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Fe en el Norte pinta sueños en Ocaña

Jueves, 4 de Abril de 2019
La fundación ejecuta programas de arte y de paz que benefician a víctimas de la guerra y personas de bajos recursos.

Una misión altruista promueve la fundación Fe en el Norte, que en 2017, surgió con el objetivo de llegar a zonas donde residen víctimas de la guerra y personas pobres, para ejecutar programas de arte y de paz.

La directora, Laura Milena Martínez Rizo, dio a conocer que con la vinculación de estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS) de Ocaña se fortaleció el equipo humano que llega a los barrios.

Actualmente están ejecutando los programas sociales en el barrio Brisas de La Laguna, donde se promueve la convivencia pacífica por medio del teatro, juegos tradicionales, cine al barrio y caminatas ecológicas.

El programa ha focalizado a niños entre 6 y 12 años, con quienes se trabajan actividades para definir un proyecto de vida. 

En Brisas de La Laguna trabajan con 180 niños quienes en su mayoría son hijos de desplazados por la guerra.

“En la mente de esos menores huérfanos y en las madres cabeza de hogar, retumba el ruido ensordecedor de las balas. Con ellos se ejecutan estrategias pensadas para impactar positivamente”, dijo Martínez.

Los 50 voluntarios de la fundación son sicólogos, sociólogos, estudiantes de derecho, de comunicación social e ingenierías, quienes llegan con una voz de aliento para demostrar que el arte es una herramienta clave para superar episodios de dolor y darle el giro a la forma en que se ve la vida.

La vida en mis manos 

Luego del diagnóstico y la recolección de datos en los barrios, los promotores de la iniciativa comienzan un proceso para la reconstrucción del tejido social con el programa La vida en mis manos.

A través de charlas sensibilizan y hacen el acercamiento con la comunidad. “Buscamos que aprendan a convivir con el pasado y en el proceso se moldean comportamientos”, dijo el participante Cristian Mora.

Él, contó que en el camino se escuchan historias de vida que permiten a la comunidad entender el dolor de sus vecinos y de esa manera se integran y se crean sinergias para cultivar el trabajo en equipo y los valores comunitarios.

Uno de los momentos que conmovió a los instructores fue cuando pidieron a los niños hacer una fila y enumerarse. El cuarto niño no sabía contar y cuando le tocó el turno bajó la cabeza.

“El niño se convirtió en referente para ejecutar con él actividades de alfabetización y como el pequeño se identificaron más personas que no saben leer ni escribir y son provenientes del Catatumbo”.

Los fines de semana y festivos se impulsa con las comunidades actividades de integración a través de dinámicas, representaciones teatrales, jornadas de pintura, cine al barrio, caminatas lúdicas para reconocer el ambiente, lectura al aire libre y juegos tradicionales como el trompo, la peregrina y la lleva, entre otros.

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