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¿Y el fútbol?

Estamos repitiendo la historia de aquella temporada en que la divisa rojinegra quedó atascada por una larga temporada en la B, razón por la cual muchos  acogieron en su corazón futbolero a equipos de otras ciudades.

La afición nortesantandereana del fútbol profesional colombiano, tendrá que seguir con un equipo alterno para ser su hincha, porque la División Mayor del Fútbol Colombiano dejó por fuera, otra vez en 2022 al Cúcuta Deportivo.

Estamos repitiendo la historia de aquella temporada en que la divisa rojinegra quedó atascada por una larga temporada en la B, razón por la cual muchos  acogieron en su corazón futbolero a equipos de otras ciudades.

Y en medio de la complicada situación de una ciudad afectada por problemas de toda índole, siendo la inseguridad, el desempleo y la falta de oportunidades las que más agobian, pues significa que se le mantiene cerrada una alternativa que le podría haber dado algún respiro económico gracias al fútbol.

Todo el torbellino de situaciones que degeneraron en la pérdida de reconocimiento, la desafiliación y la orden de liquidación, se llevó por delante también una importante inversión que se le hizo al estadio General Santander, para dotarlo de una mejor gramilla.

Lástima que sobre ese gramado de $602 millones no ruede el balón impulsado por los jugadores del club motilón que fue dejado por fuera de todos los campeonatos de la Dimayor. Y entonces viene la pregunta de quién evalúa los asuntos desde la racionalidad económica: ¿esa plata no era mejor haberla dedicado a otra cosa? ¿Esa inversión se perderá?

La primera pregunta sirve para  motivar la deliberación sobre los efectos colaterales que acarrean aquellos empresarios futboleros que con sus mañosos manejos se burlan de la afición que siempre confía en que los directivos contraten una buena plantilla, que les cumpla en  los pagos a los jugadores y que atienda los compromisos con los acreedores.

Lo cierto es que el misterio continúa sobre lo que pasará con el cuadro motilón y saber si es posible que se desprenda definitivamente de quienes lo condujeron a este laberinto.

Aquellos que posan de ‘dueños de la verdad revelada’ en sus exposiciones por redes sociales han observado que ese ‘desencadenamiento’ del pasado no sucederá y que, por el contrario, dicha sombra se mantendrá aunque con nuevos posibles salvadores.

Sin embargo todo eso continúa en el nivel de las especulaciones, mientras que el hincha que hasta dejaba de comer para comprar la boleta para ir a acompañar a su Cúcuta del alma, exige e insiste en que el equipo sea auxiliado y puesto en manos de inversionistas que de verdad lleguen con la meta de rescatarlo del abismo.

Y frente a la eventualidad de que por el momento no haya nada que hacer y nos quedemos sin fútbol profesional otro año, debería echarse a rodar la idea de una democratización, bien sea del club actual o del que tenga que formarse nuevamente como empresa.

Esa figura no debe descartarse y  en cambio sí armar un proyecto en tal sentido para que exista la real posibilidad de ayudar a conformar una sociedad futbolera sólida. Una fórmula semejante se la planteó en 2002 el Gobierno Nacional a la asamblea de la Dimayor, aunque lógicamente, y como vemos 20 años después, no quedó en nada. 

La suerte del Cúcuta Deportivo debe seguirnos inquietando a todos, en tanto habrá que ver hasta qué punto se llega en lo anunciado por el IMRD, de que el llamado ‘Coloso de Lleras’  estará dispuesto para todos los torneos competitivos, fútbol base y que las puertas estarán abiertas para los equipos profesionales que quieran venir a la capital de Norte de Santander.

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La opinión
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Sábado, 8 de Enero de 2022

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