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Se llevan los niños

Lunes, 10 de Agosto de 2020
La ONU y la OEA tienen que luchar por la salvación de la niñez y la juventud de Colombia amenazada.

Ojalá que no vaya a ser flor de un día o una acción motivada por el efecto mediático sino que ahora sí sea la base de una política pública real para poner a nuestros niños, niñas y adolescentes fuera del reclutamiento forzoso por organizaciones como el Eln, el Epl y Los Rastrojos.

Hacemos referencia al programa 

Súmate por mí, entre el Gobierno Nacional y organizaciones como la UNICEF y Usaid,  que en Norte de Santander tiene mucho por hacer.

Ya vimos como esos reclutadores ahora ya usan hasta redes sociales,  pero siempre aprovechando un detalle que tristemente siempre ha estado ahí : la falta de oportunidades y la pobreza extrema.
 
Luego aquí ya se identifica un asunto que no se soluciona con un plan pasajero sino con una acción estructural que requiere reformas del modelo socioeconómico, el cual ya no es tan lejano para los citadinos pues ya se llevan a los niños de Cúcuta y de Los Patios, como tristemente nunca ha dejado de pasar en El Tarra, Cáchira,  Hacarí, Sardinata, Teorama,  Ocaña,  San Calixto y Tibú.

Ojalá la Policía y la Fiscalía procedan a desbaratar la oficina de reclutamiento de Los Rastrojos en Los Patios y que el Derecho Internacional Humanitario sea aplicado contra el Eln y las disidencias de las Farc, por tratarse de una operación ilegal contra población civil desprotegida. 

La salvación de las futuras generaciones de las garras de la guerra debe hacerse desde una óptica diferente a la meramente militarista, modelo que ya se muestra desgastado, pero en la que sí, la aplicación de la justicia sea uno de sus pilares, puesto que este delito ni siquiera debe ser considerado en ningún tipo de negociación.

Al Ministerio del Interior le corresponde tener una actitud de reacción propositiva y de apoyo inmediato a las regiones cuando los organismos defensores de derechos humanos activen las alertas tempranas y no dejar la sensación de desprotección como cuando se advirtió lo sucedido en la zona rural cucuteña, en donde sucedieron una masacre y luego un desplazamiento.

Evitar que los niños se los sigan llevando debe ser una motivación para la unión de la sociedad sin estigmatizar,  señalar o revictimizar asunto que bien podría ser la pieza clave para romper el temor a denunciar.

Ya que la Unicef está en ese grupo que ejecuta la campaña, debe adelantar la tarea misional en cooperación internacional para una intervención social de departamentos como Norte de Santander con inversión para que la desigualdad con sus problemas atados, deje de ser el fantasma que les facilite la tarea a los reclutadores ilegales de menores. 

Ya que la ONU y la OEA  han sido tan amigas y guardianas de la paz, tienen que luchar por la salvación de la niñez y la juventud de Colombia amenazada por ese conflicto en donde se lucha por territorio, coca y economías ilegales, sentando a todos en una mesa para la gran reconciliación nacional, porque como todos lo reconocemos: las niñas y los niños son los semilleros de un país. 

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