Triste realidad

Lunes, 18 de Enero de 2021
Ahora asistimos otra vez a un nuevo caso de desplazamiento, con la salida de 23 familias de la vereda La Silla, Tibú.

Cúcuta es la ciudad del desplazamiento, dijo el saliente obispo, monseñor Víctor Ochoa Cadavid, pero las circunstancias llevan a creer que se ha quedado corto en su apreciación, porque tristemente debemos reconocer que ahí tiene que incluirse al Catatumbo. Lo expuesto por el prelado católico nos sirve para recordar que la capital nortesantandereana no es solo receptora sino también expulsora aunque dentro del fenómeno del desplazamiento interno: barrio a barrio o vereda a vereda, como ha sucedido.
 
El año pasado y en los pocos días que llevamos de este 2021-ambos caracterizados por la crisis sanitaria-se han registrado casos de desplazados por un factor común recurrente: la violencia en el territorio.

Aunque estamos en el posconflicto luego de la firma del acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, persisten factores que golpean a la población, como son las disidencias, las bandas criminales, la presencia del Eln y la disputa que esta guerrilla mantiene con el Epl y otras organizaciones al margen de la ley por el control de esas zonas.

En el corredor que va desde el Catatumbo hasta la zona rural de Cúcuta colindante con la frontera con Venezuela es donde se concentran todos los elementos que nutren las economías ilegales y los factores de riesgo que se ciernen sobre la población civil que queda en medio de las hostilidades, con grave riesgo para su vida.

Muchos caracteres escritos y miles de palabras dichas recogen las promesas y los compromisos para el cumplimiento de  aspectos como la sustitución de los cultivos de hoja de coca, siendo Cúcuta una de las pocas capitales de departamento que los tiene en su patio, mostrando con ello la incidencia marcada del conflicto en el municipio, que no ha  sido ajeno a las incursiones guerrilleras y paramilitares en el pasado y en el presente.

Ahora asistimos otra vez a un nuevo caso de desplazamiento, con la salida de 23 familias de la vereda La Silla (Tibú), que junto con El 25, La Punta, Banco de Arena y Puerto León, hacen parte de ese hilo que une a la zona catatumbera con Cúcuta y se conecta con los pasos fronterizos hacia el vecino país.

Como es un área estratégica para el contrabando, el tráfico de estupefacientes y de armas, y otros negocios ilegales que van en crecimiento.

 Ese estratégico corredor es muy apetecido y por tal razón ahora está armada una ‘guerra’ entre el Eln, Los Rastrojos y ahora Los Gaitanistas para convertirse en los amos y señores, sometiendo a la población a sus designios bajo amenazas de muerte, despojo y desplazamiento.

Todo eso suena como si ocurriera muy lejos, pero no. Está aquí en las goteras de Cúcuta, en la zona de influencia de sus corregimientos, por lo cual es indispensable persistir en una política integral para procurar la desactivación de este peligroso factor, que contemple no solamente el componente de presencia y control de la Fuerza Pública.

Y para cerrar, qué mejor que esta consideración expuesta en un informe de la edición dominical: 

-Sin embargo, los campesinos aseguraron que el Gobierno siempre envía a alguien que va y les promete proyectos productivos que no se ejecutan, generando desconcierto en la región-. “Ante eso nos toca trabajar con los cultivos ilícitos o la minería ilegal, porque eso es lo que nos da para sobrevivir”.

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