Yoelis Camargo crea fundación para enseñar a tocar violín

Lunes, 19 de Octubre de 2020
Una joven venezolana que se aferra a la música para salir adelante.

Contrario a lo que le ocurrió a la cantante Reymar Perdomo, Yoelis Alejandra Camargo Ramírez se quedó en Barinas, Venezuela, a la espera de que su madre colombiana, Olga Rosalía Ramírez, se ubicara en Cúcuta para poder partir  con su música. “Porque en Venezuela los días pasan como si fueran siglos, son una eternidad”. Y “Me fui” como dice la canción que se ha convertido en el himno de los migrantes.

Hace cuatro años, después de recibir el título de abogada llegó a la frontera, a Villa del Rosario, al lado de sus padres y hermanos. “Agarré mi violín y mi equipaje y aquí estoy, creyendo en mí”.

Recurrió a su talento y se unió a unos músicos que la invitaron a tocar en la calle, detrás del Ventura Plaza. Aún no tenía la nacionalidad colombiana y le era difícil conseguir empleo. Allí pasó dos meses y medio, de octubre a diciembre, bajo el sol y la lluvia y la mirada de extraños. “Fue una experiencia bonita, enriquecedora”. En diciembre le llegó la cédula colombiana y el panorama le empezó a cambiar.

Hasta que dijo: no sigo tocando en la calle. Empezó a conocer mucha gente y llegaron los contactos y los contratos para eventos privados. Aceptó la invitación de un grupo musical y se fue a un recorrido por Ibagué, Neiva, Armenia, Pereira y Bogotá.

Al regresar a Villa del Rosario, días antes de la declaratoria de la pandemia, empezó a manejar contenidos en las redes sociales, a subir videos tocando el violín y cantando a capela, conquistando a seguidores de todas las latitudes.

Yoelis Camargo, acabó de cumplir 24 años, tiene muchas ambiciones y no le gusta quedarse quieta. Espera revalidar su carrera de abogada para poder trabajar en esa rama también, “porque soy soñadora y creo que nada es imposible”. Le gusta rodearse de personas humildes, pero con propósitos.

A pesar de ser muy joven, aprovechó el tiempo para hacerse profesional en violín, lenguaje y arreglo musical en el sistema de orquestas de Venezuela y la formaron también,  de manera pedagógica, para  enseñar. Por eso dicta cátedra virtuales con una academia on line de música.

Y se estrenó como cantante de manera empírica e inesperada. En Barinas se arriesgó a presentarse a un casting para una agrupación latina-tropical y fue escogida de inmediato. En el camino se fue puliendo en este género durante un año.

Sin embargo, su voz la puede moldear a un bolero, a una balada o a un vallenato, como lo está experimentando en estos momentos. Así como es capaz de tocar el violín también lo hace con el chelo y el ukelele. La guitarra le ha sido un poco esquiva, pero también la agarra de vez en cuando para subir videos en Instagram.

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El violín y el acordeón

Esa combinación la quiso hacer desde que estaba más joven, pero no había encontrado la acordeonera ideal y fue aquí en Cúcuta donde le advirtieron de la talentosa Dayana Pineda, quien ha competido en estas lides en el Festival de la Leyenda Vallenata, en Valledupar, y en otros festivales de La Guajira donde se ha alzado con el título.

La siguió en Instagram y constató la versatilidad de la cucuteña hasta contactarla por teléfono y solicitarle una cita. El encuentro se dio el 10 de septiembre y de inmediato las dos jóvenes empezaron a acoplarse como si llevaran años interpretando juntas. “Recuerdo un amor” de Alex Manga, fue el vallenato que montaron en Instagram y funcionó.

Dayana Pineda considera a Yoelis Camargo una mujer talentosa y viceversa. El violín y el acordeón empezaron a mezclarse de manera armónica que generaron un aluvión de comentarios en redes sociales. Las dos jóvenes empezaron a formalizar un proyecto que muy pronto oficializarán.

 Con la acordeonera Dayana Pineda armó un dúo que ha sido la sensación en redes sociales.

La fundación

Viendo la necesidad en el sector de La Parada empezó a dictarle clases a unos niños interesados en ese mágico instrumento.

Su vocación por la enseñanza siempre está a flor de piel y poco a poco se le ha ido engrosando el número de alumnos. Recuerda que a los seis años de nacida aprendió a tocar ese instrumento de cuerda en el Conservatorio Simón Bolívar y en la academia latinoamericana del violín en Venezuela.

 Lo hace sin cobrar un solo centavo. Y en Instagram montó una de esas clases y tres voluntarios ofrecieron instrumentos para que no se detuviera en las clases.

Al ver que se estaba formalizando ‘el colegio’ se interesó por crear una fundación, aún en trámite, para jalonar recursos y violines y favorecer a los niños de la frontera. Tiene aprendices de Venezuela y de Colombia porque la idea es formar una orquesta binacional.

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Celmira Figueroa