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Partidos de basketball de antaño

Viernes, 15 de Septiembre de 2017
Estos encuentros atraían tanto público como hoy lo hace el futbol, durante la primera mitad el siglo XX.

Tanto, o quizás más populares que el futbol, durante la primera mitad el siglo XX, fue el basketball, tal como lo identificaban entonces los deportistas que lo practicaban con pasión y entusiasmo y los medios que lo transmitían, pero especialmente quienes estudiábamos en los colegios de los Hermanos Cristianos en esta región y en todo el país. Fue el Hermano Arturo Monier, quien todavía ejercía sus funciones académicas durante la década de los sesenta, en el colegio Sagrado Corazón, a quien se le atribuye  la iniciación y promoción de este deporte en Colombia.

En la época mencionada, los partidos de básquet atraían tanto público como hoy lo hace el fútbol, en guardadas proporciones y su popularidad fue motivo suficiente para que la ciudad fuese designada sede de los Juegos Suramericanos de este deporte en los años cincuenta, motivo por el cual se construyó la cancha que por razones de agradecimiento bautizaron con el nombre de Rojas Pinilla, gracias al impulso que este presidente le dio para terminarla a tiempo y poder cumplir exitosamente el compromiso adquirido. Sabemos los motivos por los cuales después le cambiarían de nombre, pero eso será inspiración para alguna crónica posterior.

En esta ocasión, vamos a narrar las incidencias de algunos encuentros ocurridos en el año 1947, época en que estaba en furor este deporte y cuyos partidos se celebraban en la cancha del Colegio Cúcuta, en el sitio donde hoy se encuentra la Normal de María Auxiliadora, en la esquina de la calle trece con avenida cuarta, pues a pesar de la existencia del colegio Sagrado Corazón, unos metros más al sur por esa misma avenida, sus canchas no tenían las condiciones que permitieran una asistencia cómoda y segura, situación que se solucionaría años más tarde, cuando se programarían los Juegos Nacionales del deporte de la cesta, por los años cincuenta.

El primer partido que les cuento fue el realizado entre los quintetos de La Salle y Guasimales. Pero antes veamos ciertas características de ese momento. En primer lugar, los equipos tenían muy pocos jugadores, incluso aquellos más renombrados y populares, todo debido a la escasez de practicantes de ese juego, aunque en la práctica se tenían suplentes, éstos no llenaban las expectativas de los dirigentes y apenas jugaban para darle descanso a los titulares o cuando alguno de ellos quedaba imposibilitado para continuar. Además, los partidos se jugaban a dos tiempos de 20 minutos y las canastas eran de dos puntos. Las sanciones se castigaban con tiros desde la “bomba”, con uno o dos tiros, según la gravedad de la falta. 

En este juego las alineaciones fueron, en el equipo de La Salle, Erasmo Hernández y Porras en la defensa y en la delantera, Alfredo Díaz Calderón, Olinto Merchán y Antonio Soler, en la banca estaban Alfredo Garbiras y Rosario Gómez. Por el equipo de Guasimales alinearon Carlos Arenas y Olivares en la retaguardia, Abdénago Moros, Eduardo Jácome y J. Porras adelante, suplente Moisés Barroso. Los seguidores del equipo de Guasimales estaban ansiosos por ver a su nueva adquisición, Eduardo Jácome, quien venía de participar con la Selección Colombia en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe y en el Campeonato Nacional de Barranquilla, y que en Bogotá era considerado como uno de los mejores jugadores que haya pisado sus canchas. El partido comenzó a la 4:15 p.m.

El Juego estuvo parejo durante el primer tiempo, terminando con un marcador de 14-14 puntos. Comenzando el segundo tiempo se dan algunas sustituciones en ambos equipos y Guasimales se adelanta hasta 26-20 puntos en el marcador pero en una crecida del equipo de La Salle, se apodera de la situación hasta el pitazo final terminando el partido 32 La Salle y 26 Guasimales.

Otro partido célebre fue el realizado el domingo 15 de junio, en el mismo escenario contra el fogueado, técnico y pesado equipo bogotano de Los Millonarios, en ese momento campeón nacional. La Salle como representante local estaba en el trance de foguearse con miras a participar en el próximo campeonato nacional que se escenificaría en Manizales y nada más provechoso que hacerlo con un equipo de la valía de los bogotanos quienes venían a reafirmar su título de invencibles dentro y fuera de la capital. Sin embargo, los partidos estuvieron matizados con problemas que a veces se presentan y que paso a contarles. Millonarios llegaba invicto a la ciudad y con ínfulas de imbatible y la pelea con el conjunto local se había iniciado desde los medios y ahora se trasladaba a la cancha del Colegio Cúcuta. En los periódicos no se dio la alineación de los bogotanos evitando darle importancia mientras que los créditos locales eran los conocidos de siempre, Alfredo Díaz, Olinto Merchán, Antonio Soler, Erasmo Hernández y Rosario Gómez los titulares. Comenzando el partido, una arremetida de los visitantes los puso adelante en el marcador, terminando el primer tiempo con dos puntos de ventaja 17-15. En el segundo tiempo, según relatan las crónicas, en sucesivas y rápidas jugadas, los locales igualaron el marcador 28-28 y faltando un minuto una rápida combinación de pases entre Díaz y Merchán, logran desestabilizar la defensa millonaria y dejar el partido 28-32 a favor de los nuestros. Las notas periodísticas escribieron:”…fue un encuentro muy interesante, en el cual quedó demostrado la superioridad de nuestro cuadro.” 

El conjunto capitalino, solicitó entonces una revancha, la cual le fue concedida para el día siguiente, lunes en las horas de la noche. Pasadas las ocho y media de la noche, el partido inició con la misma intensidad del día anterior, esta vez con dominio de los bogotanos que mantuvieron una ventaja mínima de un punto a lo largo del primer tiempo. En la segunda parte, La Salle reaccionó y paulatinamente fueron apoderándose de la cancha y el marcador hasta mantener una ventajosa diferencia hasta que ocurrió un apagón en algunas luminarias que hicieron suspender el juego faltando cuatro minutos declarando ganador al equipo local. Sin embargo y luego de acaloradas discusiones se acordó retomar el juego al día siguiente. Con lo que no contaban los dirigentes del equipo anfitrión era que los visitantes obligaron a que se jugara nuevamente todo el segundo tiempo y no los 4 minutos que faltaban para terminar el partido, así que, como podrán suponer mis lectores, al término del partido los visitantes se alzaron con una victoria por 51 contra 40. Esta componenda la llamaron “la galleta” y lo único bueno que quedó en el ambiente fue la impresión que “en ningún momento el quinteto de la capital fue superior al nuestro”.

Gerardo Raynaud D. | gerard.raynaud@gmail.com