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Un mal espectáculo

Martes, 14 de Enero de 2020
Al sentirse viudos del poder afinan las estrategias para extender los tentáculos y seguir manipulando.

Amañar, en su acepción de preparar o disponer algo con engaño o artificio, es el verbo preferido por aquellos que al sentirse viudos del poder afinan las estrategias para extender los tentáculos y seguir manipulando, siempre para su beneficio propio.

Está ocurriendo en Cúcuta tanto en los procedimientos de elección de contralor como de personero donde, curiosamente, su consolidación o desmonte quedó en manos de la justicia, instancia hasta donde se llegó por culpa de esas maniobras torticeras por decir lo menos, del grupo político conocido como ramirismo.

A  esa organización, luego de perder la Alcaldía  en las elecciones de octubre del año pasado, se le ven las ansias de continuar la dominación ahora desde los órganos de  control local, bien sea para intentar tapar los pecados del pasado, o para tratar de  ejercer presión sobre el actual mandato del alcalde Jairo Yáñez.

La particularidad es que manejar las normas al ritmo de los intereses politiqueros simplemente degenera en espectáculos como a los que asistimos hoy en día, no solo en Cúcuta, sino en otras ciudades colombianas, porque este es un mal nacional que golpea y debilita a la democracia local.

Ese juego de fichas para mostrar que no se está derrotado y que desde las sombras por intermedio de sus alfiles y peones en el Concejo-por ejemplo-puede trazar el rumbo de lo que será el control fiscal de las finanzas municipales y las funciones de Ministerio Público del personero, solamente lleva al agravamiento de la crisis moral y a la precariedad institucional municipal.

En ese sentido, es urgente que los tribunales a los que llegaron estos casos de la capital de Norte de Santander actúen con rigor constitucional y en el menor tiempo posible para que la diafanidad y legalidad cubran a estos concursos, que de ser necesario y se dan las razones jurídicas adecuadas, deberían ser anulados para volver a desarrollarlos desde cero.

Luchas de esta naturaleza por un cargo no son bien vistas por la mayoría de ciudadanos que finalmente se cansan de esos sainetes de la vida municipal y optan por pasarse a la franja abstencionista por la pérdida absoluta de credibilidad en el ideario democrático.

Más que reformas constitucionales o leyes que estructuren otro mecanismo procedimental para cubrir los cargos de contralores y personeros locales y territoriales, lo que se debe es cumplir las reglas que existen para este tipo de escogencias y para esto, se necesita es un cambio en las costumbres, comportamientos y formas de actuar.

  ¿Entonces pasarán años y la vida seguirá igual? -dirán unos-. Otros alegarán que deberá esperarse por lo menos dos generaciones para que eso se logre. Pero la verdad es que el poder ciudadano tiene en sus manos las llaves transformadoras, mediante la generación de cruzadas contra los corruptos, de tipo educativo y cívico, para mostrarles a los jóvenes y niños los estragos que esto ha causado a la ciudad.

Pero ese ciudadano debe entender y hacer el propósito de enmienda para arrojar de nuestra ciudad ‘el facilismo’, ‘el dinero mal habido’, ‘el apoyo al corrupto’, y entender que sobre las ruinas de ese imperio de la corrupción que por años ha imperado, hay que levantar una fortificación de ética, moral y dignidad para poner a salvo la cosa pública de los corsarios de la corrupción.