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Voluntad política

Hubo reuniones, diagnósticos y la proyección para concretarla, pero todo se marchitó.

Rememorando, son centenares las fotografías y miles los caracteres escritos sobre las citas gobernadores y autoridades regionales fronterizas, al igual que muchos los abrazos y muy largas las declaraciones de buena voluntad.

En el siglo pasado se hablaba por ejemplo que la región colombo-venezolana formara  las Zonas Integración Fronteriza. Hubo reuniones, diagnósticos y la proyección para concretarla, pero todo se marchitó.

Después, en estos tiempos, las propuestas fueron de una zona económica especial productiva entre Norte de Santander y Táchira, luego el área metropolitana binacional, después puerto seco fronterizo y ahora el distrito binacional fronterizo.

Iniciativas sobran. Los anaqueles fronterizos están llenos de estudios y prefactibilidad y factibilidad. Lo que debe ocurrir ahora es que los gobiernos de ambos países simbolicen la real voluntad política con los habitantes de frontera mediante una integración con hechos concretos.

La prueba reina de que el resultado es extraordinariamente positivo cuando Colombia y Venezuela empujan hacia el mismo lado en el desarrollo fronterizo, lo es el puente de Tienditas, conocido ahora como Atanasio Girardot.

Durante mucho tiempo siempre se habló de hacer esta infraestructura para descongestionar del tráfico pesado los puentes Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, hasta que se concretó la inversión binacional de cuarenta millones de dólares para finalmente construirlo y ponerlo en operación.

En la declaración de la reciente cita de los gobernadores del Táchira, Freddy Bernal, y de Norte de Santander, William Villamizar, se planteó buscar estrategias contra la dinámica criminal.

Es importante recordar como la violencia y la inseguridad han marcado la porosa frontera en la  que tienen presencia la guerrilla y las bandas transnacionales, el contrabando, el tráfico de armas, la trata de personas, la extorsión y el narcotráfico.

Este neurálgico asunto se sintetiza en que  el territorio fronterizo se encuentra asediado por unas 28 estructuras criminales como el Tren de Aragua, el Eln, la disidencia de las Farc, el grupo armado Yeico, entre otros.

Recuperar la seguridad y retomar el control de toda la frontera es necesario que lo hagan entre los dos, Colombia y Venezuela, para que esa visión de desarrollo económico logre cristalizarse en la región, puesto que las amenazas de secuestro, cobro de ‘vacunas’ y tráfico ilegal de mercancías son un desestímulo para la inversión y un riesgo latente para consolidar la integración.

Otro problema que golpea la seguridad y favorece más economías ilegales es el de las trochas o caminos verdes,  el cual ha envejecido mal.

Los últimos datos reseñan que en los 147 kilómetros de frontera entre Norte de Santander y Táchira hay identificadas 39 trochas con nombres tan sonoros como el Infierno, la Marranera, la Playita, la Isla o la 51, un alto número de ellas en Villa del Rosario y Cúcuta.

En el campo económico y de mejoramiento de las condiciones de la población y en el aspecto de seguridad es mucho el trabajo que les espera a los gobiernos de Bogotá y Caracas para consolidar una zona fronteriza de paz, tranquilidad y armonía.

Lo importante es que esto no se  vaya a quedar en otra declaración de buena voluntad, sino que cada uno de los ministerios e instituciones gubernamentales responsables empiecen a tomar las determinaciones de rigor dentro del marco integracionista.

Y a los pueblos del Táchira y de Norte de Santander les corresponde ejercer la  veeduría ciudadana para que lo definido en el encuentro binacional preparatorio no sea otro de los tantos compromisos que se quedan sin rumbo, puesto que es urgente que se avance en potencializar y rescatar esta región binacional.

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Lunes, 12 de Febrero de 2024
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