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Situaciones asombrosas

Miércoles, 10 de Noviembre de 2021
Y así como muchos habitantes de Cúcuta no conocen bien la división territorial de la ciudad con sus comunas urbanas y corregimientos y mucho menos saben el nombre de los mismos.

En El Pórtico que hace parte del corregimiento San Pedro, se encuentra el acueducto. En Carmen de Tonchalá, las ruinas de la casona de doña Juan Rangel de Cuéllar que donó los terrenos para levantar a Cúcuta.

Tenemos a Agua Clara y Buena Esperanza, que por su cercanía territorial con Puerto Santander, a veces sus veredas son confundidas como si fueran del territorio porteño.

Está Ricaurte -con su clima frío- y para completar el territorio rural cucuteño de diez corregimientos, se encuentran Palmarito, Guaramito, Banco de Arena, Puerto Villamizar  y San Faustino.

Y así como muchos habitantes de Cúcuta no conocen bien la división territorial de la ciudad con sus comunas urbanas y corregimientos y mucho menos saben el nombre de los mismos, lo realmente increíble es que después de tantos años transcurridos en la composición del municipio, no se sepa ni donde comienzan ni donde terminan cada uno de los componentes de la zona rural.

Se trata de una situación de inimaginables consecuencias, producto del imperdonable descuido, olvido o extraña forma de administrar por parte de quienes han ostentado el poder en el municipio.

Bien valdría la pena investigar el por qué tanta desidia imperó, puesto que el haber sometido a ese abandono en algo tan fundamental como es el trazado de los límites reales, llegó a poner en riesgo la propia integridad del municipio, al darle un tratamiento de patio trasero a tan vastas extensiones de  predios.

Por ejemplo, el hecho de desconocer o nunca haber determinado los linderos de los corregimientos, especialmente de los colindantes con territorio venezolano o con municipios con Puerto Santander, pues pueden terminar convirtiéndose en objeto de litigio.

Y quienes residen en ellos y son propietarios de las fincas en que laboran también podrían enfrentar complicaciones en cuanto a sus predios, aparte de que por ejemplo no la tienen fácil porque a muchos de ellos les ha resultado imposible contar con el título de propiedad del terreno.

Lo dicho por un cultivador de cítricos a La Opinión, encierra una parte del problema que enfrentan  los campesinos cucuteños: “No tener claro los límites ni título de la propiedad nos impide acceder a los beneficios que otorga el Estado para el sector campesino, como por ejemplo a préstamos para proyectos agrarios”.

Pero además, en estos momentos en que la guerrilla del Eln y las Autodefensas Gaitanistas de han desatado una guerra en esos sectores rurales, hay que prevenir el despojo violento que los grupos armados ilegales suelen utilizar contra pobladores de los territorios a los que llegan.

Ojalá avance con prontitud el plan activado por la administración municipal para la delimitación de los corregimientos comenzando por Palmarito. Nunca es tarde, como dicen, pero en estos asuntos sí que es bien curioso que todo se hubiera dejado al garete, sin evaluar los riesgos e impactos negativos sobre la propia comunidad, que es finalmente la más afectada.

El plan piloto comenzará por el corregimiento de Palmarito, con el que por primera vez se desarrollará la delimitación rural, buscando establecer los límites, pero a su vez conocer a fondo este territorio, según lo que tiene definido el alcalde Jairo Yáñez.

De acuerdo con el procedimiento planteado, la ruta de legalización cumple con cerca de 15 pasos generales, entre ellos la socialización, levantamiento topográfico, estudios técnicos a detalle, estudios de ingeniería, conceptos jurídicos y técnicos, entre otros.

La delimitación rural de Cúcuta es algo muy importante para emprender las estrategias de la agroindustria y los procesos productivos en el campo que aporten a la diversificación de la economía local.

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