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Otra muerte por la guerra entre Rastrojos y Clan del Golfo

Domingo, 1 de Abril de 2018
El cadáver llevaba más de dos días en una trocha.

No se sabe si llegó caminando o simplemente fue tirado sobre la tierra. Al momento de encontrarlo no tenía documentos. Lo acompañaban un reloj negro en el brazo izquierdo, el rosario que colgaba sobre el cuello, y las moscas y gusanos que rondaban sobre las heridas de bala que marcaban varias partes del cuerpo, incluyendo el rostro.

Vestido casi de negro –como sabiendo que iba a encontrarse con la muerte- con un pantalón azul oscuro, una camiseta negra y unos zapatos del mismo color con la suela blanca, este joven de 20 años aproximadamente, se convirtió en otra víctima de la violencia que se vive en la línea fronteriza que separa a Norte de Santander (Colombia) con el estado Táchira (Venezuela).

Allí, en una trocha en el corregimiento de San Faustino (Cúcuta), en la vereda Santa Cecilia, lo encontraron las autoridades luego de recibir una llamada, como sucede casi siempre con este tipo de casos: es la comunidad la que avisa.

Él, sin imaginárselo, se convirtió en el muerto número 15 que deja la guerra entre bandas delincuenciales en el área rural de Cúcuta, especialmente en la que está cerca de la zona limítrofe, este año.

En este caso, seguramente, se trata de un venezolano, informó el coronel Javier Barrera, comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta. La razón para pensar esto es que “cuando son colombianos, los bandidos llaman y les dicen a las familias que su esposo o familiar está en tal parte. Ellos les avisan. Si son colombianos tienen los datos de las familias y llaman”, de acuerdo con  el oficial.

Los autores de este nuevo hecho de sangre serían miembros del Clan del Golfo o de los Rastrojos, presume Barrera, teniendo en cuenta que desde hace cinco meses, aproximadamente, estos grupos delincuenciales luchan por el dominio de esta parte de la frontera debido a la importancia estratégica que tiene para el paso de contrabando.

Aclarando que esta lucha ocurre del otro lado de la frontera y que de acuerdo con las coordenadas el muerto estaba en suelo venezolano, exactamente en el cerro La Popa, el comandante de la Mecuc dijo que uno de los problemas para controlar esta zona es la falta de delimitación, porque no hay ninguna diferencia que permita establecer que uno está en Colombia o Venezuela. “No es como la frontera del río Táchira, donde la línea fronteriza en el río”, explicó.

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