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Niñas y adolescentes venezolanas: voces de la migración

Domingo, 1 de Agosto de 2021
Estudio de ONG Plan Internacional evidenció la realidad de las menores migrantes que llegan hasta Colombia, Perú y Ecuador.

Según un informe de la ONG Plan Internacional una de cada tres niñas y adolescentes que abandona su país para refugiarse en países vecinos como Colombia abandona sus estudios tras emigrar sufriendo también serias deficiencias en su salud y el acceso a una alimentación balanceada.

En el documento que lleva por nombre 'Niñas venezolanas: voces de la migración, estudio en Colombia, Ecuador y Perú', se entrevistaron a más de 450 niñas y jóvenes de entre 10 y 19 años que expusieron las carencias de los migrantes que se han agudizado con la pandemia generada por el virus de la COVID-19.

De acuerdo con el documento elaborado por la ONG la situación socioeconómica y política que enfrenta  Venezuela, considerada una crisis humanitaria compleja,  particularmente desde 2014, ha generado un alto flujo de  personas refugiadas y migrantes que ha derivado en una  grave crisis de movilidad humana, nunca vista en la región.

Principales hallazgos

A través del proceso de investigación y del análisis de  las experiencias de movilidad se identificaron diferentes riesgos, necesidades y experiencias que enfrentan niñas  y adolescentes refugiadas y migrantes venezolanas en  Colombia, Ecuador y Perú.

Estos están relacionados con las vulneraciones que enfrentan  para el goce efectivo de sus derechos a una vida libre de violencias, a la educación y a la salud de calidad, incluyendo  la salud sexual y reproductiva, así como a su derecho a la  alimentación y trabajo, en la ruta migratoria y en los países de  acogida mencionados.

El estudio también explora la coyuntura derivada de la  emergencia por COVID-19 y sus efectos en la vida de las  niñas y adolescentes participantes. Por último, los hallazgos  incluyen los lugares de apoyo y desarrollo de resiliencia que  encuentran, explorando el lugar de las familias como principal  grupo de apoyo, experiencias con la asistencia básica  prestada por organismos de cooperación internacional, su  participación en actividades comunitarias, políticas y sociales y sus esperanzas para el futuro.

Experiencias de inseguridad

La violencia basada en género es la forma más  recurrente de violencia que afecta a las niñas y adolescentes refugiadas y migrantes venezolanas en Colombia, Ecuador  y Perú. Las participantes del estudio hacen referencia,  en particular, a la violencia sexual, la violencia física y la  violencia psicológica, así como a la xenofobia tanto en  espacios públicos como privados.

La mitad de las niñas y adolescentes identifican las calles de  Colombia, Ecuador y Perú como lugares inseguros, mientras que al menos 9 de cada 10 reportan sentirse seguras en sus  casas. La sensación de inseguridad en el espacio público  pareciera mitigarse un poco a medida que viven por más  tiempo en los países de acogida.

De otro lado, asegura el estudio de Plan Internacional, las niñas y adolescentes manifiestan que salir  a la calle acompañadas de personas conocidas, en locales  comerciales y lugares donde puedan refugiarse, al menos de  manera temporal, es útil para mitigar los riesgos de violencia  sexual y de género que suelen encontrar en la calle.

El 21% de las participantes ha presenciado  situaciones de violencia o abuso. En este sentido, el 13% de  ellas ha atestiguado agresiones verbales en contra de otras  niñas y adolescentes.  Tener que compartir la vivienda con otras familias, es otro  factor que genera un mayor riesgo de enfrentar violencia física  y psicológica.

Por otro lado, el hecho de ser mujeres exacerba el impacto  de la xenofobia en espacios públicos, como la escuela y  en las redes sociales. La xenofobia y sus consecuencias  se convierten en un obstáculo para su acceso pleno a  derechos, como vivir libres de violencias, acceder a vivienda  y educación, así como a integrarse en el país de acogida y a  tejer redes sociales e institucionales.

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La emergencia sanitaria por COVID-19 ha impactado la  vida de las niñas y adolescentes refugiadas y migrantes  venezolanas.

 

Educación

El 28% de niñas y  adolescentes encuestadas reportaron no estar estudiando. Dentro de las barreras de acceso a la educación se identifican  la falta de cupos (20%) y exigencia de documentación para  formalizar registro o matrícula (20%). Quienes logran sortear  estas barreras de acceso se encuentran con otras que afectan  su permanencia en el sistema educativo, entre estas: la xenofobia, la violencia escolar, el trabajo infantil, las uniones  tempranas, el embarazo y/o la maternidad temprana.

Además de ello, la pandemia introdujo nuevos temores y el 43% de las encuestadas reporta que el aislamiento por  COVID-19 ha agudizado la sensación de inseguridad.

Todas estas barreras afectan, tanto la calidad de la  educación que reciben, como la posibilidad de que las niñas  y adolescentes culminen de manera efectiva sus procesos  educativos. Se amplía la brecha de desigualdad en cuanto  a acceso a educación de calidad y por tanto les cierran  oportunidades para acceder a la educación superior, y con  esto, a un mejor empleo.

Salud

En este estudio se identificó que el 40% de las participantes, no cuentan con acceso y disponibilidad a los servicios de  salud, estos son limitados y la calidad y aceptabilidad son  deficientes. Si bien, el 33% reportó no haber necesitado servicio médico, las otras niñas señalaron que, cuando lo han  requerido, han enfrentado muchas dificultades para recibir la  atención médica de manera oportuna.

En términos de su salud mental, el 13% de las encuestadas  manifiesta que presentan cuadros de tristeza, generados  principalmente por la fragmentación de su grupo familiar, las  condiciones socioeconómicas que afrontan, la limitación al  derecho a la educación, y la condición de vulnerabilidad frente  a diferentes formas de violencia.

Datos consolidados para los tres países indican que el 10%  de las niñas han experimentado embarazos tempranos. En  Perú, es el 13%, en comparación con el 8% de las niñas y  adolescentes asentadas en Colombia y Ecuador.  De 14 a 19 años la tasa aumenta al 19 % que afirma estar o  haber enfrentado embarazos tempranos.

La edad promedio en la que las participantes enfrentan un embarazo es de 16 años, lo que contrasta con la edad  que consideran apropiada para tener hijos e hijas: 25 años. Una diferencia de 9 años que repercute en la pérdida de  oportunidades durante la adolescencia y la migración.

Recomendaciones

Las voces de la niñas y adolescentes entrevistadas permitieron a Plan International presentar recomendaciones por actores y  sectores clave, de acuerdo con la naturaleza de su trabajo y responsabilidades en  marcos de políticas y presupuestos,  recursos sociales y económicos, y redes de protección social y cambios en normas, comportamientos y prácticas.

El estudio propone acceso a derechos sin barreras, integración de enfoque transformador de género e inclusión, incluir sus voces en la toma de decisiones e incluir normas incluyentes en temas como educación, salud y justicia.

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