75 años del fin de la Segunda Guerra Mundial

Sábado, 5 de Septiembre de 2020
Aunque mucho se ha escrito sobre la guerra y su final, hay una visión que poco se menciona y lo que los gringos llaman “what if”.

El pasado 2 de septiembre se conmemoraron 75 del fin de la Segunda Guerra Mundial con la rendición incondicional de Japón en el acorazado estadounidense Mussouri, ante el general Douglas MacArthur. Terminaba el mayor conflicto mundial en la historia del hombre, menos de treinta días después del lanzamiento de las bombas atómicas estadounidenses sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, y seis meses después del bombardeo sobre Tokio que mató a cien mil personas.

Si el fin de la guerra en el teatro de operaciones europeo había mostrado actos increíbles de crueldad, aparte del descubrimiento de los aliados del holocausto judío y de otras minorías, en Japón llegó a niveles irracionales con la locura kamikaze y las peleas cuerpo a cuerpo a cuchillada limpia. 

Aunque mucho se ha escrito sobre la guerra y su final, hay una visión que poco se menciona y lo que los gringos llaman “what if”, es decir, como hubiera sido la historia sí se hubieran escogido posibilidades que en su momento fueron tan válidas como las que finalmente se escogieron. “Qué tal si” se hubieran dado otras condiciones históricas.

Es muy citada la alegoría coloquial que busca conceptualizar la teoría del caos, al decir que el aleteo de una mariposa en el Amazonas genera una tormenta de nieve en Nueva York.

La teoría de los sistemas complejos, tiene una de sus características definitorias en que causa y efecto no tienen relación lineal, sino que el efecto, debido a los múltiples agentes interactuando en el sistema, puede ser totalmente desproporcionado. Y en muchas ocasiones pequeñas decisiones tienen brutales resultados históricos.

Cuando Alemania invadió en junio de 1941 a Rusia, muy rápidamente implantó su política de Lebensraum (espacio vital), que buscaba tierra y siervos para los señores de la raza aria, logró unir a los rusos en una guerra total con Alemania.

Si la actitud alemana hubiera sido como la asumida por ellos en los países controlados en Europa occidental, de mostrar algún tipo respeto a la población, es bastante posible que el pueblo ruso hubiera tumbado el bolchevismo, pues los primeros días de la invasión los alemanes fueron recibidos por los rusos como libertadores.

Si ello hubiera sucedido y los rusos hubieran derrocado a Stalin y su cohorte, Alemania hubiera podido avanzar hacia el Asia, fortaleciéndose de tal manera que hubiera sido casi imposible derrotarlos, o al menos el costo de ello hubiera sido muchísimo más alto.

Es más, derrotada Rusia tomar Turquía, y conquistar Estambul reconvirtiéndola nuevamente en la Constantinopla cristiana, un viejo sueño occidental desde la caída de esa ciudad a manos de los turcos otomanos en 1453.

Si en la batalla del Pacífico en Midway en 1942, donde los estadounidenses hundieron cuatro portaviones japoneses de diez que tenían, pérdida que no pudo recuperar el imperio del sol naciente, los aviones caza de Estados Unidos no hubieran contado con la suerte de encontrar la flota japonesa sin defensa aérea después de haberse perdido buscándola, Japón hubiera ganado la batalla, se habría posicionado en las islas Midway y hubiera podido destruir la flota de portaviones estadounidenses en el Pacifico, dejando como posibilidad real la invasión continental de los Estados Unidos. 

La incursión de Alemania en Asia, hubiera llevado a un encuentro entre el Tercer Reich Alemán y el Imperio del Sol Naciente, y no hay manera ni siquiera de especular que hubiera pasado en ese encuentro. Estos serían los dos imperios dispuestos a controlar el mundo, bien de común acuerdo o por la lucha a muerte entre los dos. Hubieran podido pensar en tomar juntos el mundo anglosajón, el Reino Unido de la Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Australia e India, como miembros de la Mancomunidad Británica, logrando Alemania no solo recuperar Constantinopla, sino hacerse regidores de la sagrada Jerusalén. Hitler no era muy religioso, pero sabía muy bien el impacto de acciones de alto simbolismo.

