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Taxader, en Cúcuta

Viernes, 2 de Agosto de 2019
Desafortunadamente la estrategia de los vuelos internacionales tampoco funcionó para Taxader.

Para muchos, especialmente para los más jóvenes Taxader puede resultar un nombre desconocido, pero en el decenio de los sesenta aterrizó en Cúcuta luego de varios años de estar prestando sus servicios a otras ciudades desde su sede original de Bucaramanga. La empresa que se llamaba Taxi Aéreo de Santander y se identificaba con el acrónimo de Taxader. Constituida en 1948 fue la primera de su género en la región. A medida que transcurrían los años se fue posicionando ofreciendo sus servicios en las rutas regionales desde la capital de Santander.
     
En  1954, cuando se fusionaron las dos principales líneas aéreas del país, Avianca y Lansa, la empresa solicitó y obtuvo la aprobación de volar a la capital del país y a partir de ese momento Taxader  comenzó a expandir sus operaciones a toda la nación.

En 1960, inauguraron la llamada “Ruta de la Cordialidad” que cubría las principales ciudades de la costa atlántica y aprovechando los beneficios gubernamentales que se le había otorgado a las islas de San Andrés y Providencia, convirtiéndolas en el centro de vacaciones favorito de los colombianos, empezaron sus vuelos periódicos al archipiélago. 

Desafortunadamente, durante 1962 se produjeron algunos accidentes aéreos que ocasionaron gran preocupación en la opinión pública y las autoridades aeronáuticas, sin embargo, pudieron superar estos inconvenientes para lo cual establecieron una subsidiaria llamada TaxaderBoyacá Ltda., matriculada con la sigla TABOY, ofreciendo sus servicios con vuelos frecuentes a los territorios de Meta y Casanare, donde estaba floreciendo la industria ganadera y no existían carreteras ni otros medios de trasporte confiables, lo que hizo resurgir sus ingresos aunque no fueron suficientes, pues no habían aeropuertos ni condiciones de seguridad suficientes y al poco tiempo tuvo que suspender definitivamente sus operaciones.

En diciembre de 1963, tomó en alquiler el más lujoso avión del momento, el Douglas DC-6B, bautizado como “El Cafetero” y con el HK-1029 como  identificación aeronáutica. Con este primer avión empezaría una nueva etapa, los vuelos internacionales, iniciando en Miami como primer objetivo y luego otros destinos en los que Cúcuta jugaría un importante papel, pues desde allí se pensaba cubrir las rutas a las Antillas, cuyo punto de partida sería específicamente nuestra ciudad.

En esta crónica, vamos a narrar el inicio de las operaciones internacionales del famoso Douglas DC-6B cuyo bautizo se realizó en Cúcuta el 24 de enero de 1964.

Desde tempranas horas de la mañana comenzaron a llegar al aeropuerto Camilo Daza, las personalidades invitadas al acto solemne de bendición del DC-6B de Taxader. Después de la obligatoria revisión y del acondicionamiento necesario para este tipo de operaciones, la aeronave piloteada en esta ocasión por los capitanes Hermann Ferro y Luis Eduardo Cote, en compañía del ingeniero de vuelo Francisco Martínez, llegó a la ciudad para cumplir con la formalidad religiosa con la que se daba inicio a los vuelos regulares a destinos fuera de Colombia.

El evento se inició con el acto de bendición del DC-6B por parte del señor arzobispo de Nueva Pamplona, monseñor Aníbal Muñoz Duque, quien una vez terminada la ceremonia procedió al reconocimiento de la aeronave en compañía de las demás personalidades que habían sido invitadas. 

Acompañando al prelado, estaban el párroco de la iglesia de San Antonio de Padua, presbítero Alfonso Blanco Ramírez y el presidente de la seccional de Fenalco, Gustavo Rodríguez Duarte y un selecto grupo de damas y caballeros representativos de la dirigencia local. Invitados a subir a bordo y guiando al grupo de invitados para mostrarles las características de la nueva adquisición estaban don Gonzalo Gálvis, el accionista mayoritario de la compañía, y don Carlos Sepúlveda, gerente local, quienes siempre solícitos y cordiales iban de unos a otros invitados.

Dadas las explicaciones pertinentes a la seguridad del avión y mostrar los detalles de la cabina de comando con todo sus instrumental, de conocimiento exclusivo de los pilotos, el grupo fue llevado al fondo de la nave donde les mostraron las últimas comodidades, reservadas para los pasajeros “de categoría”, que según los visitantes “se respiraba un ambiente de intimidad admirable”. Terminado el recorrido dentro del avión, se les pidió a los invitados que desembarcaran, pero para realizar algunas pruebas técnicas y luego proceder al abordaje, según los protocolos exigidos por las autoridades.                       

 Después de unos minutos en la sala de espera, los invitados especiales procedieron a embarcarse para un sobrevuelo de la región y disfrutar la experiencia de viajar en uno de los aviones más modernos llegados al país.

Aunque el aforo de la nave era de 71 pasajeros, la compañía extendió invitaciones y las personalidades más distintivas de la ciudad entre quienes destacamos a los comandantes del ejército y la policía local y el administrador de la aduana, el alcalde y gobernador y algunos de sus secretarios, los rectores de los principales colegios privados y los principales párrocos, y entre las damas se destacan las figuras de doña Alicia Yáñez, Dora Robayo y Mercedes de Sepúlveda.

El avión decoló a las 11:15 a.m. y las dos lindas cabineras fueron repartiendo las copas de champaña. A medida que trascurría su recorrido, los guías iban explicando lo que ocurría durante el viaje, los sitios por donde pasaban. Cuando uno de los viajeros preguntó ¿a quién le habían comprado el aparato? en una respuesta oportuna se le contestó que había sido adquirido al equipo de beisbol de los Dodgers, avión que utilizaban para su desplazamiento a las ciudades donde debían jugar sus partidos en Estados Unidos. 

Y así luego de un corto vuelo de veinte minutos, avión e invitados regresaron al aeropuerto Camilo Daza, tomando pista y aterrizando sin novedad.

Desafortunadamente la estrategia de los vuelos internacionales tampoco funcionó para Taxader, porque esta aventura les duró apenas un año, ya que para el 15 de enero del año siguiente se decidió la disolución de la sociedad y la correspondiente suspensión definitiva de sus operaciones.

Gerardo Raynaud D.
gerard.raynaud@gmail.com