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Así cayó Brayan, el temible de Los Rastrojos

Domingo, 23 de Agosto de 2020
El hombre que controlaba el aparato militar de Los Rastrojos, en Norte de Santander, está tras las rejas. 

Policías de inteligencia localizaron a Andrés Felipe Berrío Rúa, a quien en esa banda criminal se le conoce como Brayan, un  sanguinario y frío hombre, de 35 años.

Brayan, el tercero al mando, fue arrestado por hombres de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín) que le siguieron el rastro durante dos años y tras cinco operativos contra él, lo debilitaron, acorralaron y hasta lo hicieron salir de su zona, para que fuera a caer directo a la cárcel.

El penúltimo operativo contra Brayan tuvo lugar en su escondite: el corregimiento Banco de Arena, en la zona rural de Cúcuta, que limita con Venezuela. Unos 300 hombres se prepararon para darle captura, pero solo lograron debilitarle el poder de fuego a esa estructura de la organización criminal que opera allí, al dejarla sin 45 fusiles.

“Cruzó el río y lo perdimos. Tenía unos 50 hombres con él. Pero, desde ahí sabíamos que no estaba en su zona. Por eso, el seguimiento fue más minucioso”, dijo un investigador que lleva el caso, sobre la suerte de Brayan, en aquél momento.

En desarrollo de la operación contra este jefe rastrojo, en la lupa de la Dijín fueron puestos los familiares y amigos para poderle cerrar el cerco.

Entre los objetivos  estaba la compañera sentimental de Brayan, residente en Puerto Santander, a la cual no la perdieron de vista cuando la vieron salir con destino a Cúcuta.

Pero además, los investigadores sabían que estaban cerca de su objetivo cuando localizaron en la capital nortesantandereana a Carlos Olvany Berrio Rúa, o Piraña, hermano de Andrés Felipe. 

Al ir tras la pista de los allegados al jefe rastrojo, se prepararon agentes encubiertos y mediante interceptaciones telefónicas descubrieron que la mujer de Brayan se trasteó para una casa del barrio Tierra Linda, en Los Patios.

“Él estaba enfermo, aburrido y sin señal para comunicación. Supimos que se iba a reorganizar y concretó con su hermano para lograr apoyo económico, producto del narcotráfico y así seguir combatiendo”, dijo el investigador.

Para la mañana del jueves 20 de agosto, los investigadores supieron que Brayan ya estaba en su nueva casa, junto a su mujer, un hermano y otros hombres de confianza.

Cuando el reloj marcó las 5:45 de la tarde de ese mismo día, la Policía ya tenía, junto con el Ejército y la Fiscalía, la orden para allanar la vivienda.

“Cuando llegamos, el hermano salió al porche como para calmar la situación, pero lo que quería era darle tiempo a él para que huyera por el techo. Sin embargo, allá se vio rodeado por nuestros hombres que le apuntaban también desde otros techos y no tuvo otra que rendirse”, relató una fuente consultada.

Perfiles criminales

Andrés Felipe y su hermano Carlos son hombres fríos. Ante las autoridades se mostraron callados sin una sola muestra de debilidad o de querer decir algo.

Según contó el investigador, Brayan se saciaba descuartizando a personas vivas. Él mismo puso como regla una prueba de fuego a cualquier nuevo integrante de Los Rastrojos, que consistía en enseñarle a ‘picar’ a una persona.

“Lo bueno es picarlo vivo”, esa es una de las frases que repetía una y otra vez este temible hombre a sus secuaces.

Era, además, creyente de brujerías y oraciones a duendes. “Son devotos a duendes para que los protejan y en la creencia está en dedicar cada muerte para satisfacerlos y lograr la protección”, añadió la fuente.  

Los otros

Junto con Berrío Rúa cayó Jonathan Fierro Vera, Tatuaje, oriundo de Cundinamarca. Las labores de investigación permitieron determinar que este hombre lleva tres años  en el círculo cercano del cabecilla. Las autoridades sabían que donde estaba Tatuaje, también estaría su jefe. “Era como su pulmón”, describió el investigador.

Los otros dos capturados son los venezolanos Johandry José Orozco Wilches y Jonathan Wilches Vera,  quienes eran parte del anillo de seguridad del jefe rastrojo.

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