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Glosario (II)

Sábado, 28 de Agosto de 2021
Historia contemporánea.

En la anterior crónica se hablaba de los problemas que el Comando Popular Conservador había tenido con una publicación aparecido en el periódico Hoy, de cuyas páginas extremos algunas notas que fueron publicadas en la columna que lleva el mismo título de este artículo. Las controversias partidistas eran frecuentes por esos años y cualquier excusa era aceptable para darse “palo”, como lo demuestran las siguientes notas publicadas a mediados de los años cincuenta. Resulta que el columnista llama ‘Batacazo’ el siguiente comentario: “…la desautorización oficial que el Directorio Departamental Conservador  hizo recientemente del Comando Popular Conservador, es una elocuente demostración de la manera despótica cómo mantiene los oligarcas conservadores a la juventud. No quieren dejarla surgir y se obstinan en relegarla  y sobre todo, en despreciar a la materia prima que allí existe para las luchas electorales. Ese tratamiento egoísta ha sido tradicional en el conservatismo. De ahí que la juventud conservadora tenga que resignarse a ponerle los estribos al jefe de turno y a contentarse con posiciones ridículas y nimias en el engranaje gubernamental. Eso es lo que se llama disciplina en una democracia cristiana”.

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Más adelante y en otra columna que intitularon ‘Desprecio’, siguen despotricando contra las directivas del partido opositor. “…Es singular el desprecio con que las directivas conservadoras reciben toda acción juvenil destinada a organizarse para participar en la conducción de esa colectividad, pues días pasado el directorio departamental, con su hombre fuerte a la cabeza, el doctor Vergel Pacheco, neutralizó con una desautorización categórica y determinante toda actividad de la juventud que no siguiera la pauta de los dirigentes, pues para ellos no hay sino un solo camino, una sola verdad, un solo pensamiento, una sola manera de actuar, una sola forma de conducirse frente a los hechos políticos. La juventud conservador está condenada a permanecer en cargos minúsculos, sin importancia no solo en la administración sino en los cargos directoristas. Es decir, en lo político ella no sirve sino para conducir electores a las urnas y no puede opinar ni cómo debe ser el gobierno ni qué es la organización obrera o si el régimen fiscal y la vida cara son o no convenientes. No, eso es para los jefes y las opiniones de los jefes no se discuten sino que se obedecen ciegamente. ¿y qué no diremos de loa cargos administrativos? Para la juventud no hay sino porterías, oficialías menores, pero de secretarías para arriba la exclusividad está en los caciques, en los que han servido en los pueblos intereses conservadores, no perdonando  a los liberales el menor movimiento y hasta declarando en ‘fideicomiso’ sus bienes”.

En otro aparte y reconociendo la meritoria labor de un funcionario de la oposición, escribe el editorialista, con el título de Ejemplo, la siguiente nota: “…El señor Pedro Medina Jácome se hizo cargo de la alcaldía de Ocaña en los momentos de mayor tragedia para la tierra ilustre. Su ecuanimidad y su valor civil impusieron desde el primer momento la paz en esa fiesta del caos. Y ya dominada la vocinglería conservadora en esas callejas históricas, condujo su labor por senderos progresistas.  Tal vez es el mejor funcionario que ha producido el conservatismo en estos últimos cinco años en el departamento. Salió de esa posición con el aplauso de la gente de bien de todos los partidos. Ahora desde la Secretaría de Gobierno Municipal, tendrá oportunidad de servirle a su nativa tierra, que tanto anhela la paz para poder progresar”.

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En la lucha partidista, los artículos sobre las diferencias ideológicas y las responsabilidades que les correspondía en el manejo del poder, eran pan de cada día. Los medios de comunicación libraban duras batallas en pro de sus partidos políticos para demostrar las bondades de mantener su afiliación a sus respectivas colectividades, pues con ello tendrían más oportunidades de elegir los dignatarios que a la postre orientarían a los pueblos al progreso y al pleno desarrollo. No faltaban las posiciones esbozadas por los dirigentes para propagar las diferencias  de unos y otros, en muchos casos generando animadversiones y resentimientos que exaltaban los ánimos que resultaban en los actos violentos que fueron tan comunes entre nosotros. Por esta razón, en una ocasión se publicó en estas columnas una nota con el rótulo de Odios, que en seguida leemos: “…En nuestro colega conservador El Trabajo, nos dedican un interesante editorial sobre los odios. Los odios que algunos practican como manto mendaz para pescar posiciones. A nosotros sería insensato que se nos quisiera hacer aparecer, precisamente por quienes no tiene autoridad moral para hacerlo pregonadores de odio. Desde que estamos interviniendo en las luchas políticas, hemos actuado con decoro, sin pregonar la retaliación como ocurre con algunos colegas que imitan a Pilatos cuando es menester, para tener el cinismo de hacer inculpaciones contra quienes como nosotros rechazamos con toda energía la violencia como arma política. Gachetá es un juego de niños frente a los sucesos de El Carmen. Y la autoridad no se rehabilita con el saqueo y la violación de mujeres indefensas. De la mención que hacen de la carta de Sarasty cabría recordar que Eduardo Santos está muy por encima de malabarismos y maromerías, porque él, como defensor de la tradición democrática, es hoy la más empinada figura de la colombianidad.  Y su prestigio no proviene como otros de los camposantos, sino de las alamedas de la inteligencia, del señorío y de la aplicación de la moral en todos sus actos de gobernante y de hombre de hogar. Que el liberalismo es diferente en métodos, en principios y en formas al conservatismo, lo estamos viendo todos los días. Eso también lo enseña la historia, y la historia no miente. ¿Para qué, entonces, se trata de implantar odios, tratando de zaherir a la figura de Santos, sabiendo que ese proceder no puede gustarle a ningún liberal, y con pleno conocimiento de que nosotros,  a la vez, carecemos de oportunidades para formular cargos contra conocidas figuras del conservatismo?”

Nota del autor: en Gachetá y El Carmen se sucedieron hechos de violencia en los que murieron colombianos, y en los cuales se responsabilizaba al gobierno de turno por no haber intervenido en su prevención; incluso se llegó a proponer el enjuiciamiento del presidente Eduardo Santos, lo cual fue rechazado de plano por la opinión pública y por los dirigentes políticos.

Redacción
Gerardo Raynaud D.
gerard.raynaud@gmail.com

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