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Cúcuta, ciudad princesa

Viernes, 21 de Julio de 2017
En la década de los 40, se impulsó la propuesta de llamar a Cúcuta 'Ciudad Princesa'.

Durante mucho tiempo, Cúcuta ha sido conocida como la “Perla del Norte”, pero en algún momento, periodistas como Luis Rodrigo Díaz García, absorto por su empuje y progreso, en la década de los cuarenta, impulsó la propuesta de llamarla “Ciudad Princesa”, apelativo que al parecer no cuajó entre quienes debían consolidarlo, tal vez porque en esos años, reñía con el concepto de masculinidad características de sus habitantes.

Esa invitación nació a raíz de la gran admiración que surgió después hacer una correría por la ciudad, a finales de los años 40 y apreciar los “surcos de progreso y ensanche”, según sus propias palabras y que plasmó en un extenso escrito, algunos de cuyos apartes me permitiré transcribir, con algunas indicaciones que ubicarán a mis lectores en los lugares que hoy conocemos.

Estaban las calles de la ciudad, en su estado original, esto es, en tierra apisonada y las del centro, empedradas como aún subsiste en la calle once frente al edificio de la alcaldía. Apenas se estaban trazando algunas vías que unirían las “barriadas para que la población no sufra retardos o perjuicios en sus múltiples actividades”, se alcanza a leer en los primeros párrafos. El parque Eduardo Santos del barrio Popular (pocos saben que así se llama el parque situado entre los colegios Salesiano y Mercedes Ábrego) ya está terminado y está luciendo como elegante pulmón urbano, proporcionando a sus numerosos habitantes un sitio público de descanso, refrescado por las suaves brisas del Pamplonita.

En la siguiente etapa de su correría, se encamina hacia el norte de la ciudad, “por un camino encajonado entre unas cuantas colinas, sin útil vegetación y frente a la Texaco, en cuyos predios se está levantando la estructura metálica para la planta Termoeléctrica municipal que dará luz a toda la ciudad y fuerza suficiente a todas las empresas, paso gigantesco introducido a la capital del departamento  por el Concejo Municipal, es digno de aplauso.” 

Sigue su artículo diciendo que “extendiendo su mirada de punta a punta de la Trasversal Santander, que será un elegante paseo y una importante arteria comercial, ya que de ella se desprenden hacia el sur un buen número de avenidas y calles, incluyendo las avenidas cuarta, quinta y sexta que ya ordenó prolongar la Sociedad de Mejoras Públicas y todas las cuales atraviesan la ciudad en distintas direcciones, entrelazando con la carretera de Circunvalación que serpentea por entre la colinas del sur cucuteño, dándose así un abrazo fraternal entre los barrios de los cuatro puntos cardinales.”

Habrán podido identificar a la hoy conocida Diagonal Santander, cuando aún no se había construido. A partir de la Estación Cúcuta –ahora Terminal de transportes-, inicia su marcha hasta el sitio Rosetal y observa en sus costados, el avanzado estado de construcción de dos de las urbanizaciones que serán residenciales; se refiere a la Urbanización Copello, de un lado y la Urbanización El Prado, de propiedad de don Aziz Abrajim, al otro costado. Hacia el norte a partir de la Estación Cúcuta, se había establecido otro polo de desarrollo, pues  allí estaban concentradas las instalaciones de la compañía petrolera, el matadero público y el camino al aeropuerto de Avianca, Cazadero. 

Otras obras, en pleno desarrollo y que habían deslumbrado a nuestro personaje, razón por la cual auspició ese bello nombre, están “camino al sur de la ciudad internándose por un angosto camino carreteable a orillas del rio Pamplonita donde se aprecia la construcción del Cuartel Nacional, una extensa zona de 56 hectáreas donde se construirán diecisiete edificios que servirán como base de acantonamiento al Regimiento Santander.”

Se trata de la nueva ubicación que le fue asignada al Ejército Nacional, para que tuviera unas instalaciones propias a sus necesidades y pudiera trasladarse del centro de la ciudad donde estaban localizados los cuarteles, en la zona que hoy recordamos como el Mercado de La Sexta. Esa construcción se estimaba tardará unos cinco años y sería dada al servicio en los primeros años de los cincuenta.

Continuando por ese mismo camino se llegaba al Acueducto Moderno, cuyas obras habían comenzado en 1938, por iniciativa municipal, pero que el Gobierno Nacional, mediante aportes y auxilios contribuyó en gran parte con su terminación. Al respecto de esta obra dedicaré una crónica en la que se detallarán todos sus aspectos más relevantes.

Finalmente, y estando en la fase final de su construcción, se destaca en toda su magnitud el colosal monumento, que representa al Redentor del Mundo bendiciendo la ciudad. Escribe nuestro redactor que “esta monumental obra tiene como base un montículo rocoso situado al sur de la ciudad y ella se debe a la catolicidad del infatigable luchador R.P. Daniel Jordán, párroco de San José y hombre de energías especiales que lo hacen acreedor al reconocimiento unánime”.

El padre Jordán venía recogiendo el clamor de los habitantes del barrio El Caimán, hoy La Cabrera, quienes desde 1908, habían levantado una vetusta cruz de madera en ese cerro que interrumpía la vía férrea que conducía a la estación Sur, teniendo que bordearlo para poder sortear esa barrera que le impedía el tránsito en línea recta.

Con la colaboración de las más prestantes damas de la sociedad cucuteña, quienes contribuyeron con su esfuerzo y sus finanzas, le encargaron al escultor boyacense Marcos León Mariño, el diseño y la construcción del monumento y en menos de un año, logró entregarle a la ciudad, una imagen tallada en piedra, de Cristo Rey, de 25 metros de altura.

A más de todo esto, pudimos apreciar, decía, “la elegancia de nuevas y numerosas quintas que sirven  de mansión a nuestros grandes señores. Igualmente, observamos varios modernos edificios comerciales de reciente construcción y de dos pisos que son propiedad de nuestros magnates que han contribuido a quitar a Cúcuta, su aspecto de villa, imponiéndole así una fisionomía de ciudad civilizada.” Aunque la intención de rebautizarla no prosperó, sí nos quedó el recuento de una correría por una ciudad en pleno proceso de modernización.

Gerardo Raynaud D.gerard.raynaud@gmail.com