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Descarbonización
Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda hace una reflexión sobre la descarbonización.
Mauricio Cárdenas

Descarbonización

Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda hace una reflexión sobre la descarbonización.

Las cifras ayudan a aterrizar los debates. La descarbonización es un tema en el que abundan los anuncios grandilocuentes, así como las metas difíciles de alcanzar. El discurso, como es obvio, ha servido para hacer política: de hecho, fue uno de los ejes de campaña del presidente Petro.

Los números –siempre tozudos–, además de útiles para debatir, son indispensables a la hora de gobernar y tomar descarbonización .

Las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de Colombia están entre las más ambiciosas de los países en desarrollo. Hace dos años, el Gobierno se comprometió a reducir las emisiones de GEI en 51 por ciento frente al nivel que tendrían en 2030 si no se hace nada. Dado que la economía crece –cada día hay más vehículos, la industria produce más, la frontera agrícola se expande, se requiere más electricidad, etc.–, lograr esta meta no es nada fácil.

La estrategia requiere trabajar en muchos frentes, como generar más electricidad con fuentes renovables, electrificar el transporte, utilizar electrodomésticos y construcciones más eficientes y transformar ciertos procesos industriales –como el del cemento y los ladrillos–.


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En el caso de Colombia –donde las mayores emisiones de GEI están asociadas al uso del suelo–, cumplir las metas depende críticamente de la capacidad de ponerle freno a la deforestación y, además, recuperar millones de hectáreas que han sido destruidas. Esto implica reemplazar –y mejorar– los ingresos que se obtienen por concepto de la tala de selva y bosques.

La pregunta es cuánto puede costar todo esto.

No todas las iniciativas para la reducción de emisiones tienen el mismo costo. Una cosa es dejar de deforestar una hectárea, otra es invertir en buses eléctricos. En un trabajo que acabamos de publicar con Sebastián Orozco, estimamos que la mejor estrategia para cumplir los compromisos de Colombia tendrá un costo de entre 7,7 y 12,7 por ciento del PIB por año hasta 2050. Esta es una cifra enorme: basta decir que la inversión total del Gobierno Nacional en 2023 será 2,4 por ciento del PIB.

Según nuestros cálculos, la transición climática de Colombia es una de las más costosas. La cifra equivalente para Estados Unidos y la Unión Europea es 6,5 % de PIB. La principal razón es que somos un país en pleno desarrollo que cada día requiere más energía, por lo que cumplir las metas exige un esfuerzo creciente. Las cifras para otros países de América Latina son más bajas, pues tienen metas menos ambiciosas.

Además, estos costos se refieren solo a la mitigación, es decir, la reducción de emisiones. Una vez se añaden los costos asociados a la adaptación frente al cambio climático, las cuentas son aún más preocupantes. La razón: en deforestarcada dos años ocurre un evento climático extremo, mucho más que en la mayoría de países.


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Pero esto no es lo más grave. Colombia es un exportador de combustibles fósiles cuya demanda es previsible que se reduzca en el futuro. Además, los productos agrícolas de exportación que tienen una alta huella de carbono podrían quedar expuestos a aranceles y otras medidas compensatorias por parte de los países que los compran. Es decir, la transición climática trae de la mano un claro riesgo de pérdida de ingresos.

Metas ambiciosas, altos costos y menores ingresos no son una ecuación fácil de resolver.

Por ello, no tiene sentido acelerar la reducción en el ingreso petrolero. El papel del petróleo en nuestras propias emisiones de GEI es marginal, mientras que resulta imprescindible para financiar la transición. Además, mientras exista la demanda global, cada barril que deje de producir Colombia lo producirá alguien más, así que tampoco se contribuye a reducir las emisiones globales de GEI.

Por último, aunque hace bien el presidente Petro al buscar la cooperación internacional, y enfatizar el papel del Estado en la descarbonización, debería convertir al mercado en un aliado. Los recursos que necesita Colombia para cumplir sus metas dependerán críticamente de la capacidad de vender créditos de carbono en un mercado global, al que todavía le falta profundidad. A Colombia le ha ido mejor cuando busca sus propias soluciones y no se queda a la espera de la solidaridad internacional.

