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La pandemia agudiza crisis de universidades del Táchira

Domingo, 13 de Septiembre de 2020
Sin presupuesto para el funcionamiento ordinario y en medio de fuertes carencias en servicios básicos, los retos de la virtualidad complican el panorama.

Septiembre, en Venezuela, es sinónimo de regreso a clases, desde la educación elemental hasta las universidades han dispuesto históricamente sus aulas para recibir a los alumnos ávidos de nuevos conocimientos. Este septiembre, sin embargo, tanto en Venezuela como en diversas partes del mundo, el regreso a clases tendrá un tenor diferente, ajustado a nuevas normalidades y circunstancias.

En lo que al sector universitario se refiere, la crisis educativa que en los últimos años ha marcado huella en la academia, se acentúa por la abrumadora migración de jóvenes y profesionales de trayectoria, que ha dejado las aulas vacías, tanto de alumnos como de docentes.

A todo ello se suma, ahora, una pandemia que cobra millones de vidas en todo el mundo y para cuya prevención son necesarios el distanciamiento y la aplicación de una serie de protocolos, poco compatibles con aulas de 50 alumnos, pasillos llenos de jóvenes que corren de un salón a otro, tertulias estudiantiles. El sentido común obliga entonces a un mayor uso de la virtualidad, las herramientas en línea se convierten en cosa de todos, y las aulas de clases amenazan con migrar a chat, grupos y reuniones en línea.

Desde el 2007, las universidades públicas en Venezuela sufren una seria afectación presupuestaria, pues solo se les envía desde el nivel central, el 35% de los recursos requeridos para su funcionamiento.

Raúl Casanova, rector de la Universidad del Táchira (Unet), destaca que esta situación afecta de manera integral a la universidad, desde el mantenimiento de áreas verdes hasta la investigación, equipamiento o el mejoramiento profesional de los profesores, pasando por las becas estudiantiles e incluso los salarios del personal; en este momento, los ingresos de los académicos venezolanos oscilan entre montos equivalentes a los 5 y los 20 dólares mensuales.

Resalta con orgullo que la Unet está recogiendo lo sembrado, pues la excelencia académica de sus egresados les permite ahora retribuir a su alma mater, enviando recursos desde el exterior, a pesar de que no logran cubrir la totalidad de los gastos, constituyen un aporte importante para el mantenimiento de áreas verdes e infraestructura, incluso, para la adquisición de equipos ante la posibilidad de apoyar la educación virtual en un futuro próximo.

Casanova explica que, aún en medio de la pandemia y con actividades académicas presenciales paralizadas, el trabajo de la universidad no se detiene. Aunque la travesía ha sido bastante difícil, por cuanto solo un pequeño grupo de profesionales sigue apoyando, sobre todo, en la administración central, docencia virtual, seguridad y vigilancia de la institución. Ello ha requerido la adquisición de equipos e insumos de bioseguridad, coordinar una logística de movilización del personal ante la falta de combustible, apoyo alimentario. “La pandemia ha profundizado la brecha de las necesidades económicas y deja en terapia intensiva al sector universitario”, enfatiza.

Omar Pérez Díaz, coordinador académico de la Universidad de Los Andes Táchira (ULA), hace hincapié en que la situación generada por la pandemia es inédita en la educación venezolana, donde la virtualidad requirió un enorme esfuerzo por parte de profesores y alumnos, forzados a superar las limitaciones de fallas constantes y prolongadas en servicios como la electricidad, falta de equipos tecnológicos o internet, a la hora de culminar el año académico 2019-2020 para las carreras de anualidad o el primer semestre de 2020, para las que se desarrollan bajo esa modalidad.

“Nosotros no estábamos preparados para una educación en contexto de emergencia, que en nuestro país tiene muchísimas limitaciones operativas; sin embargo, el deseo de mantener la universidad operativa, llevó a académicos, extensionistas e investigadores a contribuir con recursos propios para lograr el objetivo”.

Dignificar el ingreso 

El principal factor de riesgo para las universidades venezolanas es el bajo nivel de ingresos para docentes, personal administrativo y obrero. “Lo primero que tiene que hacer el Ministerio de Educación Superior es dignificar los salarios del sector universitario, que hoy apenas gana para comprar un kilo de carne y un cartón de huevos”, afirma Pérez Díaz.

“En este momento el docente universitario se ha convertido en un ser vulnerable, pues percibe ingresos que no logran realmente satisfacer sus necesidades más elementales, no cuenta con acceso a atención médica, no tiene atención social”, dijo el catedrático. Pérez Díaz lamentó que el Estado venezolano haya “priorizado invertir en armamentos, tanques y misiles antes que en educación” a todos los niveles y, especialmente, a nivel universitario.

Homero Maldonado, directivo de la Asociación de Profesores de la ULA, llamó la atención sobre esta vulnerabilidad que afecta sobre todo a los profesores más antiguos, algunos de ellos ya jubilados, con serios problemas de salud, quienes ya imposibilitados para trabajar, han consumido los ahorros de toda la vida tratando de subsistir durante los últimos años, “pero ya esos ahorros se acabaron y ahora algunos de ellos se encuentran en condiciones realmente tristes, después de dedicar su vida a formarse y a formar”.

La Universidad de Los Andes Táchira cuenta con un universo de 615 docentes, y según estimación de sus autoridades, el 90% enfrenta dificultades para cubrir sus gastos alimentarios y de salud, muy a pesar de que esta institución constituye una referencia a nivel nacional por el número de profesores con estudios de doctorado y posdoctorado, además de la reconocida excelencia académica de sus egresados.

Como alternativa para salir de la terapia intensiva en la que la crisis y la pandemia mantienen a todo el sistema de educación superior, los académicos señalan  que el país debe sacrificar recursos de sectores no productivos y derivarlos a la educación, construyendo un círculo virtuoso que permita aprovechar a los nuevos profesionales de cara a una fase de progreso económico.

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Eilyn Cardozo

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