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Trump manda a decir

Sábado, 6 de Abril de 2019
Porque, como están las cosas, parece como si Trump y su Gobierno hubieran tomado por el cuello a Duque y el suyo, y lo estuvieran apretando más y más, a fin de obligarlo a hacer lo que ordenan desde la Casa Blanca…

No fue un simple desayuno para intercambiar opiniones, al que el embajador de Estados Unidos, Kevin Whitaker, invitó a representantes a la Cámara. Fue, sin duda, un acto de injerencia extranjera en los asuntos internos colombianos… si es que aún hay algunos.

Como anfitrión, el embajador tomó la palabra para referirse a las objeciones del presidente Iván Duque a la Jurisdicción Especial de Paz (Jep), para informarles a los congresistas colombianos de que el deseo de Estados Unidos es que las apoyen con su voto.

Como lo entendió la congresista Ángela María Robledo de las palabras de un colega asistente, fue el desayuno una reunión para notificar ‘que Trump les manda a decir que hay que votar las objeciones’, versión hasta ahora no desvirtuada ni por los asistentes a la reunión ni por el embajador Whitaker.

El escándalo surgido, revelan algunas fuentes informativas, obligó a Whitaker a suspender una reunión similar con los magistrados de la Corte Constitucional, a los que había invitado a tratar sobre ‘diversos temas que afectan la cooperación judicial bilateral’. 

Es un episodio preocupante, que perfila aún más la matriz de opinión según la cual Colombia, o, mejor, el Gobierno, está siendo utilizado por Estados Unidos, más concretamente por el presidente Donald Trump, como agente político en todos los espacios generados por el afán estadounidense de ejercer control más efectivo en su entorno hemisférico.

El hecho de que eventualmente haya coincidencias políticas de Duque con el presidente Trump en torno, por ejemplo, del tratamiento de la crisis venezolana, no significa, ni mucho menos, que a nombre de su país el embajador Whitaker asuma un papel que no se le puede permitir a nadie, como es el de decidir cómo tenemos que actuar o no los colombianos en asuntos que solo nos competen a nosotros…

Gran parte de la historia reciente de la humanidad se ha caracterizado por relaciones de amistad, en realidad alianzas, entre los países. Y Colombia y Estados Unidos no han sido ajenas a ese tipo de situaciones que, como una especie de ascensor, suben o bajan, según el momento histórico.

Estos días, al decir de analistas, las circunstancias de esa alianza han sido inmejorables. Al menos lo fueron hasta cuando Trump regañó a Duque por su falta de control a la salida de cocaína hacia Estados Unidos. Sin embargo, en el mundo parece no haber otro país como Colombia en su lealtad hacia Washington.

Eso no es criticable. Por lo contrario, es una demostración de que una de las grandes potencias le otorga a Colombia la importancia, no que merece, sino que en la realidad tiene en todo sentido, incluido, obvio, el geopolítico, realmente clave…

Pero el comportamiento bilateral debe guiarse por normas diferentes: ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre, como dicen los abuelos. Significa que así como Colombia no se entremete en los asuntos que colman pasillos y despachos en Washington, Estados Unidos también debe mantenerse lo más lejos posible de lo que solo nos incumbe a nosotros.

Porque, como están las cosas, parece como si Trump y su Gobierno hubieran tomado por el cuello a Duque y el suyo, y lo estuvieran apretando más y más, a fin de obligarlo a hacer lo que ordenan desde la Casa Blanca…

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