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Tarea aprobada

Viernes, 25 de Diciembre de 2015
Al menos en lo que corresponde a Cúcuta, hay ya un parte de victoria en la dura lucha contra la pirotecnia

Es muy alta, la posibilidad de que la del jueves haya sido la última noche de Navidad en estado de guerra, y ese debe ser ya un motivo para sentir tranquilidad y beneplácito.

Pero, al menos en lo que corresponde a Cúcuta, hay una razón mucho más sentida para sentir satisfacción: fue la primera nochebuena en muchos años en la que nadie sufrió lesiones con pólvora.

Esa sí es una excelente noticia de una real nochebuena. Por fin quedó atrás el fantasma de las lesiones irreparables en rostros y manos, principalmente, por la estúpida costumbre de usar pirotécnica sin responsabilidad.

Y la responsabilidad comienza por no producir pólvora como medio de vida,  pasa por no comprarla y termina en la oposición rotunda a usarla.

Al menos en lo que corresponde a Cúcuta, hay ya un parte de victoria en la dura lucha contra la pirotecnia. Pero, la verdad, falta mucho todavía; hay que, aún, ganar las dos batallas que quedan: la de la producción y la del comercio.

Y esas son mucho más difíciles que la de convencer a los papás de que ellos deben impedir, a toda costa, que sus hijos jueguen con esa muy atractiva muerte en colores que es la pólvora.

La de erradicar la producción es una tarea dura y larga, pues de elaborarla dependen muchas familias que no saben hacer otra cosa para sobrevivir. Hay que ofrecerles, como a los pimpineros del Área Metopolitana, una alternativa de vida…

Donde está el mayor problema es en la comercialización, pues ella depende de mafias dispuestas a lo que sea por no dejar un negocio que les deja dinero por montones, solo por servir de intermediarios entre el productor artesanal y los miles y miles de consumidores. Los mafiosos ni siquiera la tocan.

Hacia ellos, la tarea es meramente policial, pues si bien quedarían sin fuente de abastecimiento barata y a la mano, ellos tienen los recursos para continuar con su negocio mediante el contrabando, que no es una novedad. China tiene ciudades enteras produciendo pirotecnia que distribuyen por el mundo entero, y Cúcuta no está fuera de ese circuito.

El hecho grato de que nadie se haya quemado no significa, para nada, que no hubiera habido pólvora, en especial en los barrios populares. No fue como en años anteriores, pero por lo menos la cantidad de voladores fue importante. Que hayan tenido más cuidado, para evitar daños en las personas, en especial en los niños, no puede ser, para nada, pretexto para quemar pólvora el 31 en la noche.

La pólvora es peligrosa en sí misma. La pólvora es mortal. La pólvora es una entretención costosa. La pólvora es dinero vuelto humo en menos de 5 segundos. Y permitirle a un niño jugar con ella es como darle una pistola cargada, con la que se puede herir o matar o causarle los mismos daños a alguien.

Sin embargo —y ya se sabe que la Policía trabaja en ello—, otra costumbre, siniestra y obscena, se mantiene: disparar armas de fuego para celebrar, sin tener en cuenta que las balas regresan a la tierra y matan siempre inocentes, y muchos niños entre ellos.

Eso es salvaje, repudiable, es un acto criminal abominable de quien, a veces bajo la influencia de alcohol o derogas, hace descargas de balazos al aire cuando la calle está llena de gente que también celebra.

Con estos tirofijos de barrio hay que ser duros, con todo el rigor de las leyes encima de ellos. Son asesinos en potencia a los que nada ni nadie les importa más allá del placer —¿sentirán alguno?— de sentir el poder que genera un arma.

Realmente son cobardes que abalean el aire para matar inocentes.