlo, en la convicción de que los ingenuos somos todos los demás colombianos.

Ya pasó una vez, con poderosos capos del narcotráfico mundial que pasaron colados en el proceso de paz del gobierno de Álvaro Uribe Vélez y las organizaciones paramilitares, y estamos seguros de que ningún colombiano tolera que algo así se repita, en especial cuando aún no hay claridad de si lo que ocurrió fue a sabiendas o no del alto gobierno de entonces.

Lo que es definitivo es que las Farc deben dejar atrás su práctica del engaño como parte de su actividad. Pretender que los colombianos seguimos siendo fáciles de engañar por esa organización, es equivocado, es engañarse.

Y que también quede claro que intentar meter gato por liebre no solo está mal visto sino que genera todo tipo de posturas críticas y de rechazo. Y si de esa manera pretenden que los electores los respalden, que les crean en sus promesa electorales, pues es mejor que se vayan desengañando desde ahora.

Hacer lo que hicieron es no jugar limpio, es no actuar con seriedad; es, hay que decirlo con todas las letras, burlarse de la necesidad que tiene toda Colombia se paz. Jueguen limpio, sin trampas, sin engaños, y quizás así puedan honrar su palabra, porque hasta ahora lo único que han hecho es deshonrarla, desprestigiarla.

Y eso les va a costar.