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Soberano chiste

Miércoles, 15 de Marzo de 2017
Dos episodios ocurridos en las últimas 72 horas corroboran la absoluta falta de permanente control colombiano de sus fronteras.

Ahora, el mundo está cierto de algo que Venezuela conoce desde hace largas décadas: que cualquiera puede vulnerar las fronteras colombianas, hacer lo que le plazca e irse, sin que nos demos cuenta, por un lado, y sin que haya reclamos, por otro. Es la colombiana una soberanía de papel. Un chiste.

Dos episodios ocurridos en las últimas 72 horas corroboran la absoluta falta de permanente control colombiano de sus fronteras, de todas, incluido el espacio aéreo. Si ese control existe, está sujeto a horarios de oficina, que es lo mismo que nada, y se limita a vigilar los puntos de cruce fronterizo. Nada más.

Hace pocos días, sobre una zona rural de San Luis, un pueblo perdido del Tolima, cayó un descontrolado satélite de comunicaciones del gigante cibernético Google. Realmente era un globo-sonda con equipos de telecomunicaciones. Por fortuna, nadie resultó lesionado ni hubo daños a la propiedad…

Pero el incidente da pie para varias reflexiones y preguntas que, se sabe, a nadie le interesa responder, porque detrás de todo está la falta de cumplimiento de la misión constitucional que les corresponde a las Fuerzas Armadas, de garantizar la integridad de las fronteras y la soberanía del Estado colombiano.

¿Cuántos satélites u otros dispositivos, incluidos algunos de tipo militar, de potencias extranjeras e hipotéticos enemigos, sobrevuelan a Colombia de manera permanente, sin el conocimiento de las autoridades? ¿Por qué una empresa privada extranjera recorre el espacio aéreo colombiano con naves de comunicaciones y de fotografía, sin advertir de los riesgos? ¿Quién otorgó permiso para que este u otros dispositivos sobrevuelen el territorio? ¿Qué acciones definitivas y drásticas van a adoptar las autoridades —no solo aeronáuticas— colombianas, para prevenir estas acciones furtivas, peligrosas y atentatorias contra nuestra integridad como Nación? Otros países, incluso vecinos, se han negado de manera rotunda a este tipo de operaciones.

Pocas horas después de la caída de la sonda, a poca distancia de un puesto militar colombiano y literalmente en las calles de Juan Frío y 100 metros adentro de la raya fronteriza, un helicóptero militar venezolano aterrizó el martes a las 6 de la tarde y sus ocupantes secuestraron y se llevaron a dos civiles, ante la mirada de muchos habitantes del sector, según versión del alcalde, Pepe Ruiz.

No es la primera vez que este tipo de acciones hostiles del Estado vecino se registran en esta región. Pero, si los gobernantes colombianos hicieran lo que deben hacer, podría ser la última. Desde luego, para ello es necesario que se haga clara conciencia de lo que significa la soberanía.

Pero, en realidad, a ese conocimiento no es fácil que lleguen las autoridades colombianas, ocupadas como están en menesteres tan rutinarios como aclarar que no es lo que parece todo lo que se dice de sobornos y aportes no registrados a las campañas políticas por parte de contratistas y al despilfarro billonario en Reficar.

En algunas instancias del poder importa más eso que los abiertos desafíos venezolanos a la integridad territorial colombiana o los sobrevuelos de cualquiera que tenga poder.

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