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Autopista Internacional fue convertida en plaza de comidas

Domingo, 19 de Marzo de 2017
En cercanías al puente Simón Bolívar pululan nubes de olores de las improvisadas cocinetas.

Desde la apertura peatonal de la frontera, la Autopista Internacional Simón Bolívar se está convirtiendo en una enorme y peligrorsa plaza de comidas.

Los primeros vendedores llegan cada día a las 6 a.m., desde Villa del Rosario y Cúcuta. Ya tienen sus lugares en los puntos más estratégicos de la vía, para vender comidas rápidas, en condiciones lamentables de higiene.

A los compradores que vienen del otro lado de la frontera los atraen los olores que salen de las improvisadas cocinetas.

Arepas rellenas, pasteles, chorizos y salchipapas son alguna de los platos del menú mañanero que se ofrece a dos kilómetros del puente internacional.

Además de los taxistas y buseteros, que también se adueñaron de la vía, los vendedores ubican sus puestos de comida en el andén, frente a los locales comerciales tradicionales, en la calzada y hasta en el separador 

En la  mitad de la doble calzada, un puesto de comidas se convirtió en el favorito del gremio de transportadores. La comida la preparan en fogones de leña cuyo humo se esparce por la calzada, violando elementales normas de seguridad.

Según Saúl Cristancho, secretario de Gobierno de Villa del Rosario, los improvisados puestos no tienen  permiso de uso del suelo ni licencia de funcionamiento. No explica, sin embargo, por qué los permite.

En el afán de hacer comprar y regresar rápido, los venezolanos optan por comer allí, sin percatarse del origen de las carnes, las condiciones higiénicas de los puestos, el manejo irregular de los alimentos, la exposición a las altas temperaturas y los gases de los vehículos, un conjunto que puede generarles graves problemas de salud.

A las 11 a.m., el menú cambia. Pollo frito, perros calientes, hamburguesas y fritanga reemplazan el tradicional almuerzo de sopa y seco. Una porción de pollo con papas fritas,m o  un combo de salchipapa con gaseosa, valen 2 mil pesos, y un plato de fritanga, 5 mil. 

Los bajos precios de las comidas parecen encantar el bolsillo de los consumidores, que olvidan  los riesgos de salud a los que se enfrentan como las ETA (Enfermedades Transmitidas por Alimentos).

Según José Trinidad Uribe, coordinador de Salud Ambiental de Cúcuta, las enfermedades transmitidas por alimentos más frecuentes son la salmonelosis, disentería amebiana, intoxicaciones estafilocócica y gastroenteritis por bacillos. 

Los consumidores no asocian estas enfermedades con el consumo de alimentos en la calle. Por eso, el Instituto Departamental de Salud (IDS) realiza campañas de promoción sanitaria, en busca de crear conciencia entre los consumidores,  acerca de los riesgos de salud por estas comidas.

Yovanny de Jesús Winchef, vendedor de ceviche, es consciente del cuidado que se debe tener a la hora de manipular los alimentos, sobre todo de marisquería.

“Un marisco descompuesto es una gota de cianuro para el ser humano”, dice, y explica que en su carro tiene un tanque de refrigeración y que usa guantes y delantal.

Pero no todos tienen en cuenta los controles sanitarios. En el afán de aprovechar la oportunidad no cumplen con los requisitos de manipulación de alimentos ni piden los permisos oficiales obligatorios para la venta callejera de comida.

Trinidad señala que las comidas que se distribuyen a bajo precio en las calles provienen de carnes de contrabando, que son un peligro muy grave para los condumidores. 

Durante 2016 se presentaron 46 casos de salmonelosis en el área metropolitana de Cúcuta, y en lo ocurrido de este año, 3 casos más. Pero el riesgo de una intoxicación masiva está ahí, a la vista de todos.

Angélica Rojas | Practicante de periodismo

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