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No queremos que nos pase como a Italia: venezolano en México

Domingo, 29 de Marzo de 2020
Van más de 700 contagios y 12 muertos por el coronavirus en el país, pero el gobierno sigue sin decretar cuarentena.

Aquí las personas andan como si nada. Aunque el gobierno no ha decretado la cuarentena, nosotros ya lo estamos. No queremos que nos pase lo mismo que a Italia, que muchos están muriendo por no cuidarse a tiempo”. 

Así está la situación en México, contada por el venezolano Jorge Luis Cuenca Bucobo, quien reside en ese país desde hace 18 años, y actualmente ve como las autoridades no toman acciones contundentes para evitar una propagación mayor del coronavirus, que pone en riesgo la vida de más de 130 millones de habitantes. 

El profesional de Administración de Empresas, de 46 años, al igual que su esposa Laura y sus dos hijos, están alarmados por las graves consecuencias de la pandemia que hasta este viernes 27 de marzo, sumaban en ese país 717 contagiados (la mayoría importados) y ha cobrado la vida de 12 personas en Ciudad de México, Durango, Jalisco, San Luis de Potosí y Michoacán. 

La pareja ha tomado este asunto en serio. Hace turnos para salir a comprar lo esencial, mientras que sus hijos Azucena y Jorge no ponen un pie fuera de la casa por temor a la enfermedad. 

Cuenca trabaja como administrador de una de las 12 casas de distracción para adultos mayores (que agrupa un total de 1.500 personas) llamada Santa Cruz Xochitepec, en Xochimilco - Ciudad de México, a donde diariamente asisten unas 40 personas. Dicho espacio cerró desde el 20 de marzo hasta el 20 de abril, como una medida de protección a los abuelos, porque la COVID-19 tiene repercusiones fatales en esta población. 

“La noticia del cierre nos cayó como una bomba porque cada uno de los abuelos asisten a diario a hacer una tarea diferente y pues van a tener que estar en sus casas sin poder salir. Teníamos programadas varias actividades como la elección de la Flor Más Bella del Ejido Adulta Mayor, pero todas se suspendieron. Psicológicamente los afecta porque en la casa llevan un ritmo de vida muy activo. Y ahora con las medidas del Gobierno de decir que se queden en sus hogares, es terrible para ellos, pero primero está su salud”, narró Cuenca. 

La nueva enfermedad ha revivido en algunos la tragedia de la influenza H1N1 que azotó a la nación azteca en 2009, provocando la muerte de 1.000 personas. Además, el país tiene el registro de la segunda peor epidemia del mundo, cuando hacia el año 1545, fallecieron más de 15 millones, generalmente indígenas, por la enfermedad Cocoliztli. 

Sin embargo, cuenta Jorge, otros no han entendido las complicaciones nefastas de exponerse frecuentemente en las calles y en aglomeraciones en lugares cerrados porque nadie sabe quién está infectado. 

“Aquí la gente lo ha tomado como hizo Italia al principio, como si nada estuviera pasando, no saben la gravedad del problema porque el Gobierno tampoco se pronuncia al respecto. Han cerrado escuelas, universidades, teatros, complejos deportivos, pero no quieren paralizar la economía y los que viven del día a día tampoco hacen caso porque no tienen cómo mantenerse. Mientras haya personas, hay un riesgo muy alto de contagio”, comenta Cuenca, desde su casa en el pueblo de Santiago Tepalcatlalpan.    

Tanto él como su pareja son funcionarios públicos. Sufren de hipertensión y bajo esta condición los ampara un decreto en el que las personas con estas afectaciones deben resguardarse en sus casas. Igualmente cobrarán sus salarios. 

Pese al reciente llamado del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a que los habitantes permanezcan encerrados para impedir el aumento de casos, en ese país siguen desafiando a la pandemia. “Ahorita salí a hacer mercado, y esto parece una feria, un gentío”, concluye Cuenca. 

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