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También se pudo, pero...

Lunes, 4 de Septiembre de 2017
, que no atinan a comprender cómo se materializó un cese al fuego que parecía imposible.

Cuando la paz es un indeclinable propósito nacional, todo se hace posible, incluso un  acuerdo con los guerrilleros más radicales e intransigentes, los más duros y esquivos.

Se demuestra, por ejemplo, en el cese al fuego bilateral decidido por los negociadores del Gobierno y del Ejército de Liberación Nacional (Eln), una organización guerrillera que, desde su fundación en 1964, siempre hizo de la intransigencia su diplomacia.

Pero, en medio de la sorpresa del acuerdo, se alcanza a filtrar la desconfianza, esta vez muy fundada, de los colombianos, que no atinan a comprender cómo se materializó un cese al fuego que parecía imposible, porque dos días antes el Eln había reiterado por enésima vez, que no renunciaría al secuestro como vía de financiación de su proyecto político militar.

No hay duda, la visita del papa Francisco facilitó un acuerdo en el que la guerrilla no gana nada, como sí el gobierno, que podrá recibir al visitante con el eco aún vivo del anuncio bilateral. Cómo hizo el gobierno, en qué cedió, como es muy probable, para lograr el sí del grupo guerrillero, es algo que quizás nunca se sepa. Claro, si es que se cedió en algo.

Porque el acuerdo parece sacado del sombrero del mago cuando los espectadores ya dejaban sus sillas para ir a rumiar la frustración que deja cuando la obstinación, la terquedad y la intransigencia son las cartas sobre las que se basa el juego en la mesa de negociaciones.

A pesar de la importancia de lo acordado, porque significa silenciar, aunque sea por un tiempo, pero totalmente, la guerra revolucionaria que afecta a Colombia desde hace ya tantas décadas que se pierden en la memoria. Porque las Farc, y todas las guerrillas marxistas  leninistas, llegaron a una guerra que ya llevaba tiempos devorando a este país…

Desde el 1 de octubre y por 109 días no se escuchará la guerra ni habrá acciones en ningún sentido por parte del Gobierno y del Eln. Esa es una excelente noticia para Colombia.

Pero, esta vez, Norte de Santander no es tierra fértil para la celebración. Ayer, en el mismo momento en que se anunciaba con júbilo el cese al fuego, en Guamalito, atribulado corregimiento de El Carmen, un niño lloraba de sed ante la impotencia de su madre, que no podía encontrar una gota de agua para darle.

Ni la encontrará durante muchos días, porque el Eln dinamitó dos veces, con la saña criminal de quien lo hace sobreseguro, el tubo del oleoducto que cruza por allí, y el petróleo destruyó el acueducto y la quebrada, y aniquiló especies de flora y fauna invaluables, en la orgía violenta en que esa guerrilla convierte cada una de sus acciones.

¿Pensaría el gobierno en tantos Guamalitos que están regados por toda Colombia cuando los guerrilleros dijeron estar de acuerdo en silenciar los fusiles? Es de esperar que sí, que el acuerdo no fue solo para darle a Francisco la mejor imagen de un país que ha vivido ahíto de sangre desde cuando nació. Que no fue un pacto producto de alguna concesión de última hora para mostrar el rostro amable de un país que quizás sonría a la fuerza. 

Claro que siempre queda la duda…