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Semana Santa

Domingo, 5 de Abril de 2020
Estos días santos -marcados por un hecho no antes visto- seguro que deben de servir para una profunda y real reflexión.

Domingo de Ramos que ni parece domingo porque el confinamiento sanitario obligatorio nos ha hecho hasta perder la noción del tiempo en una crisis sin precedentes en que el coronavirus vino para  cambiarlo todo, incluyendo tradiciones religiosas tan arraigadas como la Semana Santa que comienza hoy.

Se calcula que en el mundo hay cerca de 1.314 millones de católicos, de los cuales unos 45,3 millones practican  esa fe en Colombia.

Como si la COVID-19 le hubiera puesto una corona de espinas a la Semana Mayor, las catedrales y templos en Colombia y Norte de Santander permanecen cerrados y los feligreses en sus casas hasta que la situación de mayor peligro alcance niveles tolerables.

No hay un referente de que algo así como lo que se registra en la actualidad hubiera ocurrido en hace un siglo o más allá. Lo cierto es que el impacto es  demoledor y 2020 ya deja para la historia la primera Semana Santa con las iglesias vacías y las calles sin procesiones, lo cual evidencia que el momento por el que estamos pasando es de una peligrosidad inimaginable.

Como protagonistas de este momento los millones de católicos que guardan la cuarentena obligatoria impuesta en Colombia para intentar contener y cortar la propagación del virus, asistirán virtualmente a los tradicionales actos religiosos relacionados con esta celebración, que serán transmitidos por redes sociales como Facebook, al igual que por radio y televisión, medios por los cuales sí es tradición que eso ocurra.

Esta globalización y conexión que ha vuelto a nuestro planeta en una aldea interconectada por internet, entró a jugar en el campo de la fe un papel que nadie imaginaba hace pocos meses, antes de que la pandemia fuera declarada.  

Sin salir de casa por el riesgo de contagio que implicaría una asistencia masiva, por ejemplo, a la catedral San José en Cúcuta, los feligreses irán virtualmente por la web o por las ondas radiales o la señal televisada, a las iglesias para  participar en los actos que se llevarán a cabo por parte de las distintas parroquias.

Otro cambio abrupto que también irá a dejar una marca indeleble, es el de no poder comulgar, dentro de la consideración de que es uno de los sacramentos más importantes.

Estos días santos -marcados por un hecho no antes visto- seguro que deben de servir para una profunda y real reflexión sobre diversos aspectos de la vida diaria, que hasta antes de este brusco frenazo que recibieron las actividades humanas, a los que poco o nada nos deteníamos a pensar o evaluar, por las carreras del día a día.

Jerarcas de la Iglesia católica en Colombia ya han expresado su dolor profundo de la ausencia física de los fieles en las ceremonias religiosas, y expresaron su confianza en que este momento por el que cruza la humanidad hará que la fe sea “cada día más fuerte”.

“Estaremos solos, con los templos cerrados, pero unidos en una comunión profunda con el santo padre, con el arzobispo y sus obispos auxiliares, con los vicarios episcopales. En la oración de los unos por los otros descubriremos la fuerza de la comunión que nos hace caminar juntos como sal de la Tierra y luz del mundo”, fue el mensaje del cardenal Rubén Salazar.