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Lío pasional ronda desaparición de una mujer en Los Patios

Martes, 3 de Noviembre de 2020
Desde la noche del jueves, cuando ingresaba a su casa, nadie ha vuelto a tener noticias de Shirley Johanna Ruiz.

Cuando el pequeño Gabriel, de 6 años, recuerda a su mamá Shirley Johanna Ruiz Contreras, no deja de preguntarle a su abuela Graciela Contreras, dónde está ella, pues lleva cinco días sin verla.

El niño trata de entender, a su escasa edad, que quizás su mamá cayó a un caño y habría sido arrastrada por el agua que corría una noche lluviosa.

“Hola mamá. ¿En dónde está? Por favor ven”, fue uno de los mensajes de voz que ayer, Gabriel le envió por WhatsApp a Shirley.

Shirley Johanna desapareció a las 10:00 p.m. del jueves 29 de octubre, la misma noche que cumplía sus 39 años.

Este misterioso hecho saca lágrimas a la familia y genera muchas preguntas sin respuestas para quienes conocen a esta mujer, estudiante de auxiliar contable y que hacía sus prácticas en el área de consulta externa de la Clínica Samaritana, de Los Patios.

Esta madre soltera y cabeza de hogar reside en la avenida 9B, del barrio Llanitos, precisamente entrando a su casa, fue la última vez que la vieron.

Shirley, llegó en su moto, pero quien la manejaba era un hombre, que le contó a la familia que él había compartido con ella.

“Me entero que el muchacho manejó la moto, porque mi hija estaba ‘picada’ (pasada de tragos) y que la dejó a la entrada del pasillo de la casa, pero no la entró hasta la puerta, no le guardó la moto, sabiendo como estaba, es algo que no me explico”, contó Graciela.

Un testigo, además vio a un segundo hombre conversando con Shirley Johanna, pero esta vez ya en el portón de madera de la residencia.

“Me dicen que era de contextura gruesa. Pero no lo reconocieron, porque no había luz y no paraba de llover”, añadió Graciela.

La mamá de Shirley también recordó que tras unos gritos, vio a una persona, al parecer su hija, intentando salir del caño, pero cuando caminó los 52 pasos que hay de la puerta principal al portón, ya no la vio, por lo que creyó que se había caído al caño con todo y moto.

 

 

El presentimiento familiar

Desde esa noche del jueves, el cuerpo de Bomberos inició la búsqueda, que hasta el cierre de esta edición, no había tenido suerte para dar con el paradero de la mujer.

En el extenso recorrido de los socorristas por el caño de aguas lluvias, han podido encontrar tres partes de la moto azul con negro que pertenece a Shirley, lo que resulta muy extraño para los que participan en la búsqueda, pues el vehículo es pesado y debía haber quedado atascado en alguna parte.

Algunos familiares creen que una relación pasada que tuvo la mujer desaparecida con un hombre a quien le dicen El Negro, podría tener algo que ver.

“Ella dejó a ese hombre, porque era una relación mala. Él la maltrataba y recientemente había vuelto a insistirle que regresaran, pero ella no quería nada con él y por eso creemos que como sabía que era su día de cumpleaños, estuvo esa noche esperándola afuera de la casa y tuvo que haberle hecho algo”, dijo uno de los familiares de Shirley.

El mismo niño Gabriel, le aseguró a su abuela, para calmarla, que su mamá “pronto va a regresar, porque el Negro la tiene”.

El niño fue testigo de los maltratos físicos y psicológicos que sufrió su mamá mientras mantenía su relación con ese hombre.

“El Negro le dijo a mi mamá que si no volvía con él, mataría a mi nona o a mí”, contó el pequeño sin titubear.

En casa de la familia de Shirley Ruiz, esperan que las autoridades investiguen a profundidad lo ocurrido con su ser querido.

Mientras tanto, Gabriel, sigue mirando la foto de perfil de WhatsApp que su mamá tiene, escucha los audios anteriores que quedaron de la conversación con ella, y algunas veces se ríe, pero Shirley no está para indicarle cómo hacer las tareas de la escuela y cuando el pequeño la recuerda, se acuesta en su cama y como el mismo dice “se me intentan salir las lágrimas”.

 

Su cumpleaños

Ese jueves, Shirley Johanna estaba muy feliz. Así quedó registrado en las fotografías que se tomó sentada en la silla del medio en el comedor de su casa, la cual eligió para degustar, junto a su mamá, su hijo y una amiga, la cazuela de mariscos, que ella misma preparó por el antojo que tenía en sus cumpleaños.

Luego retornó a trabajar a la clínica y allá disfrutó con sus compañeras de una torta que le compraron.

Al volver a Llanitos, no hubo chance para cambiarse de ropa ni para conversar con los suyos. Ella solo le entregó a su mamá un pedazo de la torta y de inmediato salió afanada, sin decir para dónde iba.

“Yo no le pregunté ni la molesté como siempre lo hago, porque estaba en su cumpleaños, se veía tan ilusionada. No me llamó, ni escribió. Agarró la moto y salió”, recordó la mamá.

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