Familiares reclamaron los cadáveres de los mineros

Domingo, 17 de Diciembre de 2017
La acumulación de gas metano al interior de la mina habría provocado el accidente, según expertos de salvamento minero. 

Desconsolados por la inesperada partida, más aún para la temporada navideña, los familiares de los tres mineros muertos por la explosión en el socavón de una mina en el corregimiento San Pedro, reclamaron ayer los cadáveres para darles sepultura.

El primero en ser entregado fue Luis Guillermo Castrillón Londoño, de 37 años, nacido en Yolombó (Antioquia). Su compañera viajó desde Pamplona para adelantar  las diligencias ante la Fiscalía. 

Castrillón Londoño residía en el barrio Jurado de Pamplona, tenía nueve años trabajando en minería y cada fin de semana iba a visitar a la familia. 

El jueves 14 de diciembre habló con la esposa y le dijo que antes de Navidad estaría en casa para ver a su hija e hijastro, mientras tanto iba a trabajar duro. 

Sin embargo, sus planes no se cumplieron, porque la fatalidad lo sorprendió al interior del socavón, un kilómetro adentro de la montaña. 

Soltero

Un hermano de Manuel Domingo Acevedo Medina, de 30 años, natural de Salazar de las Palmas, reclamó el cadáver.

Acevedo Medina vivía en el barrio María Gracia, sector de Belén, en el occidente de Cúcuta y  todas las semanas bajaba desde la mina a visitar a la mamá, residenciada cerca de su casa. 

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Su familia se enteró de la tragedia porque los compañeros de la mina los llamaron para darles la trágica noticia, pocas horas después de ocurrida la explosión. Manuel, quien vivía solo y no dejó hijos, se dedicaba a este oficio desde 2008.

Dejó la agricultura

Jairo Alonso Lizcano Albarracín, tenía 28 años y vivía en Pamplona junto a sus padres y hermanos, aunque su lugar de nacimiento era la vereda Guayabito, de Cucutilla, donde acostumbraba a pasar las fiestas de Navidad.

Había abandonado la agricultura para dedicarse a la minería, que ejercía desde hacía 7 años. En enero empezó a trabajar en la mina Dinastía I, pero ya había laborado en otras minas del mismo patrón. 

El minero, que era el mayor de cinco hermanos, no tenía hijos ni esposa. 

El domingo pasado llamó al tío Joaquín Lizcano y le dijo que una vez saliera a vacaciones iba para su finca en la vereda Guayabito, donde solía ayudarlo en las labores de recolección de café y plátano.

El viernes, hacia las 5:30 de la mañana, el día en que todos los mineros terminaban semana y saldrían a disfrutar de unas vacaciones de fin de año, sobrevino la desgracia en la mina Dinastía I. La acumulación de gas metano al interior de la mina habría provocado el accidente, según expertos de salvamento minero.