De casa en casa: médica venezolana atiende en veredas de Chitagá

Sábado, 26 de Diciembre de 2020
La galena Karol Ortiz empezó su nueva vida como agricultora. Ahora asiste en la salud a los campesinos.

De un consultorio al campo. Así cambió la vida profesional de Karol Andreina Ortiz Leal, una médica venezolana que, luego de trabajar en un hospital del vecino país, se dedicó a la agricultura y ahora presta asistencia en salud a los pobladores de las veredas de Tane, Tapurcuá y Carrillo del municipio de Chitagá en Norte de Santander. 

Para ella, las guardias son completamente distintas. Cuando antes caminaba por los pasillos de un lado a otro atendiendo las urgencias en el centro de salud,  hoy recorre hasta tres horas para llegar a una casa y atender a un paciente que requiere una inyección, tomarle la presión o hacerle un diagnóstico general.    

Decidió venir a Colombia porque el salario como profesional  no le alcanzaba para mantener a sus dos hijos, de 10 y 2 años. Actualmente, un doctor en Venezuela gana 6 dólares, un sueldo devorado por la inflación más alta del mundo y que ha provocado el éxodo masivo de 30.000 especialistas, según la Federación Médica Venezolana.   

Karol salió de su pueblo natal llamado Bailadores, en el estado Mérida, porque las oportunidades de superación en su país se truncaban y proseguir con estudios de especialización era muy difícil. Recuerda que lo más triste ha sido dejar a sus dos hermanas y sobrinas. 

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El primero en venir a Colombia fue su padre porque es de Chitagá.  Ella llegó después a Pamplona, pero no consiguió trabajo. 

“Mi papá tenía una amiga y nos fuimos a la vereda Negavita y empecé a trabajar oficios del campo, sembrando, podando, cositas así que no iban conmigo. Mi papá fue fundamental en mi proceso de integración. Él  habló con muchas personas que conocía, entre ellos un concejal para conseguir empleo”, relata la doctora.
  
La nueva vida no la amilanó porque viene de un municipio también 100 por ciento agrícola, donde habitan muchos colombianos. Una “Colombia chiquita”, como ella lo llama. Cosechó cilantro, arvejas, maíz y frijoles.    

Aceptación  

Ejercer su profesión tuvo el consentimiento de la Alcaldía de Chitagá, que diseñó un plan preventivo en las veredas más alejadas del municipio para contener la propagación del coronavirus y asegurar la producción agrícola.  

Aunque no tiene su título avalado, se desempeña como auxiliar de COVID-19, ofreciendo charlas a la comunidad sobre cuáles son los primeros síntomas, concientizando especialmente a las familias en las veredas. Lleva tres meses en esta labor.

“Siempre voy es casa a casa. Hay personas que preguntan si puedo ir y yo acepto. Me facilitan llevarme en una moto, voy y le presto el servicio al paciente o a la familia que me pide ayuda. También tengo a la mano medicamentos que siempre les facilito, atiendo pacientes para controlarle la presión arterial, la glicemia. He conseguido enfermos de piel y limpio suturas. Cuando son emergencias más complejas como fracturas o enfermedades crónicas los remito a Pamplona para que sean atendidos”, narra la profesional.  

Ana Cecilia Ortiz, secretaria general del Gobierno de Chitagá, mencionó que el aporte de estos profesionales ha sido bastante representativo porque antes no se había planteado llevar personal médico a las casas rurales.

“Esto les ha permitido a los pacientes optimizar tiempo en cuanto al desplazamiento, gastos en pasajes, porque están a 12 horas de distancia del hospital, y ahora en la pandemia se usa esta modalidad para evitar menos riesgos de contagio, y generar mayor confianza y más cercanía, de parte del médico y del paciente”, expresó la funcionaria.  

Ortiz destacó que la Alcaldía hizo un pliego de condiciones que debía reunir el médico para desempeñar este cargo, sobre todo en la adaptación hacia la comunidad rural, y entre muchos candidatos que se postularon Karol cumplió con los requisitos. 

El objetivo del alcalde  Jorge Rojas Pacheco, es garantizar que los campesinos estén sanos porque gracias a su trabajo mantienen la productividad de los campos y la alimentación del país. 

Empatía 

Karol menciona que los pacientes le agradecen cuando los atiende. Algunos le piden que les coloque el medicamento y ella acude a la vivienda donde se encuentran para colaborarles. Se ha encontrado con muchos venezolanos en las veredas -la mayoría mujeres embarazadas-, a quienes nunca había  visto y al estar frente a ellos se hablan como si fueran hermanos. 

Como Laureano Mora, residente en la vereda de Tane, quien valora la disposición y atenciones de la doctora hacia su familia. “Es una gran ayuda porque hacía mucha falta en esta zona. Para colocarse una inyección o cualquier cosa, uno no hallaba con quien hacerlo y ella ha sido muy buena con nosotros y con todos en la vereda”, señaló el poblador.  

“Para mis compañeros es una maravilla que vengan otros médicos a colaborarles en las atenciones, que no importaba que fuera de otro país, sino una persona que trabajara en Tane, que era muy bueno que tomaran la vereda en cuenta, porque es muy difícil salir de ella para ir al hospital de Pamplona porque está a más de 40 kilómetros”, sostuvo Karol. 

Elberth Estupiñán, secretario de Salud y Desarrollo Social Comunitario de Chitagá, cree oportuna la colaboración de la doctora Karol y de otros médicos en áreas rurales porque hay población migrante y vulnerable que no cuentan con un servicio de salud. En Chitagá se han identificado unos 915 migrantes venezolanos, según el último corte de  octubre de Migración Colombia. 

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“Ha sido una experiencia buena en el sentido personal (…) Gracias a Dios se han ganado el corazón del municipio y han hecho un buen trabajo y no hemos tenido inconvenientes”, recalcó Estupiñán y mencionó que en este proyecto participan dos médicas colombianas. 

Había otro médico venezolano que ofrecía atención integral, pero retornó a San Antonio del Táchira. 

“Uno busca que estos profesionales tengan experiencia en el campo. Se hicieron llamados a médicos colombianos, pero no les llamó la atención salir a las veredas a prestar asistencia médica porque son de difícil acceso, en ocasiones toca hacer una jornada completa de una semana en una vereda”, acotó Estupiñán.  

Aporte al país

Karol quiere demostrar que los venezolanos están dando lo mejor para levantar al país que le ha abierto las puertas. Se ha sentido bien recibida, ganó la confianza de sus pacientes y no conoce el rechazo.  Ella quiere especializarse en gineco-obstetricia en Colombia o Venezuela.  

Ortiz indicó que los médicos venezolanos han tenido bastante aceptación y debe dárseles espacios para conocerlos. “Ha aportado bastante porque el trabajo ha sido en equipo y se busca desarrollar que haya salud en las diferentes veredas y se vea reflejado en una mayor calidad de vida de nuestra población”, dijo la secretaria de Gobierno.  

La carrera que estudié, no importa el color, religión o partido político que sean, se trata de hacer un acto de humanidad. Si me toca atender colombianos, venezolanos, ecuatorianos, para mí todos son iguales, son seres humanos y también necesitan ayuda”,  concluyó la doctora.