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Lunes, 28 de Noviembre de 2022

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La metodología Design Thinking se pueden resolver los problemas más complejos que una empresa tenga de manera interna, siendo solucionados de la forma más sencilla, innovadora y siempre enfocada en las personas.
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La necesidad de innovar que presentan hoy en día las empresas es clara, ya no se trata solo de generar nuevos procesos sino de aterrizar las ideas innovadoras también en la resolución de problemas.

Para el 2019, el 69% de las empresas en el mundo percibían los procesos de innovación de manera mucho más eficiente, gracias al design thinking, según un estudio de Parsons New School. Son muchas las compañías que lo aplican para incrementar la productividad y la eficiencia al buscar soluciones aptas para los problemas que surgen.

Según Creativity at Work, en el 2019 el 82% de las organizaciones a nivel mundial consideraban que existe una conexión innegable entre la creatividad y la búsqueda de buenos resultados.

Según la Escuela Superior de Diseño de Barcelona (Esdesign), este método tiene su origen en el diseño, en ambientes totalmente creativos, pero ha logrado mudarse a cualquier otro ámbito, siempre con el mismo fin: dar soluciones.


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Se caracteriza porque busca darle una mirada diferente a los problemas, en donde el foco central deja de ser el problema como tal, sino que es más bien de éste que se parte para generar la solución apropiada. Sus bases están la lógica, la intuición y el razonamiento, con el fin de conseguir un resultado que se adapte a las necesidades de cada persona o equipo.

Según un artículo de The Economist, en un estudio realizado por la Universidad de Virginia, el cerebro humano tiene una tendencia a agregar cosas cada vez que se le pide una idea innovadora y diferente. Es por esto que este proceso es una solución clave a esta necesidad que tiene el ser humano, porque a partir de las cinco fases que posee es que se puede generar una solución diferente y eficaz a cualquier problemática.

Según Esdesign, “todas tienen los mismos principios, aunque con variaciones ligerísimas, también las mismas fases”:

1. Empatizar con clientes y usuarios: el punto es hacer que se sientan cómodos y así poder obtener la mayor cantidad de información que sea posible con respecto a la solución que se está buscando. Analizando tanto la comunicación verbal como la no verbal para así llegar a conclusiones.

2. Definir y concretar las necesidad e ideas que tienen los clientes y usuarios: de acuerdo a los datos que se tienen frente al problema, se genera una base para desarrollar ideas y posibles soluciones.


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3. Generación de ideas para solucionar problemas: esta es una de las etapas más importantes del Design Thinking, ya que todas las ideas que hayan sido generadas, se darán en torno a las primeras deducciones sobre el proceso y deben caracterizarse por ser un avance.

4. Preparación de un prototipo: aquí se configurará de acuerdo a la lluvia de ideas pensada, una posible solución. Ésta no puede tomarse como el resultado definitivo ni tampoco como la única manera de resolver el desafío.

5. Prueba del prototipo: es cuando se prueba si esa idea inicial realmente funciona y cumple con dar solución a las necesidades que tiene la problemática presentada. Hay que tener en cuenta, que estas fases no son secuenciales.

Es decir, “no tienen que realizarse obligatoriamente una después de la otra, sino que se pueden desarrollar sin ningún tipo concreto de orden.” como lo afirma Esdesing. Y es por esto que la duración de este tipo de proyectos varía mucho, porque a pesar de tener pocas fases no es un proceso rápido ya que, todo depende de la problemática a la que se está enfrentando. Es importante programar, como mínimo, una reunión dedicada a cada fase del proyecto, para así poder estudiar a fondo cada idea propuesta.

Son muchas las empresas del mundo que ya han implementado este modelo de solución de problemas, pues actualmente las grandes compañías como IBM y Zara son casos de éxito en el uso del Design Thinking para abordar sus problemáticas.

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