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¿Tráiganlos ya?

Lunes, 13 de Marzo de 2017
Es bastante curiosa la manera de reaccionar de algunos colombianos cuando los imposibles se les cruzan en el camino.

A todos los motivos políticos, jurídicos y de otra índole que generan marchas de protesta en Colombia por estos días, se suma otro: el de los narcotraficantes que están presos en cárceles de China, incluidos los condenados a muerte.

El movimiento Tráiganlos ya debutó en Cali, con una muy ruidosa caminata de parientes de estos narcotraficantes presos, procesados y condenados en China, que lanzaban consignas contra el Gobierno y su negligencia y su desinterés por la suerte de estos compatriotas.

Desde luego, son comprensibles las razones que argumentan, en el sentido de que para todos es mejor que esas personas purguen sus penas en Colombia, y no en un país donde, se señala, nadie puede apoyarlos, porque ni siquiera conocen el idioma.

Pero que haya comprensión del problema no significa, ni más faltaba, que se les exculpe o que se los justifique. Son delincuentes, aunque la sola palabra parezca un baldón, que ofendieron a un país que no tiene tolerancia alguna con las drogas, y que fueron procesados y vencidos en juicio, y condenados con mucha dureza.

Pero, como señalaba esta sección hace pocos días, con motivo de la ejecución del caleño Ismael Enrique Arciniegas en una cárcel de Guangzhou, la ley es dura, pero es la ley, y hay que cumplirla. Y es así, porque allá consideran que debe serlo de esa manera: pena de muerte para el narcotraficante, sin importar quién sea ni de dónde llegue a sus aeropuertos.

Y pretender que el gobierno colombiano influya en China de tal modo que a los cinco colombiano condenados a muerte que hoy tienen en sus cárceles les sea conmutada la pena e incluso les permitan venir a Colombia, es una utopía, por no decir que un imposible.

Una cosa es solicitarle al Gobierno de Santos que interceda ante China por los 130 delincuentes colombianos que están en prisiones chinas, y otra, bastante diferente, gritarle con cajas destempladas y desde las calles que los traiga ya.

El gobierno ha explicado con suficiencia lo que los colombianos, incluidos los parientes de los presos, que China es soberana —como lo es Colombia— para tomar las decisiones que sus gobernantes consideren en torno de los narcotraficantes y de los demás delincuentes que violan sus leyes.

Es cuestión de soberanía, un argumento inmodificable, trátese de China o de otro país. Colombia es soberana en la elaboración y en la aplicación de sus leyes, y así lo diría a China o a cualquier otro país que nos pidiera modificar alguna norma legal, para favorecer a un ciudadano extranjero.

No hay duda que la mejor manera de que a los colombianos no nos afecten las leyes penales extranjeras es no violarlas. Es de Perogrullo, pero absolutamente válido. No se puede olvidar que los 130 colombianos presos en China forman parte de un ejército de 15.034 connacionales presos en otros países, de ellos, 8.526 por delitos relacionados con el tráfico de sicotrópicos.

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