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Rapto de muchachas

Sábado, 1 de Mayo de 2021
Historia contemporánea.

No se trata, como lo insinúa el título, del abominable delito del secuestro sino de las aventuras juveniles que se presentaban con más frecuencia que lo deseable en el pasado. Fueron muchos los jovencitos y jovencitas que llegaban a la ciudad huyéndole a sus padres y a las autoridades que alentadas por sus progenitores, emprendían la búsqueda, con la esperanza de hallarlos “en una sola pieza”, pero no de un hotel sino enteritos y saludables, y ojalá aún  no embarazada.

A una de estas criaturas, habiéndola aprehendido las autoridades y preguntarle del motivo de su presencia en esta ciudad, respondió inocentemente: “… habiendo oído cosas muy hermosas de la ciudad Cúcuta, donde estaban de moda los matrimonios relámpago, apresuramos los acontecimientos y … viajé!!!”

Eran muchachitas de entre 15 y 17 años (cuando la mayoría de edad era a los 21) que aparecían por esta comarca, en compañía de otro u otros, que despertaban las sospechas de los agentes de la oficina de seguridad, quienes estaban más atentos de lo acostumbrado, no tanto por sus actitudes sospechosas como por las esbeltas figuras de las féminas.

Como llamó mi atención la cantidad de incidentes, en los años en que creí poco frecuente su ocurrencia, traigo a colación algunos de los casos que más llamaron la atención de los “mamagallistas del pueblo”.

En la última semana de mayo del 51, se leía en las noticias de un de los diarios, que se habían producidos dos curiosos casos que tuvieron idéntico desenlace, “terminaron en las gradas del altar, donde el padre Santamaría, párroco de la iglesia de San Antonio, impartió la bendición correspondiente, la primera de ellas a la señorita Cecilia Yáñez raptada por su galán el señor Pedro Niño”. El padre de la ofendida había presentado denuncia ante el jefe del Permanente Juan de la Fuente, quien procedió a librar boleta de captura. Cuando el sujeto se vio tras las rejas, manifestó su deseo de casarse, ceremonia que se verificó sin mayores inconvenientes ni cursos prematrimoniales, el martes 24 del mes. En otro caso similar, la señorita Margarita Porras fue raptada por el señor Ananías Chacón, contra quien se inició de inmediato la correspondiente investigación en el Permanente Central por querella instaurada por el padre de la ofendida; cuando Chacón fue detenido, de inmediato resolvió contraer matrimonio, también con el mismo cura y en la misma parroquia, sólo que al día siguiente. En aquella época. Los delitos de rapto, cuando el sindicado contrae matrimonio cesa la acción penal y queda en libertad una vez se alleguen a las diligencias los documentos de rigor. Estos son los sucesos acontecidos en la ciudad, pero más frecuentes aquellos que llegaban a ella como los que les cuento a continuación.

Rodolfo Núñez y Carlos Rivera Fuenmayor eran dos jóvenes venezolanos que habían llegado a la fría capital de Colombia y que habían quedado encantados de tanta belleza bogotana y de la estrecha confraternidad entre los hermanos de las naciones de Bolívar y Santander. Los dos jovencitos vieron, un día, pasar unas chicas de un colegio, guiñándole el ojo a uno de los ejemplares femeninos, de dieciséis abriles y fue tal la pasión del amor que después de los episodios de las citas a hurtadillas, las entrevistas en el parque, la correspondencia, el cine, el tranvía, hasta que…

Aunque los dos estuvieron tras la misma chica, fue Rodolfo quien la hizo suya y así emprendieron viaje a esta frontera. Arribaron en el colmo de la dicha a esta tierra y la culminación feliz de tantos sobresaltos tuvo sus efectos en esta villa. Andaban cogidos de la mano  por nuestras calles, disfrutando de ese airecillo imprudente cuando ya los agentes de la oficina de seguridad les seguía la pista hasta que sorprendió a los enamorados en plenos proyectos de felicidad eterna. En ese mismo tiempo llegaba a la ciudad una comisión especial de la policía nacional, pues la familia de la bella chica había puesto el grito en el cielo y las cosas fueron tomando proporciones de tragedia. Pero como el matrimonio la arregla todo y por comisión de la Oficina de Seguridad, no hubo inconvenientes Cecilia Chávez, que así se llamaba la heroína y su galán Rodolfo Núñez, recibieron la bendición nupcial, fueron puestos en libertad y su paso por el Puente Internacional se registró sin novedad y … luna de miel.

En otro simpático caso, los agentes de la Oficina de Seguridad, venían siguiendo la pista de cierta pareja de jovencitos que transitaban nuestras amplias avenidas, como desorientados y temerosos, sin paraje determinado. Así que un buen día decidieron conducirlos ante la presencia semisolemne del seño Jefe del servicio quien les hizo mil preguntas en tono de detectivismo criollo, y a todo respondían  “somos huerfanitos, nos queremos mucho y somos huérfanos, estamos solos en el mundo y buscamos trabajo, nos llamamos Julio Vega y Lilia Vega”. Bueno, está bien, váyanse. Ojalá consigan algo qué hacer. Pobre juventud.

Sin embargo, algunas dudas movieron al Jefe de la Seguridad, quien telegrafió a las autoridades bogotanas para saber más de los hermanitos Vega. En el mensaje decía: “Julio Vega y Lilia Vega, andan por estas tierras. Bogotanos, dicen ser hermanos. La bogotanita es de encantos, tiene 17 años  y el jovencito es de 16, moreno, tímido”.

Las autoridades bogotanas contestaron que precisamente estaban en la búsqueda de los palomos, que no eran hermanos, sino candidatos a la bendición nupcial. Eran Lilia Céspedes Rojas, hija de Julián y Teresa, residentes en la capital y Julio Vega García, menor de edad hijo de Martín y María, también con residencia en la capital. El Juzgado Cuarto de Instrucción Criminal hizo llegar la respectiva boleta de captura.

En la declaraciones recibidas, la expresiva y vivaracha bogotanita, que con el bueno de Julito, su vecino, comenzaron los juegos, los viajes al Salto, a Monserrate, a cine y al parque, libres de la vigilancia de los padres, hasta que supieron de Cúcuta y ahí se apresuraron los acontecimientos. “…mis papás me daban muchas cuerizas y querían hacerme monja, pero mi vocación es la sastrería y el matrimonio” dijo la muchachita, “nos vinimos por nuestro gusto y nuestro amor y queremos casarnos”. Cumplidos los trámites quedaron libres, sin un centavo y con el estómago vacío.

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