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El ‘Brujo’ del Café Tinto

Sábado, 25 de Septiembre de 2021
Desde hacía unos años, se había residenciado en la ciudad Luis Eduardo Villamil Guerra, a quien apodaban “el Brujo Villamil”, por su capacidad de envolver a quienes lo trataban.

Comenzando los años cuarenta, se produjo en la ciudad un gran revuelo por un caso de extrema gravedad en que se vio envuelto un prestigioso curandero, de esos que antaño se hacían llamar “brujos”, que no otros que aprovechados de la ignorancia de las gentes, utilizaban sus habilidades y su locuacidad para convencer incautos, y en este caso en particular, incautas a las que inducía a realizar actos que no eran propiamente piadosos y sí contrarios a la moral y a las buenas costumbres.

Desde hacía unos años, se había residenciado en la ciudad Luis Eduardo Villamil Guerra, a quien apodaban “el Brujo Villamil”, por su capacidad de envolver a quienes lo trataban. Había alquilado un local en la muy comercial calle doce entre avenidas, séptima y octava, muy cerca del Mercado de La Estrella y organizado un café, de esos que fueron tradicionales en la ciudad, donde se reunían los parroquianos, más que a consumir, a discutir de lo divino y humano que sucedía en el país y el mundo; el café fue bautizado con el sonora nombre de Café Tinto, como para que no quedara duda de su objetivo.

La zona, era propicia para que el negocio progresara y a su sombra, la de su propietario que no desperdiciaba oportunidad para “piropear” a todas las féminas que por el frente del negocio transitaban y quien cada día adquiría más fama por ayudar a sus congéneres a resolver sus problemas, especialmente aquellos sentimentales que con tanta frecuencia era consultado. Hay que recordar que por aquellos años, ese lugar era el centro de las actividades comerciales de Cúcuta, cuyo epicentro era el Mercado Central situado a escasos metros de su negocio y que a su alrededor pululaban otra clase de negocios, que llamaban “de dudosa reputación” donde mujeres de todas las condiciones se ofrecían a todos quienes por allí transitaban.

Aunque eran frecuentemente hostigadas por las autoridades y vapuleadas desde los púlpitos de las iglesias cercanas, no fue posible erradicar el flagelo sino hasta después del incendio que arrasó ese mercado y finalmente cuando otra conflagración devastó el edificio de La Estrella, cerrando las posibilidades a esta clase de negocios, que tuvieron que emigrar a la periferia de la ciudad.

Pues bien, el negocio del “brujo Villamil” había prosperado notablemente y su fama reconocida por propios y extraños crecía cada día.

Un buen día decidió sentar cabeza pues se había enamorado de una jovencita y como por aquella época, los trámites de matrimonio con una menor de edad –menor de 21 años- requerían tanto en lo civil como en lo eclesiástico, el cumplimiento de una serie de requisitos, tuvo que contratar los servicios de un abogado y para ello contactó a Luis Jesús Tarazona, para que hiciera los arreglos pertinentes que le permitieran concretar su unión marital.

Estando en los preliminares de la boda, la novia Isabel Contreras repetía de manera constante que lo amaba mucho, que le había jurado amor eterno y otros muchos dichos y consejos, pero cuando parecía que el caso tenía solución y prácticamente en las puertas de la iglesia, surgió la inquietud entre algunos conocidos de la prometida porque le notaban algunas incoherencias que les hacía presumir que la jovencita estaba “dominada por la sugestión”, razón por la cual, le solicitaron a las autoridades correspondientes, que entonces eran los detectives de la Oficina de la Seguridad, que indagaran sobre los hechos extraños que se sucedían con el proceder del famoso “brujo” y todo porque la joven novia apenas cumplía los catorce años.

Este dato llamó la atención de los detectives quienes en desarrollo de la investigación recibieron las denuncias de dos jóvenes más víctimas de Villamil quienes eran retenidas contra su voluntad y con engaños, en las instalaciones de su negocio el “Café Tinto”. En sus declaraciones ante el Inspector de Policía las declarantes contaron pormenorizadamente los actos del seductor y los motivos por los cuales se veían en la necesidad de obedecerle. Además de las dos denunciantes, fueron encontradas en deplorable estado de salud otras tres jovencitas de entre doce y trece años, identificadas como Raquel Contreras, Oliva Ramírez y Ernestina Zambrano.

Con el pasar de los días la situación del “brujo” se complicaba cada vez más pues fueron varias las menores que declaraban extensamente los abusos inauditos cometidos con el pretexto de curaciones y milagros. Se comprobó que mantenía de manera constante un grupo de entre tres y cuatro niñas bajo una sugestión que las movía a obedecer ciegamente a su voluntad corruptora.

Denunciado ante un juez que le dictó auto de detención por los delitos que involucraban la seducción de cinco niñas de entre diez a trece años, quien también decretó el embargo de sus bienes en cumplimiento de lo establecido en la Ley 94 e 1936.

Para el día de su detención hacía vida marital con Concepción Hernández, una joven de 20 años, a quien el juez entregó la suma de quinientos pesos, cantidad que fue sacada de la cuenta embargada del banco, perteneciente al “brujo”. Entre la relación de bienes embargados están dos bienes raíces, una radio y los muebles del establecimiento comercial, los cuales una vez rematdos servirán para la reparación de las víctimas.

Por decisión del mismo juez, su negocio “Café Tinto” fue cerrado, pues se logró establecer que desde hacía algún tiempo, el “Brujo Villamil” lo utilizaba como sitio de sus peores males quedando al descubierto sus características de maleante y corruptor de menores.

Aunque el “Brujo Villamil” trató de evadir sus responsabilidades, dejando encargado de su negocio a su amigo Héctor Arenas, los agentes de la Seguridad encontraron pruebas irrefutables que este sujeto también participaba del negocio de la “Trata de Blancas” y era cómplice de sus andanzas por lo cual fue igualmente denunciado y posteriormente detenido por actos inmorales.

Esta detención dio pie para que los agentes del detectivismo hicieran  una batida durante la semana que siguió a este caso, dando como resultado la detención de diez elementos sospechosos de distintas violaciones, después de las cuales sobrevino un tiempo de calma durante el cual, según reporte de las autoridades, no se registraron robos ni hechos de mayor gravedad.

Redacción: Gerardo Raynaud D. | gerard.raynaud@gmail.com