Escuchar este artículo

Entrevista con Susana Duijm, Miss Mundo

Viernes, 9 de Febrero de 2018
La reina venezolana había estrenado su gira americana en Cúcuta, en enero de 1956.

Habíamos dicho en pasadas crónicas que la primera Miss Mundo latinoamericana, la venezolana Susana Duijm había estrenado su gira americana en Cúcuta en enero de 1956. En ese entonces fue una verdadera novedad toda vez que era la primera vez que nos visitaba un personaje de esta categoría, más cuando era, prácticamente una ‘paisana’, pues era muy grande la colonia venezolana, especialmente entre comerciantes y empresarios, establecidos aquí, por las múltiples ventajas que ofrecía y porque en su tierra no habían mayores oportunidades.

Llegada a Cúcuta desde el aeropuerto de San Antonio, fueron muchas las atenciones, recepciones, bailes y cocteles que le ofrecieron y ella gustosamente aceptaba y departía con su característica humildad y cautivaba a todos con quienes se relacionaba, por esta razón, fueron varias las entrevistas que concedió a los diversos medios, algunos de cuyos apartes me permitiré exponerles.

La primera entrevista ocurrió el primer día en el Hotel Internacional, el 17 de enero; numerosos periodistas, cronistas con fotógrafos y los consabidos edecanes, esperaban  en el amplio hall del hotel. Whisky va y whisky viene para los periodistas, cigarrillos y espera, nerviosismo continuo. Los cuadernillos de apuntes como material de acopio de esa época se mezclaban con el ruido de las copas y el sonar continuo de la campanilla telefónica, sin embargo, la reina no llegaba.

De pronto, unos lujosos vehículos llegaron y de ellos comenzaron a apearse funcionaros venezolanos de alta denominación y funcionarios colombianos de la misma talla jerárquica. Los periodistas se abalanzaron y la respuesta fue que Susana Duijm, la Miss Mundo, había llegado horas antes y que pronto saldría a atenderlos.

Así fue, ataviada con una amplia bata de seda gris estampada y calzando una finas zapatillas de raso negro, fue apareciendo lenta y aristocráticamente con su rostro estilizado y gracioso, un par de ojos turbadores, grandes zarcillos de carey adornaban los lóbulos de sus orejas, unas brillantes pulseras y un fino reloj la acompañaban mientras caminaba con garbo hacia los periodistas locales y los corresponsales extranjeros, muy segura de sí misma y repartiendo radiantes sonrisas.

El cuestionario que habían preparado, de pronto se les borró de la mente, imperando por unos instantes el silencio de una tumba faraónica. Sin embargo y sobre poniéndose al impacto de tal belleza, los periodistas, sin desanimarse, comenzaron a lanzarle sus inquietudes. En el fervor de la primera pregunta y del nerviosismo, el periodista le dice, ¿qué sensación experimentó cuando la eligieron Miss Universo? Después de la aclaración pertinente, respondió: “pues… sentí como cuando uno se mete a la ducha, es decir, un frio inexplicable en el cuerpo y comenzó a temblarme  la mandíbula y los labios, lo mismo que cuando  se inicia un ataque, se me hizo un nudo en la garganta, imposible hablar, es una sensación extraña esa de un triunfo inesperado.” Los fotógrafos disparan sus flashes mientras ella continúa, “…lloré un poquito eso sí, pero al fin y al cabo, me repuse  y me pasó el susto.” 

Poco a poco los periodistas se van tomando confianza y preguntan, ¿cómo logró ser elegida entre las bellezas de tantos países? Y responde: “los jurados eran conocedores de la belleza de las mujeres de todo el mundo y sabían que en Suramérica, por razones étnicas, no impera el tipo rubio sino el moreno aperlado o el acentuado producto de la mezcla de razas y creo que, tal vez, eso me definió y salí elegida cuando menos lo esperaba.” En ese momento hace una pausa  y habla de su experiencia en Londres y París y remata con una de sus célebres frases: “para decir femineidad, hay que decir París.” Finalizando esta rueda de prensa le preguntan si conoce a Esperanza Gallón, nuestra reina y si cree que pueda tener posibilidades en Londres;  contesta que es una de las más lindas mujeres colombianas, que es además de bella, inteligente y elegante, que una mujer como ella tiene que causar admiración en todas partes, pero que si no viaja a Londres, en Long Beach, es casi seguro que se lleva la corona. (Long Beach en California, era la sede del concurso de Miss Universo).

Otros aspectos más personales comienzan a surgir entre los entrevistadores, como la consabida frase de cajón, ¿tiene novio? No! Pronuncia secamente y deja de sonreír un momento. Insiste el periodista ¿qué clase de hombre prefiere como marido? Uno bien feo responde. Porque así no hay ninguna que me lo quite como novio o como esposo, ¿me ha entendido bien?

¿Es cierto que en París, tuvo usted un romance con un potentado oriental y que él le hizo un valioso regalo? ¡No! No es cierto. Lo que sucedió fue que cuando me hallaba  en París, se enamoró de mí un Marajá. Lo que sí es verdad, es que me obsequió un anillo con diamantes y una esmeralda, pero yo no quería al Marajá y naturalmente no hubo romance porque éste sin amor no es nada.

¿Piensa participar en otro concurso internacional? Responde con mucha seguridad: No, no tengo posibilidades, además para una muchacha como yo, el galardón que me ha sido concedido es más que suficiente; mi reinado termina en octubre… después mi hogar. Prosigue: viajaré a México a filmar tres películas que ya tengo contratadas, luego me trasladaré a Caracas y de allí no me volveré a mover.

Entonces piensa dedicarse a la actuación? Pregunta el entrevistador, pero la bella Susanita le responde que no, pues no le gusta como profesión, pero sí como una nueva fase de su vida, que pronto experimentará.

Y como queriendo dar por terminada esta sesión, se dirige a ellos con la siguiente petición: Señores, no olviden decir ustedes, en cada uno de sus periódicos o estaciones de radio o televisión, que estoy muy agradecida con el pueblo de Cúcuta y del Norte de Santander por la recepción que me ha dispensado   y que agradezco al señor gobernador, Rivera Laguado y a su gentil esposa, la bienvenida que me dieron. Digan también que estoy muy, pero muy obligada con el Cónsul de mi país, don Nicolás Cárdenas Ruiz y su señora y con Nicolás Valencia y su esposa por las atenciones que dispensaron tanto en el Táchira como en esta encantadora ciudad. Además, hagan público mi reconocimiento a don Joaquín Pérez y esposa, mis compatriotas y a toda la colonia venezolana que tantas muestras de simpatía me ha dado.

Esta entrevista fue luego publicada por el periodista Jaime Sotomayor, quien estuvo desaparecido del periódico durante los tres días de la visita de la reina.

Gerardo Raynaud D.gerard.raynaud@gmail.com

Image
La opinión
La Opinión