Escuchar este artículo

Verdad verde oliva

Sábado, 25 de Noviembre de 2017
La doble afirmación de que terminaron sus labores y de que Ocaña está peor que Cúcuta, para los ciudadanos no es más que una mentira.

Hasta las mentiras piadosas tienen algo que las hace creíbles, aunque sea temporalmente. Las circunstancias las revisten de verdades. Solo se necesita usar el disfraz adecuado en el momento oportuno.

Pero, por lo contrario, hay verdades que no reciben credibilidad alguna: las circunstancias y la experiencia de la audiencia las despojan de todo matiz de certeza que lleva a que nunca sean creídas, aunque la evidencia lo demuestre.

Después de tantas y tantas décadas de mentiras de los políticos, de promesas que jamás cumplen ni cumplirán, los ciudadanos han dejado de creer en cualquier cosa que provenga del sector oficial. Obras son amores, y no buenas razones, es el criterio rector cuando alguien habla a nombre del Estado.

Ni siquiera se deja campo al escepticismo o a la duda. No tiene valor el verso de Campoamor según el cual ‘En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira’. No. Si viene del Estado, es mentira, aunque sea verdad, y punto.

Talvez esta matriz de opinión, esta convicción ciudadana, esta cultura de no creer en la voz oficial, es la que impide otorgarle certeza a la afirmación oficial de estos días según la cual el Grupo Élite de la Policía de Tránsito cumplió la tarea para la que vino a Cúcuta, y por eso fue trasladado a Ocaña.

Ni Julio César en sus mejores días fue tan eficaz como este grupo de policías que, en escasos cuatro días, analizó, enfrentó y superó los gravísimos problemas que tenía la movilidad de Cúcuta, una de las ciudades con mayores males de tránsito en el país.

La Alcaldía, que según dijo lo trajo para arreglar la movilidad, aunque todos los ciudadanos sostienen que fue para que le generara ingresos que necesita con urgencia, dijo que el comando especial salió de la ciudad porque ‘ya terminó sus labores’.

De ser así, que en cuatro días dejó el tránsito de Cúcuta convertido en un suave discurrir de cisnes por un lago de jardín, el Grupo Élite de la Policía de Tránsito podría hacer suyas y usarlas como su lema, las palabras del cónsul romano: ‘Vine, vi, vencí’.

Que los resultados del trabajo no se hayan visto el mismo viernes quizás se debió a que ese día todos los autos estaban en la calle mientras sus conductores buscaban rebajas en el comercio. Pero ojalá se puedan apreciar a partir de mañana.

De ser así, ya no habrá ningún auto estacionado donde no se debe, todos los conductores llevarán con ellos todos los documentos, los pasajeros irán todos con el cinturón de seguridad, ya no habrá vehículos cruzando ilegalmente las esquinas aunque no haya semáforos, ningún vehículo tendrá problemas mecánicos, las busetas no bloquearán el tráfico paradas en las esquinas esperando pasajeros… en fin, valdrá la pena vivir en Cúcuta, al menos para disfrutar de su diligente movilidad.

Claro, los cucuteños somos así. Se viven quejando del caos y desorden en el tráfico de la ciudad. Pero entonces, cuando se traen gente que viene a tratar de poner orden, todos se levantan a protestar, pues creen que la solución al problema se consigue pidiendo el favor. Pero en nuestro medio, si no hay sanciones ejemplares para hacer cumplir las leyes de tránsito, nunca se arreglará.

Pero, tal vez sea porque es una afirmación oficial, nadie la cree, porque Ocaña jamás tendrá, ni de lejos, los problemas de movilidad de Cúcuta, y porque al parecer las protestas de los cucuteños, fundadas o no, por la presencia de esos policías en la ciudad, tuvieron que ver con la decisión de dejar la ciudad.

Claro, los cucuteños somos así. Nos vivimos quejando del caos y desorden en el tránsito de la ciudad. Pero entonces, cuando se trae gente que viene a tratar de poner orden, todos se levantan a protestar, pues creen que la solución al problema se consigue pidiendo el favor. Pero en nuestro medio, ya sabemos, si no hay sanciones ejemplares para hacer cumplir las leyes de tránsito, nunca se arreglará.

Así, la doble afirmación de que acá ya terminaron sus labores y de que Ocaña está peor que Cúcuta, para los ciudadanos no es más que una mentira con ojos verde oliva.