Escuchar este artículo

Se cumplen 32 años del asesinato del director de El Espectador

Lunes, 17 de Diciembre de 2018
El 17 de diciembre de 1986, sicarios en moto acabaron con la vida de Guillermo Cano Isaza.

Su pluma se convirtió en artillería contra los crímenes cometidos por el Cartel de Medellín y su líder Pablo Escobar. Fue su valentía para denunciar lo que le costó la vida ese sábado, 17 de diciembre de 1986, en manos de un par de sicarios en moto.

La muerte de Guillermo Cano Isaza, director del diario El Espectador, enlutó no solo al periodismo colombiano, sino a todo un país sumido en una guerra interna de paramilitares, guerrilleros y narcotraficantes.

Cano se encontraba en su vehículo frente al periódico, luego de salir de su oficina para irse a su casa, cuando los asesinos le dispararon. El atentado ocurrió a las 7:10 de la noche.

El crimen fue declarado por la Fiscalía General de la Nación como delito de lesa humanidad, en 2010, al hacer parte de “un plan sistemático y generalizado” que los narcotraficantes desarrollaron en aquel momento contra periodistas, líderes y dirigentes políticos que defendían la extradición.

Parte de su trayectoria

Una libreta de apuntes, unos zapatos y una máquina de escribir. Guillermo Cano no necesitó nada más para aprender el oficio del periodismo. Salía a la calle, buscaba noticias en los juzgados, en las comisarías, en los espectáculos. 

La noticia podía estar en cualquier evento. Sin embargo, como lo cuentan los editores de El Espectador, no todos los textos eran recompensados con la publicación. Poco a poco fue formando su propio criterio periodístico.

Fue aficionado al fútbol e hincha de Independiente Santa Fe. Su primera crónica, publicada el 27 de junio de 1944, tenía que ver con las corridas de toros, un tema que le apasionaba. La llegada de la torera Concepción Cintrón Verill, conocida como Conchita Cintrón, fue un evento nacional. 

Cano cubrió la noticia desde que la celebridad aterrizó en Bogotá hasta que se retiró de la plaza de toros la Santamaría. “Juanita Cruz está en Bogotá. Desea a toda costa igualar los triunfos de su colega Conchita Cintrón. Pero ésta, como Ortega, Garza y los novilleros, deben esperar a que la plaza de toros sea una verdadera plaza de toros, sin carpas y sin el olor de las fieras, que tanto aborrecen los cornúpetos”, escribía el joven periodista.

Fueron suficientes tres años de aprendizaje para que fuera designado Secretario de Dirección y Redacción en El Espectador. Además de revisar la agenda diaria con noticias de actualidad, Cano impulsó el Magazín Dominical de El Espectador, donde se publicarían temas relacionados con literatura y cultura, otras de sus pasiones.

En octubre de 1952, cuando tenía 27 años, su nombre apareció en las páginas de El Espectador como el nuevo director del medio, tras la renuncia de su padre, Gabriel Cano. El nuevo cargo representaba objetivos complejos, que iban más allá de su propio desempeño. Él lo admitía. 

En 1986 recibió el Premio Nacional de Periodismo del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB), en la modalidad de prensa, por su columna dominical ‘Libreta de Apuntes’, en la que hablaba de personajes de la vida nacional y hacía comentarios críticos acerca de los problemas del país. 

En 1980 recibió el Premio Simón Bolívar a la vida y obra de un periodista. Además, fue enviado especial a los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972.

Image
La opinión
La Opinión