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Los riesgos de cruzar la frontera en cuarentena

Domingo, 7 de Junio de 2020
Desde el inicio del aislamiento obligatorio, las fronteras con Venezuela se cerraron. 

Quienes estén en Colombia o Venezuela pensando en cruzar la frontera durante la pandemia tienen que tomar en cuenta los siguientes riesgos que podrían enfrentar desde robos, estafas y hasta contagiarse de coronavirus 

Lo primero que deben saber es que Colombia cerró la frontera con Venezuela desde la madrugada del 16 de marzo como medida de precaución para evitar la propagación del coronavirus. No hay ningún tipo de tránsito por los puentes internacionales, solo se les permite a aquellos venezolanos que van por razones médicas a través de un canal humanitario.

El traslado hasta la zona fronteriza desde cualquier ciudad de Venezuela se efectúa en dólares, tanto el traslado por pasajero como el pago de la gasolina que utilizará el vehículo.  

Las autoridades migratorias advirtieron que el paso por las trochas es ilegal, y quienes se atrevan a hacerlo corren el riesgo de ser blanco de las bandas delictivas, dedicadas a estafas y robos. “No se expongan a pasar por trochas, es una época de cuidarnos todos”, expresó Juan Francisco Espinosa, director de Migración Colombia.

Travesía peligrosa

Al no existir ruta segura y disposición de transporte, el camino es sumamente peligroso y debe recorrerse a pie o en un camión 350 como hizo Fernanda Sarmiento, oriunda del estado Zulia. La mujer decidió regresar a Colombia acompañada por una amiga, porque dejó a sus hijos y madre en la ciudad de Santa Marta. Ella solo fue al vecino país a dejar unas medicinas a su abuelo enfermo, pero quedó atrapada por la cuarentena.  

Aunque no pudo viajar a Táchira para pasar la frontera por Norte de Santander como estaba habituada, Sarmiento decidió ir hasta La Raya, en el corregimiento de Paraguachón de la Guajira colombiana para luego viajar a Maicao. Para eso pagó 5 litros de gasolina en dólares y compartir la banca en la parte trasera del camión junto con otras 20 personas entre jóvenes, niños y adultos mayores. La mayoría no portaba tapabocas, uno al lado del otro.

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Durante las 10 horas de viaje no se sintió segura. Nunca vio una carretera sino un largo camino de tierra con alcabalas improvisadas de delincuentes cobrando en pesos colombianos por dejarlos pasar. Advirtió que transitar sin alimentos y sin agua, en un ambiente de extremo calor, la descompensó, a tal punto de desmayarse dentro del camión. De no ser por su acompañante, la hubieran despojado de las pocas pertenencias que llevaba o pudieron atentar contra su integridad.

El otro problema fue el traslado de Maicao hacia Santa Marta. Debido a las restricciones del confinamiento, no hay transportes directos, por lo que se corre el riesgo de ser víctima de transportistas particulares que hacen escalas y así poder cobrar a su conveniencia. 

Antes de cruzar, los migrantes no cuentan con ninguna atención en salud y es otro de los riesgos a los que se enfrentan.  Al llegar a Colombia relató que se quedó en una pieza aparte por miedo a contagiar a sus hijos y acudió a un centro de salud en Santa Marta para someterse al estudio y descartar la enfermedad. El examen, para su alivio y el de la familia, resultó negativo.

Experiencia del lado venezolano 

El panorama no es alentador en el vecino país para atender a los migrantes venezolanos. Eliécer Gómez contó que viajó desde Bogotá hacia Cúcuta en transportes particulares, en la parte trasera de camionetas y camiones que lo auxiliaban en el camino. Al cruzar por la trocha en Táchira lo despojaron de una maleta donde llevaba la ropa, medicinas y pañales para su hijo, próximo a nacer en Valera, estado Trujillo. Solo quedó con un poco de dinero que llevaba escondido en uno de sus zapatos.

Relató que por cruzar la trocha no recibió atención médica y aun así siguió el camino hacia su casa. “Nadie llevaba tapabocas y no hay garantía de que puedas llegar sano donde está tu gente. No le recomiendo a nadie que haga lo que yo hice”, expresó el joven de 23 años. 

Tampoco hay una atención integral en Venezuela. La Gobernación de Táchira habilitó salas ambulatorias para apoyar a la población en casos de emergencias, pero no cumplen con los estándares de cuidado por falta de insumos para hacer frente al coronavirus. 

Muchas organizaciones internacionales han dejado de trabajar por la presión del gobierno actual y hasta el momento solo han habilitado carpas improvisadas en terminales de transporte, moteles y hoteles para una estadía temporal mientras esperan el tiempo reglamentario para trasladarse a sus ciudades de origen. Solo Caritas ofrece ayuda a los migrantes venezolanos que retornan con donaciones de alimentos a los refugios.

Se han hecho algunas alianzas entre droguerías y empresas de salud privadas que aportan insumos a la Cruz Roja venezolana y estas a su vez las distribuyen a los centros de salud de los estados fronterizos de Venezuela con Colombia, y de alto riesgo como Zulia, Táchira, Barinas y Apure. Pero no hay una entidad que agrupe esfuerzos y los reciba en su país natal al retornar.

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