De mucho menor proporción, pero igualmente interesante, es lo que hubiera pasado si cuando la invasión de Francia por Normandía, se hubiera realizado primero por España como en algún momento lo propusieron los británicos. La caída de Franco hubiera cambiado totalmente el destino de España, que se hubiera librado de tres décadas de dictadura fascisto-religiosa, que mostrarían hoy otra cara de ese país ibérico.

¿Y qué hubiera pasado si la Cámara de los Comunes británica hubiera retirado de la jefatura de gobierno a Winston Churchill y aceptado la política de apaciguamiento del expremier Neville Chamberlain y el obsesionado con esa política, lord Halifax? El “control” de la Gran Bretaña y muy probablemente del Imperio Británico por parte de Alemania, habría significado un agigantamiento de Alemania que habría hecho muy difícil y larga en el tiempo su derrota, si ésta se lograba.

La Segunda Guerra Mundial muy probablemente habría llegado hasta la década de los sesenta, eso si antes Alemania no desarrollaba el poder nuclear que la hubiera hecho imbatible. Y en el mismo sentido, si Alemania no hubiera perseguido a sus científicos judíos, quienes emigraran a Estados Unidos, éste país no habría podido desarrollar la bomba que le permitió arrodillar a Japón.

Muchos “what if”, que eran fáciles de lograr, hubieran cambiado la faz del planeta.

Pero a setenta y cinco años del fin de la Segunda Guerra Mundial el mundo no es ya el de la guerra fría, así muchos no quieran aceptarlo, y una nueva realidad histórica se está haciendo presente que puede tener caminos igualmente desastrosos como los que se pudieron dar en la Segunda Guerra Mundial si se toman las decisiones inadecuadas, y llegamos al aleteo de la mariposa que ya no solo cree una tormenta en Nueva York, sino en el planeta. Son tiempos críticos, y como vemos, pequeñas decisiones pueden tener efectos devastadores, si no se tiene claridad de concepto. 

(Miembros de las Fuerzas del Interior francesas (FFI), detrás de una barricada en la que cuelgan retratos de dignatarios nazis en la calle Saint-Jacques de París.)

Para acercarnos a lo nuestro en lo que respecta al impacto de los “what if”, solo basta mirar lo que el cambio del articulito de la reelección inmediata de Álvaro Uribe ha tenido para este país.

Ese “cambiecito” que permitía la reelección inmediata nos llevó al desastroso segundo período de Juan Manuel Santos, que entregó el resto de la Constitución a las fuerzas del crimen organizado arropadas en un manto “político”, y que trajo además el golpe de estado institucional al irrespetarse en NO del plebiscito de los acuerdos Santos-Farc. Llegamos ahora a una captura total de varios poderes públicos y entes sociales, por el discurso socialista filo cubano, siendo los más notorios los medios de comunicación y la justicia.

En respuesta, un país angustiado por el riesgo de venezolanización de Colombia votó por otro designado de Uribe, Iván Duque, quien no sólo había mostrado una inexperiencia en el ejercicio del poder, sino una absoluta falta de conciencia histórica, que lo hacía declararse centrista en un país que votó por él para que restituyera el principio del orden, una de las piedras angulares de cualquier estado. Entretanto, la izquierda antidemocrática sigue en su labor de erosionar el estado libera.

Ahora sí que es cierto que nadie sabrá cuál va a ser la “nueva normalidad”. Todos estamos claros que las sociedades son sistemas complejos por excelencia; pero si había dudas, ellas desaparecen cuando nos damos cuenta que el cambio de un “articulito” puede destrozar la institucionalidad de un país, y todo por vanidad. La del que se creyó el cuento de ser indispensable y la del egocéntrico que solo quería un Nobel, así costará un país.

¿Cómo sería Colombia de no haberse aprobado el articulito? Cada uno puede especular sobre ello. Setenta y cinco años dejan muchas enseñanzas, lo que vemos es que raramente se aprenden.  

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